sábado, 29 de agosto de 2009

´Los meritócratas universitarios venezolanos

Sobre la postura institucional del Pedagógico de Caracas en relación con la LOE
LOS MERITÓCRATAS UNIVERSITARIOS VENEZOLANOS

Gladys Emilia Guevara

Hace más de veintiún años abandoné las aulas del Instituto Pedagógico de Caracas para asumir la compleja tarea de mediar el conocimiento e instrumentación del lenguaje y la literatura en educación media, diversificada y universitaria. Mi formación en relación con la enseñanza de la lengua obedecía a criterios estrictamente gramaticalistas, mientras que las didácticas en materia de mediación de la formación literaria se circunscribían a una última y única asignatura que se cursaba al final de la carrera, y que en líneas generales no orientaba sobre ese complejo proceso, no nos documentaba sobre teorías literarias ni sobre las distintas didácticas que cada una de ellas promulgaba.

Paradójicamente, las últimas décadas del siglo XX fueron escenario de intensos y avanzados progresos en el desarrollo de la lingüística y de las ciencias sociales, los cuales nunca fueron mediados por los profesores y profesoras que entonces dictaban cátedra en esa casa de estudio. Sin embargo, sus currículos académicos crecían y su fama como académicos connotados se difuminaba por todo el escenario nacional. Se les premiaba por acumular información, aunque esa información no nos sirviera para nada a nosotros, en el momento de intentar facilitar el conocimiento a los niños de la escuela de Los Canjilones de La Vega, lugar en donde por primera vez me enfrenté a la labor educativa formal.

Las clases magistrales de mis profesores de literatura fueron mi modelo de mediación del hecho literario, mientras que la fijación de la atención sobre los elementos más irrelevantes de la lengua, la premisa de enseñanza –aprendizaje en materia de formación lingüística.

Transcurridos algunos años, el escenario educativo del Pedagógico de Caracas fue cambiando con una lentitud pasmosa y vergonzosa para todo aquel educador que pudiera preciarse de investigador y generador de conocimientos de impacto social. El currículo sufrió algunas tímidas modificaciones, y poco a poco algunos docentes de aula fueron incorporando contenidos novedosos en materia de enseñanza de la lengua y la literatura. Sin embargo, la mediación de estas informaciones seguía adoleciendo de una perspectiva integral del fenómeno lingüístico y literario, y el resultado era la formación del mismo docente descontextualizado del entorno socio cultural de sus estudiantes y desprovisto de estrategias eficientes para la mediación del aprendizaje de sus discípulos.

No obstante, el currículo de los académicos seguía en ascenso: mientras la realidad de la enseñanza de la lengua y literatura se constituían en un perfecto fracaso.

Cabría entonces preguntarse si la lógica que operó y sigue operando en uno de los departamentos más connotados del Instituto Pedagógico de Caracas, como lo es el Departamento de Castellano, Literatura y Latín; no es la misma lógica que se activó en el resto de los departamentos, y si realmente esta “primera institución de formación docente del país” ha reunido los méritos éticos suficientes como para erigirse en instancia crítica de la nueva Ley Orgánica de Educación.

En este sentido, es necesario considerar que una gran mayoría de los profesores y profesoras que dictan cátedra en esta institución universitaria, ha perdido todo contacto con el escenario educativo de la educación inicial, media y diversificada de nuestro país; y cuando algunos profesores investigadores se aproximan a esos espacios, intentan hacerlo en instituciones privadas que le garanticen el olvido de su verdadera extracción social. Tengo en mi memoria, por supuesto, honrosas excepciones.

(Si alguien pone en duda la descontextualización del educador universitario con el escenario educativo público, revise tan sólo sobre qué temas versan sus papeles de trabajo, sus trabajos de ascensos, sus trabajos de grado y de doctorado)

Pero ahora, y en nombre de la institución, ellos se “sorprenden” por la incorporación de ciertas expresiones que según sus expertas miradas “dejan mucho que desear como en materia en sí de ley… (sic)”, deploran la falta de adecuación de la “arquitectónica jurídica”, se rasgan las vestiduras por la ausencia de una “exposición de motivos” que explique los “reales motivos educativos, sociales, políticos, culturales y de desarrollo científico-tecnológico” que dan sustento al texto legal, protestan la incorporación de términos ambiguos como “corresponsabilidad” y la no inserción del concepto de “proceso educativo”… Y para completar el análisis inquisitivo del texto, contratan los oficios de una docente de aula que se dedica a elaborar un cuadro con todas las inadecuaciones sintácticas presentes en la redacción de la ley.

¿No sigue el Instituto Pedagógico de Caracas anclado en los aspectos más irrelevantes de la realidad socio política de nuestro país, en los albores del siglo XXI?

