jueves, 15 de abril de 2021

A Martina le late la mollera

 


                                


Desde lejos, por la red

mamá le dice a la abuela: 

"A Martina, la bebé

le late la fontanela"


¡Ay, tu cabecita, Tina!

no está muy bien soldada:

Tus huesos de gelatina

hacen surcos de almohada.

Y va latiendo tan fina,

la sangre como en manada,

de hormiguitas serafinas,

de abejitas encerradas.


La bisabuela Josefina

les hubiera dicho engañada:

"¡Sóplenle la coronilla,

de Martina atragantada!"

"No le toquen a Martina,

su mollerita  encarnada!"


Martina nació muy lejos

de su abuela enamorada,

de sus fotos y videos,

de su sonrisa de plata.

Y aún cuando sus dos viejos,

la tienen retemimada,

la nuez de su cabecita

no está muy bien sellada.


¡Ah, lo cierto es que a Martina

la tienen muy bien cuidada!

Y saben que ya muy pronto

su mollera estará cerrada,

pues sus huesos en el fondo,

tejen su nueva morada.


¡Ay, tu cabecita, Tina,

tu fontanela adorada,,

custodio de tu talento,

resguardo de tu mirada!


ABRIL, 2021



jueves, 23 de enero de 2020

Insomnio



Supe que era mi tumba por la precariedad de espacio y por aquel olor a humedad que lo impregnaba todo. Era solo mi cuerpo encerrado lo que quedaba, pero yo ya no tenía recuerdos personales. Mi historia se había borrado de cuajo. De tan intensa y dolorosa quizás, ahora desaparecía en medio de aquel reducto carcelario que cercaba mi cuerpo. Solo el silencio de mi mente y aquel goteo incesante, indicio certero del agua socavando las oquedades de la tierra o de mi propia sangre escapando de mí tan de prisa como entonces le era posible. Pero la visión del mundo era extraordinaria. Una vez en ella, cesaba la sensación de cautiverio y el aire enrarecido, mientras todas las percepciones surgían como por primera vez. Recién nacidas. Sin nombre. Todas nuevas. Y volvía a recordar mi historia a través del recuerdo de mis padres. Allí, presumí, debían estar ellos.

Y entonces un aire fuerte, fortísimo se apoderaba de mi alrededor. Las almas atravesaban esos espacios a velocidades increíbles, mientras la voz de mi madre me decía quedito: “No temas, eso aquí es así. Poco a poco te acostumbras”. Pero aquello que para aquel instante era yo, temblaba de miedo ante lo desconocido. Y siempre su voz, siempre la voz materna llamándome a la calma. “Respira”.

“¿Has visto a mi papá?”, atiné a preguntarle. Y entonces mi madre era como una estampita de lo pequeña que estaba. Supongo que se distanciaba. Que no eran iguales los espacios proximales en aquel lugar insólito. “No, no lo he visto”. Y mi insistencia: “Yo sí lo he visto. Él está aquí. Yo le hablé.Y tú debes estar con él” Y ella repitiendo: "Nunca lo logré ver. Nunca lo logré ver. Nunca".

Desperté bañada en lágrimas y con el corazón agitado por un miedo irracional, y sólo pensé en refugiarme en el cuarto de mi hija, huyendo de una revelación demasiado impactante para mí. Temblando y entre lágrimas le conté mi sueño. La vi sonreír comprensiva y decirme: “Pero no te asustes, es un sueño hermoso”. “No, le dije, tengo mucho miedo”.

Y entonces ocurrió algo mucho más increíble que el sueño. Mi hija, la menor de mis hijas, aquella a quien yo consolaba cuando sentía miedo, abrió su cobija y me dijo: “Ven, acuéstate a mi lado para que se te pase el susto” Y en ese instante tuve consciencia de la irracionalidad de mi conducta, de mi debilidad e indefensión. Me sentí avergonzada. Pedí disculpas por despertarla a esas horas de la madrugada y me fui al cuarto de nuevo a esperar que amaneciera.

Un sueño de muerte y un sueño de vida. No hay poder en la maternidad frente al miedo. Tememos todo lo desconocido. Sólo el amor nos salva. El amor de una madre, de unos hijos, de los amigos, de un compañero amable que acompaña el camino. Si los sueños constituyen revelaciones intuitivas de nuestra existencia, creo que ese día alcancé un escaño en ese vínculo infinito que establecemos con nosotros mismos y el resto de los seres humanos con quienes la vida nos permite interactuar. 

Hoy, más segura que nunca de ello, me refugio en mis afectos. Que la muerte me encuentre serena. Que mi madre custodie mi calma, y que mis hijos puedan verme partir, y partan también ellos, con absoluta serenidad.

sábado, 31 de agosto de 2019

José Padrón Guillén y su huella en la investigación científica



Por Gladys Guevara

Hace escasos días murió José Padrón Guillén. Su muerte no fue reseñada ni en grandes ni en pequeñas letras, como es ya usual en sociedades enajenadas, dependientes y colonialistas, que ignoran la inteligencia humana y promueven, en aras del control mental y la manipulación, el culto a lo mediático bajo el apremio de la farándula, el deporte o la politiquería. Imagino que sólo los grupos de whatsaap de centros académicos divulgaron la noticia de su deceso. Yo ya lo esperaba porque él mismo me escribió para despedirse de mí, al conocer el pronóstico de la enfermedad que lo aquejaba.  Su viaje por un mundo hostil llegaba a su fin, después de librar innumerables batallas para reponer su organismo de múltiples afecciones que lo mantuvieron siempre a merced de tratamientos farmacológicos.

