sábado, 12 de marzo de 2011

La lucha de la diversidad sexual y el camino de la Revolución

Intitulo este escrito con una idea que arranqué de un escrito de Gervasio Artigas, y que por su enorme poder simbólico –también ha sido utilizado en los dogmas religiosos la imagen del camino hacia un ideal- ofrece una maravillosa ocasión para el debate de ideas, el cual sólo ha sido posible en estos actuales procesos de cambios, y bajo el liderazgo crítico – sin que por ello también se encuentre plagado de prejuicios, como el de la mayoría de los mortales- del Presidente Chávez.

Lo cierto es que la reciente cobertura mediática que se realizó a una lucha de vieja data de los grupos organizados en la RED LGBTI, ha venido a interrogarnos colectivamente en torno a nuestras prácticas socio-culturales, y a revisar el conjunto de creencias y representaciones sociales que nos fueron “inoculadas” por la familia y las instituciones al servicio de determinada ideología.

Necesario es decir que la cobertura realizada por el camarada Mario Silva fue – a todas luces- inadecuada. Y tendríamos que dedicar un tiempo y un espacio para discutir también la pertinencia de este programa, que si bien significó un poderoso alfil en el tablero histórico de la Venezuela de la primera década del siglo XXI, ahora pareciera haber caído en un desgaste francamente insoportable, en la medida en que funciona -en no pocas oportunidades- como un mecanismo para crear discordia innecesaria y contraproducente entre nosotros. De ello fue fiel ejemplo la compañera Lina Ron, a quien la gran mayoría de los medios afectos al proceso, y sus otrora “camaradas” (muchos tuvieron el “descaro” de escribir en Aporrea cómo fue que Lina trató de contactarlos en estos últimos meses, y ellos le escurrieron el bulto), la “invisibilizaron” por una absurda polémica a la que el camarada Silva dedicó un significativo espacio de sus programas.

En forma inmediata al “comentario” formulado por Silva en su programa del 09/03/2011, leí en Aporrea - ¡Gracias a Dios existe Aporrea!- un escrito de la compañera María Gabriela Blanco, quien no sólo demostró (prueba en mano) a través de unos videos, que este camarada Mario Silva mentía descaradamente mostrando de manera tergiversada unos sucesos, sino además que la sola inclusión de estas referencias en su programa, constituía el ventajismo típico de los medios de comunicación en manos ahora de “nuevos grupos de poder”.

Indudablemente, camarada Gervasio, ese sí que no es el camino de la Revolución. No podemos sofocar una polémica esgrimiendo nuestros miedos ancestrales. No podemos actuar arteramente ante grupos organizados, aunque tengamos diferencias con sus puntos de vista. Eso no es ningún camino, camarada, esa es la típica celada del pensamiento “cuartorrepublicano”, y contra él debemos reaccionar desde lo más profundo de nuestro ser socialista.

Quizás sea difícil hoy conceptualizar eso de “ser socialista”, en la medida en que forma parte de un proceso inédito que intentamos o soñamos construir, pero lo que sí queda absolutamente claro es lo que no es “ser socialista”. Y manipular arteramente una información para sacar ventajas en quien creemos nuestro oponente, definitivamente no lo es.

Particularmente me declaro en las mismas condiciones del camarada Héctor Colina: Reconozco en mí una formación machista, pero estoy dispuesta a aprender. Más aún cuando pude advertir –contrariamente a los esquemas que nos hacemos sobre estos grupos- la organización seria y responsable de un significativo número de ciudadanos, quienes por el solo hecho de luchar contra una injusticia, merecen todo mi respeto. Así que allí estaré en La Estancia, el día 14 de marzo a las cinco post meridiem, siendo partícipe del logro de dos principales objetivos: el reconocimiento del otro, el reconocimiento de la diferencia y la exigencia de los colectivos de discutir “normas” diseñadas por élites institucionalizadas.