El docente responsable de esta “Contribución del Instituto Pedagógico de Caracas al estudio de la Ley Orgánica de Educación…” a través de su escrito “mira la paja en el ojo ajeno”, porque su producción textual también adolece de problemas sintácticos que comprometen su tan cacareada formación académica. Para muestra, cito textualmente la redacción de las conclusiones a las que llega el académico:


“El desarrollo del análisis expuesto habla por sí mismo y no amerita simplificaciones de ningún tipo, por cuanto, el resultado brota por sí solo y es firme y concluyente: En su aspecto marco y arquitectónico, incluso composicional, esta Ley Orgánica está conceptualmente incompleta, inacabada y defectuosa en su redacción, tal como se evidencia en el Anexo empírico que se presenta al final en este análisis,(¿,?) por lo cual, constitutivamente, es en lo estructural y gramatical deficiente. En consecuencia, es necesario e imprescindible corregirla y reformular muchas de sus partes, tanto en lo conceptual como en las omisiones de contenido que posee el texto”. (Resaltado y observaciones mías)



¡A sesudas conclusiones llega el docente! Son ellos mismos las que se erigen en jueces mordaces de nuestras actividades de investigación en los posgrados universitarios. Ellos, los que destierran a Noam Chomsky y los aportes de la gramática generativa porque les huele a Chávez. Ellos, los que asedian académicamente a los estudiantes de izquierda porque no comulgan con la ideología que profesan. Ellos, los que hablan de autonomía académica, de objetividad investigativa y de “calidad y excelencia pedagógica”.

Por favor… Entiéndalo de una vez por todas: Venezuela atraviesa un proceso histórico social inmerso en contradicciones, y muchos de los que adelantamos estos cambios no somos más que víctimas de los propios procesos de “malformación” de los recintos universitarios que ustedes han dirigido. Es probable que tengamos compromisos ortográficos o escribamos con errores sintácticos (¿ustedes están exentos de ello?), pero tenemos muy claro el proyecto de país que queremos. ¡Queremos una sociedad verdaderamente justa, participativa y democrática! ¡Queremos una sociedad en la cual los ciudadanos no seamos domesticados pasivamente por un aparato educativo y unos medios de educación enajenantes!

Es probable que la “arquitectura jurídica” de la Ley Orgánica de Educación de los años sesenta les agrade más, y haya tenido más aciertos lingüísticos; pero lo cierto es que su instrumentación no socializó equilibradamente el saber, ni nos hizo más críticos, ni autónomos en nuestras ideas. Esta nueva Ley abre ese camino. Ojalá ustedes puedan vencer sus concepciones academicistas y estar algún día a la altura de las circunstancias.

Más les valdría, profesores, ocuparse para que el flamante director que ustedes eligieron para administrar los recursos del Instituto Pedagógico de Caracas, logre erradicar el fuerte olor a heces fecales y basura que inunda los espacios del edificio de aulas de esta casa de estudios.

Mensaje a los lectores de la nueva Ley Orgánica de Educación

Cómo leer sin prejuicios
MENSAJE A LOS LECTORES DE LA LEY ORGÁNICA DE EDUCACIÓN

Gladys Emilia Guevara

Debo comenzar diciendo que el primer acercamiento que hice del Proyecto de Ley Orgánica de Educación, fue una lectura signada por los prejuicios en contra de los asambleístas; no sólo por la tardanza de estos funcionarios en la producción de un nuevo marco jurídico en el ámbito educativo, sino también por el poco impacto que la comisión educativa de la Asamblea Nacional ha tenido en la promoción del debate en el escenario venezolano actual. Entonces – debo admitirlo – ausculté cada artículo con una frialdad inquisitiva: En el artículo primero de la ley, objeté una coma por la necesidad de un punto y coma para que la redacción fuese coherente… En el artículo tercero me mofé del contagio de un grupo significativo de individuos, con el discurso soso y bobalicón al que ahora nos tienen acostumbrados los llamados “postmodernistas”, cuando el texto del entonces proyecto, se enuncia entre los principios rectores un concepto tan impreciso, vago y manipulable como el amor.

No obstante, habiendo salvado estos obstáculos – gramatical uno, e ideológico el otro – comencé a advertir que el texto poseía una estructuración novedosa y agradable: inmediatamente de la declaración del Estado Docente, el Proyecto – ya hora afortunadamente Ley – daba espacio a las competencias del Estado esgrimidas desde las garantías, regulaciones, supervisiones, controles, planificaciones, ejecuciones y coordinaciones de políticas públicas, hasta el carácter promotor e integrador en el marco de una nación cuya carta magna proclamó hace ya más de una década, la necesidad de una sociedad democrática, protagónica y participativa. En este punto de la lectura, los prejuicios iban diluyéndose en el interés por el fondo de la Ley, y una enorme satisfacción comenzaba a ganar espacio en mi lectura.

