viernes, 10 de octubre de 2014

Del "Por ahora" de Chávez a "El tiempo de Dios es perfecto"de Odreman


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Por Gladys E. Guevara
Debo comenzar diciendo que para el momento en que escuché la primera declaración pública de los insurrectos de 1992, conocía a Chávez tanto como hasta hace escasos días tuve conciencia de la existencia de Odreman. En otras palabras: no los conocía en absoluto, y por una acción mediática ahora ambos pasaron a formar parte de referentes históricos de inmensa significación para tratar de explicar, no sólo cómo actúa el poder desde el Estado-gobierno, sino también cómo las emociones y los esquemas de representación de pueblos colonizados y neocolonizados sobre "lo heroico" y la "construcción de sociedades más justas", se activan –desde ese mismo poder deliberadamente, y en ocasiones en forma espontánea consciente o no, desde la actuación de los líderes sociales− para producir determinados comportamientos en los colectivos sociales.
Cuando adelanto esta primera observación, lo hago con el propósito de que se entienda que al igual que la mayoría del ciudadano promedio venezolano, desconozco los intringulis de esa "para-política" que siempre surge a la sombra del poder y que le permite a los individuos ejercer su control, y en el peor de los casos, perpetuarse en él. Y aunque nunca me ha gustado expresarme sobre lo que desconozco −si bien no puedo hacer ningún tipo de declaración a priori sobre los últimos hechos en los cuales pierden la vida a manos de organismos del Estado que a todos luces violan los derechos humanos de estos compañeros y de gran cantidad de personas de la zona, cinco ciudadanos venezolanos jóvenes, quienes además ejercían una defensa pública y notoria del gobierno de turno− tengo el derecho y el deber de extraer de todos estos sucesos, ciertas conclusiones que nos permitan a las personas sanas y honestas que somos la mayoría del pueblo venezolano, generar mecanismos de defensa contra un poder constituido que como élite, se jacta de tener derecho y competencias para gobernarnos.
Hugo Chávez entra en el escenario político venezolano a través de una acción violenta que un grupo de militares juzgaron legítima y justa en aquella ocasión, en la cual los politiqueros de turno encabezados por los partidos COPEI y AD, desangraban el erario público y diezmaban a la población pobre venezolana. No obstante, es su primera declaración mediática lo que lo catapulta a la fama. Su discurso valiente y responsable cala en lo más hondo del dolor ancestral del pueblo, y se revela como potencial esperanza para el avance de los más vulnerables. Su ascenso, pues, en popularidad y aceptación, como todos lo sabemos, fue in crescendo, aupado por unos medios privados que no entendieron en un primer momento que su cobertura –primero a favor, y luego en contra− fue la primera plataforma propagandística del líder, que activando ciertos signos ancestrales en la memoria colectiva del pueblo venezolano, en menos de una década llegó al poder y lo ejerció durante el tiempo que le alcanzó la existencia.
Chávez, erigido ya como el mejor comunicador que haya conocido Venezuela, nos convenció de la necesidad histórica que reclamaba el país, e incluso este continente, de que las "élites gobernantes" fuesen "personajes progresistas" que encarnaran gobiernos de ruptura con los intereses de "viejos oligarcas". Y así, muchos que antes calificaban de dictadura al gobierno cubano, producto de los esquemas ideológicos que se inoculaban en el pueblo, se dejaron guiar por el discurso de Chávez, y a partir de entonces –producto ya del fanatismo y no de una conciencia clara sobre la dignidad ejercida por ese pueblo caribeño− gritaron loas a favor de Fidel, y luego de Raúl Castro, y gritos de repudio contra la administración Bush y luego contra Obama. "Chávez le abrió los ojos al pueblo", solían comentar, mientras en el escenario latinoamericano comenzaban a surgir mediáticamente "políticos" argentinos, bolivianos, chilenos, hondureños, ecuatorianos… que amparados en estas condiciones creadas desde tierras venezolanas, se permitían activar también en la memoria colectiva de sus pueblos, la esperanza de tener "gobiernos" si no socialistas, en el mejor de los casos, "aliados" con los más humildes.