Elogio además la acertada inclusión que el compañero Colina hace de las recientes declaraciones de Fidel Castro en torno al tema de la discriminación, y suscribo sus respetuosas y sugerentes preguntas: “…será que tenemos suficiente cultura para entender este tema?¿Será que existe discriminación? ¿Será que asumiremos nuestras responsabilidades históricas en la materia?”

El camino es largo y necesitamos –como dice, y no se cansa de decir, el Maestro Luis Eduardo Leal- paciencia, constancia y permanente reflexión de nuestras prácticas. Sobre todo de aquellas que hemos creído “normales”, “cotidianas”… y que la fuerza de la realidad nos hace ver que no nos han servido para vivir en armonía.

Vamos pues a escucharnos y a aprender los unos de los otros. Siempre saldrá ganando ese ideal de bienestar colectivo que llamamos socialismo, y esa sed de justicia que llamamos revolución.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Carta a mamá

16 de diciembre de 2010

Querida mamá:

Desde todos los lugares en donde sabemos que hoy te encuentras, volvemos nuestros corazones hacia ti. La navidad, ese tiempo hermoso en donde buscamos refugio en el afecto filial y fraterno, vuelve a repetirse y a encontrarnos por segunda vez sin tu abrigo terrenal. A pesar incluso de tus últimas reflexiones antes de entrar en aquel frío quirófano: “Siempre estaré con ustedes, adonde quiera que me encuentre…”

Y entonces todos sabíamos que te ibas. Que elevabas tu recorrido hacia otros espacios ignotos. Rezar contigo tras las azules cortinas de la clínica, percibir el temblor de tu cuerpo agitado de miedo… Todo eso entra en el alma recurrentemente como una fría ráfaga de viento, y nos abate por momentos.

Pero en la navidad, en ese tiempo festivo en donde eras todo entusiasmo y energía, y en el que tenías el inmenso poder de convocarnos a todos a tu lado, a pesar de distancias, tristezas o discordias, es cuando más echamos de menos tu presencia física.

El veinticuatro de diciembre de 2010, a más de año y medio de tu salto hacia esa otra dimensión desconocida, todos tus seres amados se reúnen en el lugar que te sirvió de hogar: la casa de tu hija Mirilla. En esos espacios en donde convaleciste por casi veinte años, en donde reíste y lloraste hurgando situaciones familiares de todo tipo, a ratos gratas, a ratos dolorosas. Tal cual como es la vida, y como nos corresponde asimilarla a todos los seres humanos.

Y juntos todos, los que te amamos, los que te merecimos como madre, abuela, tía, hermana … ¡amiga!, convocamos este día tu espíritu ancestral de engendradora de vida, de protectora de simiente, de formadora de hombres y mujeres, de pródiga de savia… para pedirte renovar tu promesa de compañía espiritual, de guía luminosa y sabia de nuestros pasos.

Permite, madrecita linda, viejita adorada, que todos nosotros podamos encontrar siempre en ti un refugio, no sólo en navidad sino durante toda nuestra existencia, y que ese refugio se convierta siempre en expresión del amor y de respeto en cada una de nuestras historias de vida. Amor y respeto que siempre ambicionaste en tu vida y alentaste en la vida de todos nosotros.

Yo, la pequeñita, la hijita menor, “la que venía de lejos a cuidarte” no estaré este año en esta casa, urgida como estoy de viajar al lado de mis propios retoños de vida, de esos hijos a los que tu siempre me ayudaste a proteger. Sin embargo, como tú, estaré allí, en casa de la hermana, en casa de Mirilla.

Cerraré mis ojos - adonde quiera que me encuentre - y miraré a tu amado Johan reír y hacer chistes, contemplaré a Clara, cerquita de la Desi, linda y grácil; a Mirilla trajinando en la cocina con las hallacas; a la Mirincerita, flacucha y espigada tal y como se ha puesto; a la Regina laboriosa y seria que ahora conocemos; a tu Jesús David, amenazando crecer, correr y volver a ser un niño de bicicleta y paseos… A Marcial, el buen Marcial, tu noble acompañante y amigo, brindar por la navidad y pedirle a Dios fuerzas para luchar contra sus propios miedos y las tristezas que hoy lo asedian… A la Yelita, tu predilecta, la gorda de tu corazón, esa que te dio la alegría del encuentro con el Andresito… ¡el Andresito Cabello como tú lo mentabas, para no compartirlo con el padre! Al pequeño Luis Eduardo y a su padre, Homero, el sobrino que quizás hubieses querido conocer y disfrutar junto a tu hija Yely. Veré de nuevo a Grisel junto a nosotros, junto a ti. A Grisel, Andreíta y a Paola.