Me paseé impávida pero satisfecha por la declaración del carácter laico del hecho educativo, y celebré el artículo ocho, el cual incluye dentro del currículo educativo en sus distintos subsistemas, la formación para el conocimiento y comprensión de medios de comunicación. Evoqué la imagen del profesor César Villegas y sus extraordinarias disertaciones en el Seminario de Educación y Sociedad, en torno a la necesidad de que los educadores impactáramos en ese significativo espacio que ocupa el mayor tiempo de nuestros educandos.

Impecables me parecieron la sucesión de artículos que postulan los fines de la educación venezolana y establecen un vínculo coherente con nuestro marco constitucional.

Ya al arribar al segundo capítulo, mis temores habían desaparecido por completo. Formulé en voz alta un elogio a los asambleístas, y continué la lectura… Obviamente, la ley establece en su contenido la necesidad de incorporar a las familias y a las organizaciones comunitarias en la gestión escolar, y determina la obligatoriedad de las empresas públicas y privadas en la contribución en la formación de sus trabajadores y en el hecho educativo de su entorno geográfico.

En el capítulo tercero la Ley unifica el sistema otorgándole el carácter continuo y vital del hecho educativo y desiste del odioso concepto de educación superior atribuido a la educación universitaria. Amén de esta buena nueva, la ley establece la creación de mecanismos de coordinación necesarios entre la Educación Básica y la Educación Universitaria.

En lo concerniente con las normativas universitarias, al parecer, hace mucho ruido a los académicos el artículo 33, el cual en el parágrafo 3 regula la elección y nombramiento de autoridades universitarias. Creo que el texto es claro: los centros universitarios gozan de autonomía para elegir sus autoridades, pero ello debe hacerse con apego al marco constitucional. Esto quiere decir que no puede existir el desequilibrio electoral que existía cuando el voto del estudiante poseía un peso irrisorio o cuando se ignoraba el voto de administrativos, obreros y docentes contratados. Quiere decir además que el mandato de las autoridades es revocable… ¿Quién que sea honesto, eficiente y buen gerente podría tenerle miedo a este artículo? Ya el Proyecto de Reforma de nuestra constitución intentaba corregir ese desafuero de la desproporcionalidad, el cual ahora regula definitivamente la presente ley.

En relación con la reglamentación de la educación universitaria, creo que cada casa de estudio debería abrir internamente el debate y establecer el diálogo con todos y cada uno de los actores del escenario educativo. Pienso que no sólo los estudiantes tienen mucho que enseñarles, sino que el personal obrero y administrativo conforman un puntal inexpugnable para el logro de transformaciones en este ámbito educacional. Ábranse al cambio, de seguro esto les reportará un ambiente laboral más respetuoso y eficiente.

¡Invaluable el artículo 49 sobre la inversión prioritaria y de crecimiento progresivo anual del PIB en la educación!

Lúcido y necesario el parágrafo doce del artículo 50 que tanto chillan los medios de comunicación y sus acólitos trabajadores comunicacionales. Correspondería en la reglamentación, el fomento de la conformación de las comisiones de medios de comunicación e información que auspició la Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión, sobre la cual todavía estamos en deuda.

Definitivamente, señores de la oposición… Quédense tranquilos. No activen referendos que sólo les demostrarán la poca credibilidad que en ustedes tiene el pueblo venezolano. Vuelvan a leer la ley. Háganlo sin prejuicios. Abran el intelecto y abandonen la visceralidad. El tiempo y las circunstancias les han demostrado a ustedes que después de defenestrar en torno a las leyes promovidas por el Presidente Chávez, ustedes terminan defendiéndolas y amparándose en ellas para seguir larvando en el proceso político venezolano.

Se negaron a la Constituyente que reformaría la constitución, se negaron al proyecto de constitución producido por los integrantes de esa comisión, gritaron enardecidos contra la Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión…

¡Señores, los cambios llegaron para articular nuevos modos de relaciones humanas, que si bien aún no se consolidan en un país con una cultura consumista e individualista, se materializan en marcos jurídicos que todos y cada uno de nosotros debemos dar vida y justa aplicabilidad!

Mi reconocimiento a los asambleístas, en especial, a la diputada María Queipo. Como educadora y estudiante universitaria, celebro la redacción y aprobación de esta nueva Ley Orgánica de Educación.