Esa esperanza se sostuvo en Venezuela mientras duró el impacto carismático –y mediático− de aquel personaje guerrero venido de la llanura barinesa. Todo su poder y habilidad discursiva quedó encerrada en aquella “Flor de Los Cuatro Elementos” que le construyó lo mejor del arte arquitectónico venezolano. Y sus sucesores en el poder, herederos de corruptelas, mafias, graves errores económicos y una ausencia total de control y fiscalización de los reconocidos avances que en materia de pago de la deuda social al pueblo, habían comenzado a ejecutarse desde la llegada al poder de Chávez, no han encontrado la forma de desarrollar siquiera algunas competencias en materia gerencial, para convencer a la población de que ciertamente heredaron un proyecto político que garantiza el adecuado funcionamiento de un Estado en el cual el pueblo debería ser productor de sus propios bienes y servicios, y en el cual la operatividad del mercado no sólo dependa de una supuesta "disposición democrática" de los empresarios venezolanos.
Nunca ha sido falso que la oligarquía venezolana le tiene declarada una "guerra económica" al ciudadano de a pie: ¿No es acaso un acto congénito de violencia el reparto de las riquezas y el "régimen de propiedad privada" en este territorio y el resto de los territorios del mundo? ¿A quiénes deben sus respectivos capitales los empresarios venezolanos? ¿a su trabajo arduo o la explotación inhumana del obrero y el trabajador? ¿A quiénes expropiaron (¿"robaron" María Corina?) la clase media y alta de este país de sus territorios ancestrales? Pero que a más de quince años de iniciado un supuesto proceso "revolucionario" de carácter institucionalista en nuestras tierras, los funcionarios del gobierno sigan achacándole a la derecha y a los empresarios capitalistas la debacle que hoy vivimos, no es más que parte de una estrategia del poder para activar el externalismo (atribuir la culpa de errores siempre a causas externas) y en consecuencia alentar deficiencias cognitivas en la población, tales como la centración, la monocausalidad, la percepción episódica de la realidad, la impulsividad, la sensiblería y el pensamiento maniqueísta.
No pude conocer a Odreman, pero sus últimas declaraciones me hacen pensar que este compañero –guiado por intereses personales, colectivistas o revolucionarios, no lo sé− fue víctima de este huracán que −discúlpenme los hipersensibles del chavismo− no tiene nada de revolucionario.
A través de los videos observamos a un hombre que habla con voz emocionada de la indignación que le produjo ver asesinados vilmente a sus compañeros. Su voz se quiebra de dolor y rabia. Se siente traicionado por ese poder que hasta ahora ha defendido, hasta dar −tal y como finalmente lo hizo− su propia vida. Pero ese acto final (afortunadamente para él, para su memoria y la nuestra) no fue de defensa del poder, sino en apoyo a su dignidad y a la de sus compañeros. Aunque no conocí a Odreman, ese acto final de autenticidad, merece mi mayor respeto. Y lo siento compañero, tal y como el Che define que es "ser compañero": un ser humano capaz de temblar de indignación cada vez que se cometa una injusticia en el mundo". No así las declaraciones guabinosas y lacayas del tal "Chino" Carías, uno de los voceros de los Tupamaros, las cuales hablan terriblemente mal del estado de descomposicón ética en la cual también han caído, estimulados por un Estado corruptor, muchos colectivos sociales en áreas de gran concentración de población urbana.
"El tiempo de Dios es perfecto", dice repetidamente en sus postrimeras declaraciones, en franca alusión no sólo a sus creencias religiosas, sino a la convicción de que vive en un mundo que opera sobre la base de fenómenos de causa-efecto que tarde o temprano terminan por imponerse y revelarse en su justa dimensión. Oigo sus palabras y en ese instante justo, dejo de ser yo, me olvido que Odreman era un ex policía y de todo lo que ese hecho lleva implícito, y soy él y sufro con él las consecuencias del caos en el cual vivimos…
A estas alturas de mi vida, formando parte indiscutible del pueblo pobre venezolano, en mis intentos por tratar de sobrevivir y salir más o menos ilesa, desde el punto de vista de la libertad de pensamiento, en un territorio influenciado por la cultura capitalista; cuestiono la funcionalidad de las consignas destinadas dizque a conducir emotivamente a los pueblos a la consecución de metas. Las cuestiono por inauténticas y manipuladoras. Sin embargo, reivindico su poder originario y reflexivo:
¡Odreman y Chávez viven! Viven y vivirán siempre que aprendamos a identificar y superar los errores de esos compañeros, siempre que aprendamos a no conferirle a ningún individuo poder sobre el resto de sus congéneres. Viven y vivirán, si somos capaces de mejorar el sentido que tuvieron sus vidas, si somos capaces de construir nuevas formas de convivencia e intercambio entre nuestros pueblos, para beneficio de nuestros hijos y de futuras generaciones.