A todos los veré, incluso a los que ese día por una u otra razón no lleguen al lado de Mirilla. A Joaquín y a sus hijos. A Angito y a los suyos. A Ana, tu amada amiga. A Omar, el preguntón, que ya no es ningún “rompe joropos”, y al parecer nunca lo fue, a juzgar por sus protestas a tus calificativos. A Yary, Andrea comelona y el Déninson. A la luchadora Alicia y a sus realizadas simientes: el Manuelito y la Gaby. A Janis Alejandra, ahora convertida en una abogada inteligente y hábil. A Rafael, Cecilia, Édinson, Katherin, la nueva Estefanía y a Elizabeth, su madre. A Wilson, el verdadero “rompe joropos” del pasado, pero que ahora vuelve a acercarse a nosotros seguro de los afectos. Veré a Pedro Márquez y a Beatriz. A Eleazar Cabello, Bauptista y su gente. A Crisanto Márquez… ¡A Jesús Gómez, el gran ausente!

Y allá en nuestro pueblito oriental, a orillas de carretera, veré también a la indiecita Máryuri, el amor que sostiene a uno de los hermanos que más te amó: Arcángel. Veré a Antonia, a Yelitzabeth, a Karina y a Jazmín. Veré a María y a todos los primos maravillosos que ella formó con tesón. Veré a Esnardo y a su copiosa familia. A la Chicha. A Iris. Todo tu pasado envuelto en la neblina mañanera de Quebrada Seca.

Y una vez todos allí – ausentes y presentes – quiero, como te dije, que cumplas tu última promesa: Haznos sentir que no te has ido, que vives en nuestra armonía familiar, en esa necesidad apremiante de sentirnos unidos, en vínculo eterno creado por ti, por tu fuerza infranqueable que recorrió mil senderos para protegernos, y que no se termina con tu muerte.

Mamá, Jose, recibe un abrazo inmenso de todos los que te amamos y te recordamos dulcemente en este día de navidad. Y todos ustedes, gente mía, familia de mi corazón, reciban todo mi afecto y mi amor. Eterno.

Hasta el próximo encuentro.

Emilia

Navidad, 2010

jueves, 4 de febrero de 2010

La Academia de espalda al pueblo

LA ACADEMIA DE ESPALDA AL PUEBLO
Algo más sobre el Plan Desencanto

Hace escasos días fui diagnosticada por un afamado académico racionalista – perseverante investigador entregado al estudio epistemológico de las ciencias sociales – como una persona de pensamiento caótico, una profesional signada por profundas inconsistencias conceptuales.

Ante tamaña crítica y ante la prestigiosa fuente de la cual emana la sentencia, no puede más que aguzar la capacidad de autocrítica y sentarme a meditar sobre la veracidad o falsedad de tal afirmación.

Los datos que emplea el investigador los recava desde el momento mismo en que yo comienzo a discrepar de su postura en torno al agotamiento del liderazgo del Presidente Chávez, y la necesidad – apremiante para él – de sustituir su liderazgo por otro en el cual se exprese “los mismos ideales colectivistas”.

Como buen racionalista, el académico postula una tesis y aspira a que discursivamente y a través de principios lógicos, sus lectores desmontemos sus razonamientos y demostremos su falsedad. No obstante, yo – una humilde maestra devenida a profesora universitaria con todo el cúmulo de esfuerzos personales y académicos que ello implica – le increpo sobre la conveniencia política de tal postura, la cual sólo es direccionada hacia ese pequeño pero significativo sector académico universitario que ha venido constituyendo en la educación venezolana, un reducto ideológico infranqueable, el cual responde a los intereses de las clases sociales a las cuales representan.