In memoriam

Daniel Oliver Rugeles y el concepto de autenticidad humana

Gladys Emilia Guevara 

 A Daniel Oliver Rugeles lo conocí una mañana del mes de marzo de mil novecientos setenta y seis, cuando en procura de ayuda para resolver unos dichosos teoremas que nuestro profesor de matemática había asignado como parte de la evaluación final de lapso en el área; toqué la puerta de su humilde apartamento, ubicado en aquel pueblecito amable y campesino que era entonces San Pedro de Los Altos. Jamás olvidaré su voz: grave, firme, hermosa. Su saludo cordial y afectuoso. Su entrega incondicional y desinteresada a la tarea educativa. Y sobre todo, su capacidad para el diálogo respetuoso e inteligente, el cual siempre estaba ambientado por una selección particularísima de música clásica o de las más excelentes óperas producidas por la humanidad. A mis quince años de edad, y enamorada como estaba de la poesía y del ideal revolucionario de la izquierda latinoamericana, en especial de la figura cimera de José Martí, la formación intelectual de aquel educador extraordinario que fue el profesor Oliver Rugeles, me cautivó. 

De sus labios oí declamar versos de García Lorca, Neruda y de Manuel Felipe Rugeles… De sus labios oí la lectura de los más hermosos pasajes de Ricardo III, Macbeth o El rey Lear… Y también a través de sus labios conocí la magia de la enseñanza significativa, porque aquel gigante gentil que me abrió las puertas de su paraíso familiar - en donde moraban una esposa dulce y dos niñitos traviesos - me enseñó a asumir la tarea educativa con la pasión necesaria de un apostolado. 

Daniel Oliver Rugeles era el modelo de un educador integral. Tan fácil hablaba de procedimientos lógicos dictados por la matemática, como abordaba el análisis de hechos históricos, relataba perspicaces anécdotas referida a personajes de la historia venezolana o comentaba inteligentemente una obra artística, un discurso literario o un texto filosófico… 

Y así, durante muchos años, pude disfrutar de su amistad y vanagloriarme de ser una de sus amigas más selectas. Fue a él a quien por primera vez le confesé que estaba enamorada del que después fue el padre de mis tres hijos. Fue en él en quien me refugié, cuando henchida de dolor por la muerte de mi padre, ya casi no me quedaban afectos sobre los cuales aferrarme. 

Un día – lo recuerdo con claridad – me explicó la razón de nuestra conexión afectiva: - ¡Carajita, – me dijo, porque así solía nombrarme cada vez que se dirigía a mí – lo que pasa es que uno descubre la autenticidad de los seres humanos…! Se es auténtico, cuando se es honesto. Y de eso, sí que sabía el profesor Oliver. De honestidad. Todo el que tuvo el privilegio de ser su amigo, conocía que aquel ser excepcional jamás fue tentado por la codicia ni por el deseo de lucro personal. Tenía sólo lo necesario para vivir en paz. 

Un día, aquel amigo mágico y extraordinario, tomó de la mano a los suyos y se fue a vivir a Los Andes. Allá fue castigado duramente por los academicistas de siempre. Ellos no soportaban la enseñanza de la matemática que promovía el maestro; no soportaban que el aprendizaje llegase amablemente hasta sus discípulos. Y por supuesto, la mezquindad y la mediocridad de las autoridades de ayer y de siempre de la Universidad de Los Andes, le mostraron su peor rostro. Creo que ese fue un golpe mortal y definitivo para su corazón impetuoso y apasionado. 

Cuando regresó de San Cristóbal, ya su espíritu había comenzado a entristecerse, y la muerte comenzaba a asediar su corazón lastimado. Presentimos juntos ese desenlace, y recuerdo que una tarde lluviosa en el Hospital Clínico Universitario, nos abrazamos y lloramos en silencio. No pude despedirme de él cuando voló a Cuba buscando su salud. No pude estar a su lado cuando su corazón se detuvo y se desprendió definitivamente de este mundo; pero lo vi llegar escoltado por su dulce “pioja”, “su china”… hermoso, gallardo, como un príncipe, impecablemente vestido y con una dulce boina de poeta dentro de su ataúd. 

Todos los días de mi vida recuerdo a Daniel Oliver Rugeles. Pero cuando observo en lo que se han convertido los docentes universitarios en este país - ciegos perseguidores de puntajes para ascender a la categoría de PPI - recuerdo más intensamente la honestidad de este ser humano que apenas tuvo tiempo de observar los inicios del proceso revolucionario venezolano; pero que en su infinita inteligencia identificó las señales inequívocas del trascendente liderazgo del Presidente Chávez. Con esta revolución, querido maestro, avanzamos todos los que te amamos. Y en ella hemos consagrado tu recuerdo inmortal. Siempre venceremos, camarada y amigo, porque siempre hemos sido auténticos.