No obstante sus enfermedades  ̶ aquel hombre excepcional que conocí como mi profesor de castellano y literatura en un instituto de educación media  en Los Teques hace ya más de cuarenta y cinco años, y que activó en mí, amor hacia las letras y la ciencia  ̶  era un investigador incansable. Alcanzó el puesto 467 en el ranking mundial de investigadores de Venezuela, h-index: 5, citas: 293 (http://www.webometrics.info/es/node/80). Por supuesto, no figuraba como PPI de ningún centro universitario venezolano de los muchos por los cuales transitó, porque detestaba el burocratismo académico que falseaba la realidad de la necesaria y verdadera investigación en nuestras tierras americanas. Mientras gozaba de un reconocimiento internacional, las prácticas tercermundistas de las instituciones de todos los gobiernos venezolanos, lo ignoraban. Pero también él se enorgullecía de prescindir de ellas. No necesitaba reconocimientos institucionales, porque sólo quería contribuir en la transformación de los mecanismos para formar investigadores y producir investigación.

De día dictaba cursos y promovía sus novedosas y racionales perspectivas de cómo organizar los procesos de investigación científica, mientras de noche leía y producía papeles de trabajo científico que luego proyectaba en cursos, talleres, conferencias, libros, artículos y monografías… Fue tutor de no menos de cincuenta trabajos de grado de maestría y doctorado, sin aspirar por ello ningún tipo de retribución económica, y sí el disfrute cooperativo del intercambio de conocimientos con sus tutorizados. José produjo una teoría de la investigación científica, un modelo cognitivo y evolucionista de la producción científica. Mantenía un sitio web extraordinario, www.padron.entretemas.com , en el cual cualquier persona podía acceder a materiales científicos y culturales de importante valor, en un franco desafío a la privatización del conocimiento y al lucro por tal fin.

José se fue profundamente decepcionado de su ejercicio educativo. Nunca creyó que la educación fuese el mecanismo para transformar la sociedad, porque su formación marxista lo obligaba a ser realista, pero intuitivamente consideraba la educación como un bastión de luchas necesario para impulsar otros procesos que pudieran generar cambios significativos en pueblos dependientes económica y culturalmente de un orden mundial injusto. La debacle del proceso político venezolano lo conmovió profundamente. Comprendió, a tiempo, la inutilidad de las ideas cuando no van esgrimidas con honestidad y responsabilidad. Pero jamás equivocó el timón en el mar de la justicia, ni perdió el sentido de frente a qué  ̶ y no a quién­ habíamos perdido la batalla.

Particularmente creo que todos los educadores, en mayor o menor medida, tenemos pocos incentivos para atesorar fe sobre los resultados positivos en todo cuanto hacemos para mediar conocimientos. Sin embargo, la tristeza de José Padrón Guillén en medio de un país empobrecido y sin dignidad, fue la puñalada final a una enfermedad fulminante que apenas le permitió despedirse de quienes le amamos. Venezuela pierde a un educador. Venezuela pierde a un investigador. Venezuela pierde a un hombre honesto, en tiempos en que la honestidad, como dicen, se miden en gramos…

También se marchó José decepcionado de las ideas que siempre defendió, y por las cuales arriesgó en no pocos momentos hasta su vida. Era hombre de convicciones y de acción. Su ropaje académico sólo encubría a un militante por la vida, a un luchador incansable por el mejoramiento humano que no temía el enfrentamiento con los cancerberos del horror y la miseria humana. Se unió siempre a causas justas. Militó en ellas siempre con pasión, pero advirtió ya casi en los últimos años de su vida, la capacidad de mutación del sistema capitalista, observó los mil rostros de la anacrónica dicotomía entre izquierdas y derechas, la retórica artera de los simbolismos inútiles, de la corrupción y el pillaje bajo bandera de apariencia revolucionaria.

Yo tuve el privilegio de ser su discípula, su lectora permanente y su eterna amiga. Por eso creo que se hubiese sentido contento de saber que yo escribo estas líneas en su memoria. Los seres humanos sólo se eternizan en la inteligencia humana, y José sólo detuvo su recorrido físico, pero su aporte en el área de producción de materiales instruccionales, impresos y audiovisuales, sus aportes en materia de organización de la investigación, en  epistemología y análisis del discurso, están allí, a la disposición de todos los que quieran continuar el viaje.

El suyo se detuvo, para nuestra mayor tristeza. Pero creo que el mejor homenaje que podremos hacerle a José Padrón Guillén, quienes sí valoramos la grandeza y dimensión de este ser humano, es seguir combatiendo lo que el mismo José llamó los frenos al desarrollo de la ciencia, la tecnología y la innovación:  la falsa academia, la proliferación de operadores academicistas que se lucran administrando programas con informaciones carentes de rigurosidad científica, “modas académicas”, retóricas cantinfléricas, la formación de investigadores bajo manuales de metodología de la investigación o bajo enfoques filosóficos especulativos…  Redimir la academia bajo la convicción de que lo que realmente nos hace pueblos subdesarrollados es nuestra incapacidad para producir una ciencia, unas tecnologías  y unas innovaciones propias.

Viajas con nosotros, José. Con todos y cada uno de los que comprendimos tu mensaje y nos alimentamos con tus afectos. Descansa tú ahora. Reposa, mientras seguimos batallando un rato más en este mundo.