miércoles, 17 de septiembre de 2014

El día en que Chomsky saltó la talanquera (Cuando entre conspiraciones y sacudones te veas...)


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"El tema no es si es que logramos el Anarquismo hoy, mañana, o en diez siglos más, sino que caminemos hacia el Anarquismo hoy, mañana, y siempre..."
Errico Malatesta

por Gladys Guevara

Para nadie es un secreto ya, en esta dolorosa antesala del siglo veintiuno, el modus operandi de quienes quieren hacerse del poder; ubicados en eso que llaman izquierda o derecha, y amparados supuestamente los primeros por la legitimidad de las luchas de los más desposeídos.

Mientras que del pensamiento y las actuaciones de personajes que se ubican en la perspectiva de la llamada “derecha” -aquellos que históricamente han defendido el capital y su lógica maquiavélica- todo se ha dicho, y ningún cuestionamiento que sobre estos se haga, puede cambiar el curso, en ocasiones autómata, de sus distintos operadores en el mundo; urge destrabar la polémica en torno a qué se entiende por “izquierda”, y cuáles son sus manifestaciones más características, dentro del escenario histórico mundial.

La izquierda siempre estuvo asociada a un sentimiento de rebeldía, a un descontento con el orden vigente, y a una necesidad de alcanzar justicia social a través de un orden político fundamentado en unas relaciones de producción e intercambio que hicieran posible la equidad, la solidaridad, el respeto; y en líneas generales, la dignidad humana.

Pensar como un individuo ubicado en esa llamada “izquierda” era, en consecuencia, sinónimo de permanente controversia. Dentro de las actuaciones de estos grupos humanos, se polemizaba sobre las mismas formas en las cuales se abordaba la realidad, se desenmascaraba la religión y sus instituciones, en la medida en que estas representaciones sociales impedían la autonomía real del hombre en la superación de sus propios problemas, y favorecía el control de unos privilegiados sobre las mayorías indefensas.

En este sentido, si algo ha de mostrarnos los avances científicos en el estudio del pensamiento, es la presencia de disfunciones que imposibilitan o hacen difícil su cabal desarrollo. Dentro de estas disfunciones destacan el externalismo, la centración, el egoísmo, la monocausalidad, la impulsividad, las deficiencias verbales, el pensamiento anecdótico, el pensamiento binario...

Todas son sintomáticas en la producción de reflexiones débiles o sesgadas. No obstante, una de las que más daños ha cobrado a la humanidad, tiene que ver con el pensamiento binario y el tratamiento maniqueísta de la realidad.