Al respecto, debo decir que siempre he militado en la idea del respeto y la tolerancia con las ideas de otros, pero ello no está reñido con la necesidad de debate y discusión de posturas disímiles. Más aún en momentos en que el proceso bolivariano pareciera estar herido por el impacto que un grupo de funcionarios ineficientes - y no en pocas ocasiones, corruptos - han venido imprimiéndole a las políticas surgidas de nuestro texto constitucional y del Plan Nacional “Simón Bolívar”.

Por ello preocupa considerablemente que personas que dicen compartir con nosotros los principios socialistas, actúen en circunstancias determinadas como vehículos para el desconcierto y la desesperanza, y en forma inconsciente sirvan en la construcción del escenario adecuado para que la oposición más recalcitrante y fascista, asuma nuevamente las riendas de nuestro país.

No sé si por pensar así y emplear términos que resultan ser para el epistemólogo burdas especulaciones de autores “cantinfléricos” (como por ejemplo el término “matriz epistémica” empleado también por Miguel Martínez Miguélez (http://prof.usb.ve/miguelm/desafio.html), peco del mal que me atribuye el investigador. Es probable, sí, que mi formación – como las del común denominador de los profesionales venezolanos – adolezca de este mal. Ya muy bien lo plasmaba Edmundo Desnoes en su libro “Memorias del Subdesarrollo”: los latinoamericanos – y muy especialmente las mujeres latinoamericanas – vivimos escindidos. Recibimos una educación que no nos pertenece; una educación que deliberadamente fragmentó el conocimiento y cercenó nuestra capacidad de crear y producir conocimiento. Una educación que nos condena a seguir instrucciones y a evitar el cuestionamiento del orden social imperante.

Sin embargo – y en forma paradójica a la crítica del avezado intelectual – los procesos de organización de los colectivos populares (los mismos que restituyeron la institucionalidad en abril del dos mil dos) descansan en ese pueblo de pensamiento desordenado, emotivo… ¡y hasta mágico!

“Es lo que tenemos” afirma con su sabia dulzura Eduardo Leal Chacón, el sociólogo que se atrevió a concebir un Programa Nacional de Formación de Educadores, y que luego fue execrado por una de las autoridades del para entonces Ministerio de Educación Superior, el inefable Andrés Eloy Ruiz.

Sí. Es lo que tenemos. Y para cambiar nuestro pensamiento “desordenado” necesitamos concebir sistemas educativos eficientes y eficaces que acompañen los pasos indetenibles de todos los que impulsamos la organización social, de todos los que nunca nos hemos creído parte de la clase privilegiada y docta del país, la cual discursivamente se dice llamar socialista pero se aleja de la calle y de la miseria social, y cría y educa a sus hijos en colegios privados para preservarlos de los “males” de la pobreza; de ese estamento de la clase media que se siente intelectualmente superior a los demás, pero que no encuentra ni siquiera formas inteligentes de comunicación armónica con sus congéneres.

Por ello – y sin contrariar a mi agudo crítico – creo importante que los que ayer defendían el liderazgo de Chávez y hoy piden a gritos su salida del poder, intenten acercarse más frecuentemente a ese pueblo que pregonan defender, y para el cual dicen que intentan “masificar la investigación” y permitir “la reconquista de la ciencia para y por el pueblo” Mientras sus proclamas sólo sean consignas y en la práctica se dediquen a la triste tarea de mediar títulos universitarios, ustedes también constituirán una pesada rémora en la constitución de nuestro proceso revolucionario.

La salida o no de Chávez del poder, no la deciden opinadores escudados en la Academia, ni algún estamento de una izquierda clase media que una vez más hace lecturas equivocadas de los tiempos que corren. El destino de Venezuela lo decide la conciencia de un pueblo despierto que siempre avanza, que nunca detiene su marcha, a pesar de las miradas parciales que los seres humanos solemos hacer de la historia.