Profundizar en todos los escenarios de la vida humana sobre las trampas que nos juega el pensamiento, es tarea para la discusión franca y horizontal De allí que ese conocimiento no sea suficientemente divulgado, ni se convierta en materia pendiente de aplicaciones tecnológicas de carácter pedagógico: mientras más elemental la reflexión de un individuo, este está más expuesto a mayores posibilidades de manipulación. Condición ideal para que “izquierdas” y “derechas” sigan desangrando a una población mayoritaria, depauperada no sólo materialmente, sino también víctima de una precaria y perversa escolarización que consolida sus traumas lingüísticos y sus disfunciones cognitivas.

De allí el caudal ingente de potenciales víctimas del sistema capitalista, los cuales se erigen en sus reproductores, y en ocasiones, defensores más acérrimos, aunque digan ubicarse del lado de las “izquierdas”, o se autodenominen “bolivarianos” o “chavistas”, asumiendo una peligrosa dimensión nacionalista o personalista, que no es más que expresión del fenómeno de centración en el individuo que dice profesarla.

Chomsky, al parecer elaboró unas sentencias bastante prácticas sobre este tema, alertando sobre el peligro del fenómeno de la manipulación. (Hay quienes cuestionan la autoría del escrito). La lectura contextualizada de ese texto en la Venezuela actual, arroja luces no sólo sobre la actuación de las llamadas derechas en el poder durante la denominada iv república, sino también sobre esa parte de las “izquierdas” que asumen el poder para ejercerlo verticalmente, aunque empleen en su retórica la premisa de nuestros hermanos zapatistas del “mandar obedeciendo”.

En líneas generales, este texto atribuido por las redes a Chomsky, no demerita su talento, y nos describe diez estrategias mediáticas empleadas por quienes asumen el poder de forma jerárquica, para perpetuarse en él , ejercer control social y justificar “las naturales contradicciones del proceso”.

Menciona en primera instancia la estrategia de la distracción, que consiste en desviar la atención de las mayorías sobre los problemas verdaderamente importantes. En la iv república se expresaba a través de vírgenes que lloraban, avistamiento de seres de otros mundos, la presencia del chupacabras... mientras la población más vulnerable era víctima de sucesivos “paquetazos”. En la v república: en la pugnacidad politiquera de personajes de farándula, en la conversión de la figura de Chávez de sentimiento nacional (activado sobre el origen y la lucha de clases) a sentimiento religioso (generado por el pensamiento binario), mientras continúa sin parar la carestía, las corruptelas y la criminalización de la protesta...

La segunda estrategia consiste en crear problemas y aparentar soluciones. Típica técnica de toda sociedad que apuesta al consumismo, y que se hace vulnerable a permanente sensación de inseguridad. En consecuencia, todo posee un costo que inevitablemente hay que asumir, y es la gente quien entonces demanda el “servicio”. Los gobiernos venezolanos -exceptuando quizás gran parte del período presidencial de Hugo Chávez- creaban crisis económicas (“guerra económica, la llama la retórica de la quinta república) para conculcar los derechos sociales de la población, en nombre de la “austeridad” cuartorrepublicana, y en favor de la “fidelidad con el legado del Comandante Eterno” de acuerdo a la lógica discursiva de la v república.

La tercera estrategia es la de la gradualidad: se generan sostenidamente y a largo plazo condiciones que reclaman la aplicación de prácticas que serían inaceptables en condiciones normales. Se hace habitual lo irregular, en virtud de una aparente situación de crisis que siempre tiene una causa externa, y nunca es responsabilidad de los operadores gubernamentales. Bajo esta lógica se impuso en Venezuela y en el mundo entero condiciones socio-económicas propias del neoliberalismo, y en forma reciente, se naturalizó y banalizó el desabastecimiento y se criminalizó las compras nerviosas y las colas. “Hay gente que vive de hacer colas”, “Los culpables del desabastecimiento son quienes hacen compras nerviosas” “El bachaqueo está desangrando la nación”... El culpable según estas sentencia, siempre anda descalzo.

La cuarta, quinta y sexta estrategia tiene que ver con: las prácticas de diferimiento de decisiones impopulares, las cuales permiten hacer permeable la consciencia del pobre para que termine aceptando el apremio y necesidad de la medida, (caso del desabastecimiento y el correlativo aumento de precios, o la diferida medida de aumento de la gasolina y sus efectos agravantes del fenómeno inflacionario); la arenga politiquera paternalista que irrespeta la inteligencia de las mayorías y se erige en “guardián” o “defensor” de sus intereses, mientras pacta con las oligarquías para seguir profundizando sus miserias; y el empleo de lo emotivo como mecanismo de pseudo argumentación, en donde el chavismo se ha ganado el primer lugar en aquello que Chomsky llama un “cortocircuito” del pensamiento racional.

También en la séptima, octava y novena estrategia el gobierno chavista se anotó un nocaut: mantener a las personas en la ignorancia y/o mediocridad, a través de una formación escolar masificada, de la cual no hay que quejarse o ejercer cuestionamiento, porque es “gratis” y jamás o difícilmente el pobre (a no ser el bien amaestrado por el sistema) podía soñar con pisar las (j)aulas de la Universidad Simón Bolívar o de la Universidad Central, (situación por cierto, que tampoco ocurrió porque esos lugares siempre se reservaron mayoritariamente para las llamadas clases medias); fomentar y reforzar la autoculpabilidad, para que siempre se creyera que el pueblo nunca había estado a la altura de las circunstancias, nunca valoró suficientemente al Líder máximo, y el supuesto “legado” que éste le dejó...

Y por último, proclamar, no que conocen mejor al pueblo de lo que ellos mismos se conocen, sino que los gobernantes SON el pueblo. Por eso los venezolanos exhibimos entre nuestros tesoros incomensurables a un Líder Eterno que no muere jamás y que te espeta con la mirada, en cada edificio de las metrópolis venezolanas, al igual que el símbolo literario orwelliano del Hermano Grande; y a un presidente obrero, que a pesar de su breve estadía por esa condición, ahora califica como actuación de mafias sindicalistas, el reclamo justo de cualquiera de los colectivos de trabajadores venezolanos.

En conclusión, creo que en estos tiempos eso de izquierdas y derechas merece una sana y justa reflexión.





miércoles, 18 de septiembre de 2013

El «tenemos patria» o el afán de construir la realidad con palabras


Por Gladys Emilia Guevara

He visto rodar por las redes un seudo argumento en contra del uso sarcástico en que ha venido empleándose –incluso dentro de los colectivos sociales chavistas− la sentencia "Tenemos patria", que el recién fallecido Presidente Chávez pronunciara en un discurso cargado de emotividad en ocasión de despedirse del pueblo venezolano, horas antes de regresar a Cuba para cumplir su destino fatal y desaparecer físicamente del contexto histórico contemporáneo venezolano.

El escrito de marras dice así: «Antes de burlarte de la frase de "tenemos patria" de forma despectiva hacia tu propio país recuerda que tus hijos te están viendo y escuchando, y ellos aprenderán de ti a odiar a su propio país, enséñales a construir con tu ejemplo, no a destruir con tu lengua» (sic)

El escrito contiene inadecuaciones gramaticales y varias falacias, pero voy a señalar los tres seudo argumentos más destacados:

 1. Cuando te burlas de la frase: «Tenemos patria», agredes a tu país.  El sarcasmo implícito en quienes enuncian la frase ante cualquier adversidad de índole político, social, pero sobre todo, económico, se burlan −no del país o del concepto de nación o de patria, que al parecer es lo mismo para quien inventó la desafortunada reflexión− sino de quienes mantienen esperanzas en el proceso político adelantado por el gobierno chavista. (Llama poderosamente la atención oírla pronunciar a los mismos chavistas, en fiel reflejo de una característica muy venezolana: burlarse de sus propias desgracias). 

2. No te burles de tu país, porque tus hijos te están viendo. Se infiere que el término "patria" para el sesudo inventor del enunciado, es equivalente a país. Esta nueva falacia deriva de la suposición de que la anterior es cierta, y adiciona un aspecto educativo suponiendo la veracidad del enunciado. Ese aspecto tiene que ver el carácter reforzador del lenguaje. Y en ese sentido, es necesario entender que la formación ética de los seres humanos no depende esencialmente de elementos tan eventuales como las expresiones lingüísticas, sino de las acciones cotidianas que se ejecutan en su contexto social y que sin duda alguna se refuerzan, entre otros instrumentos, a través del lenguaje. Afirmar que el lenguaje por sí mismo perpetúa condiciones de desprecio nacional, exclusión o injusticia, es tan pretendidamente absurdo como el que creamos que la violencia la genera la televisión. El lenguaje, la familia, la escuela o la televisión… no son más que reforzadores de un sistema político, social y económico que nos impulsa a pensar y a actuar de determinada manera. No son la causa del problema sino su consecuencia.

3. Patria es equivalente a país.  Afirmar que el concepto de "patria" que tenía el Presidente Chávez, era equivalente al concepto de país, es incurrir en un desconocimiento total  de uno de los principios éticos con los que actuó este líder histórico del pueblo venezolano, y que tiene que ver con aquella hermosa canción que él cantaba para ilustrarnos a todos sobre el concepto de patria: la canción de Alí Primera: ¡La patria es el hombre! (que por cierto ahora tendría miles de detractores de acuerdo a la lógica con que algunas feministas enfrentan hoy en día el problema de discriminación y exclusión de la mujer).

Y, ciertamente,  en forma magistral nos lo dijo Fidel Castro un 3 de febrero de 1999 en el Aula Magna de la UCV, destrozando de plano el sentido restringidamente nacionalista que adquiere este término en las representaciones sociales de los pueblos y de la mayoría de sus líderes políticos:

"… sabemos muy bien que hoy ningún país solo puede, por sí mismo, resolver sus problemas, es la realidad de este mundo globalizado. Aquí se puede decir: Nos salvamos todos o nos hundimos todos.

Martí dijo: "Patria es humanidad", una de las más extraordinarias frases que pronunció. Nosotros tenemos que pensar así, ¡patria es humanidad!".

También el Presidente Chávez entendía así el concepto de patria. Concepto que muchos −más acertadamente− han tratado de transformar por Matria, el cual resulta más integrador y certero. No obstante, en aquel momento final, en donde se dirige al pueblo, este Líder extraordinario nos habla desde la subjetividad de las despedidas, desde el dolor de quien intenta decirnos que hizo todo lo posible por construir humanidad, por sembrar en todos nosotros ese sentimiento de fraternidad y avance en colectivo. No lo logró del todo, es cierto, pero ¡vaya que lo intentó, y en ello ofrendó hasta su propia vida!

Es cierto. No, no tenemos patria, ni mucho menos matria… Tenemos un país con una economía rentista que no escapa a los males del capitalismo globalizado, y que para colmo de males posee una dirigencia que ha demostrado una y otra vez su incapacidad y falta de voluntad para enrumbar a la nación hacia una economía verdaderamente socialista.

La primera vez que oí emplear la frase presidencial en forma sarcástica, no niego que sentí dolor. Una bofetada a nuestras esperanzas, sí, pero una bofetada oportuna, de esas que despiertan pueblos y le permiten avanzar. Yo podría contestar, ya respuesta del dolor inicial que me produjo ese sarcasmo −que de algún modo sólo ofende la sensibilidad de quienes soñamos con transformaciones sociales y aprendimos a amar a ese ser humano grandioso que fue el Presidente Chávez, que creyó sinceramente en el concepto de patria y luchó por hacerlo real− que tener Matria es y será siempre para todos una utopía, y que nuestras efímeras vidas nunca abarcarán lo suficiente como para aprehender el tiempo histórico de una humanidad en permanente transformación, una humanidad que encontrará en lo mejor de ella, que es su lucha permanente, nuevas formas de relaciones que permitan la existencia y cabal evolución del género humano en perfecta armonía con la naturaleza.