sábado, 14 de noviembre de 2009

Reseña de Abril, golpe adentro


Los sucesos de abril del 2002 constituyen para el pueblo venezolano - y en particular para los caraqueños - acciones de profundo significado, no sólo por las consecuencias inmediatas que tuvieron, sino por el sentido emblemático inmerso en las luchas populares de todos los pueblos y de todos los tiempos.

El hombre sencillo, el ciudadano promedio venezolano, heredero de una historia de invasiones, coloniaje y neocoloniaje, aún conserva las voces de los abuelos hablándole de dictaduras o de gobiernos injustos disfrazados de democracia. Y a pesar de la nueva cultura impuesta por los medios de información y las nuevas tecnologías, la memoria colectiva aún transita sus venas y le permite comprender, desconcertarse, indignarse y rebelarse, cuando es necesario.

Por eso, cuando alguien nacido desde la humildad del pueblo, desde las raíces combativas de hombres y mujeres que soñaron y apostaron por la construcción de mejores sociedades, se decide a nombrar a abril, se decide a relatárnoslo con apoyo en fuentes documentales, siguiendo las huellas y los rastros que sus protagonistas dejaron consciente o inconscientemente en aquellos escenarios tumultuosos en donde cada día era una certera emboscada para el día siguiente; no tenemos más que saludar al valiente emprendedor de la hazaña…

Sí. Ernesto Villegas Poljak nos regaló un libro para que juntos pudiésemos volver a reescribir la historia. La experiencia es única y conmovedora. Todos, de una u otra forma vivimos abril del 2002 con una intensidad sólo comparable con el nacimiento o con la muerte. Abril fue un hito indeleble en la historia del pueblo venezolano en este nuevo siglo.

A través de un documento inédito, la entrevista hecha por la Fiscalía Cuarta del Ministerio Público de Defensa Ambiental, al ciudadano Rafael Arreaza, primo de Pedro Carmona Estanga y potencial Ministro de Salud del efímero gobierno de facto, Ernesto reconstruye las motivaciones fundamentales que hicieron posible los dolorosos hechos ocurridos en tan emblemática fecha. Dibuja con su pluma reporteril algunos escenarios aún oscuros de esos días, alumbra con su verbo objetivo y respetuoso ciertos recodos lóbregos que aún despiertan desconcierto e incertidumbre entre los venezolanos Pero sobre todo, el discurso oportuno de Ernesto atisba el fuego inextinguible de la memoria popular.

Leer Abril, golpe adentro es para el venezolano de estos tiempos, un ejercicio fácil – aunque doloroso – de memoria. Visto desde cualquier ángulo, para todos aquellos que lo vivimos, abril del 2002 guarda un indeleble olor a sangre y sabor a lágrimas. Pero para las nuevas generaciones, este libro se constituye en un ineludible documento histórico.

Su estructura fresca y desenfadada se organiza en once capítulos, un epílogo y algunos anexos, a través de los cuales nuevas generaciones de venezolanos y venezolanas podrán sacar sus propias conclusiones en torno a aquellos sucesos.

Nosotros, lectores de este tiempo y protagonistas excepcionales de estos cambios, particularmente, nos secamos las lágrimas para rendir tributo a la actitud combativa de un pueblo, que junto a un grupo de militares honestos, restituyeron en un breve lapso de tiempo, los poderes constitucionales mancillados por una oligarquía mediática y mezquina. Gracias a ese colectivo de héroes anónimos que inundó las calles de Caracas, podemos seguir escribiendo nuestra propia historia, esa que el buen periodista que es Ernesto, atrapa hoy en las páginas de su libro para decirnos que avanzamos, a pesar de los escollos y tropiezos del camino, porque tenemos en nuestra sangre el impulso rebelde y justo de nuestros dignos ancestros indígenas y de nuestros justos y sabios libertadores.

Gracias, Ernesto, por tu bautizo con sabor a pueblo en las puertas de la Sala José Félix Rivas, promovido por ti para quienes no tuvimos el placer de poder presenciar el evento en los cómodos asientos del Teatro Teresa Carreño. Un bautizo digno de un periodista nacido del vientre del pueblo.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Un acto en desagravio para Alí


Alerta Chiche, Gloria Martín…, jóvenes cantores revolucionarios…
UN ACTO DE DESAGRAVIO PARA ALÍ


Espectadora consecuente del pensamiento y a las acciones de un cantor de las dimensiones humanas de Alí Primera, sé que un acto como el Concierto para el pueblo hubiese significado una de las mayores ofensas que se le pudiera infligir a su memoria. Como también considero que nunca quiso que se le hicieran estatuas. Era uno de nosotros, uno más que se alzó con una voz extraordinaria y cantó lo que todos llevábamos oculto en el alma. Y mientras algunos no sabíamos cómo expresarlo, él, como buen poeta y juglar del pueblo, lo hizo con voz fuerte, altiva, gallarda…


La estrechez de una estatua no debería atrapar la imagen siempre sonora de un cantor que como el poeta boliviano Benjo Cruz, legó al pueblo su canción, consciente de que “los hombres hoy somos, mañana no”. Y por supuesto, la estatua – como decía otra voz del pensamiento del cantor - te condena a la hipocresía institucional de todas las épocas. Esa hipocresía que el sábado 31 de octubre lo tomó como excusa para despilfarrar el presupuesto público costeando un evento en el cual se promovieron los más tristes antivalores de la cultura capitalista.


Lamento además que el Presidente Chávez haya cedido su espacio programático de este domingo para que se “retransmitiera” el evento, y pudiésemos apreciar con mayor dolor e indignación la estúpida animación de los jóvenes líderes mediáticos del chavismo al preguntar: ¿Dónde están las mujeeeeeres? ¿Dónde están mis hoooombres? Al mejor estilo de los show de Venevisión y RCTV, que tanto hemos criticado. O proferir vanalidades y lugares comunes como “Alí Primera llevó siempre el nombre de Venezuela muy en alto”…


Definitivamente, pareciera que el Presidente siempre va a apostar por colocar dentro de los cargos clave de gerencia ministerial, el estamento social de una clase media despojada de verdadera y auténtica formación revolucionaria. Un estamento de la clase media que piensa que los pobres debemos sentirnos incluidos todos porque ahora podemos asistir a eventos “culturales” en los cuales se presentan “artistas internacionales” sin pagar nada, cuando en los “otros gobiernos” había que pagar entrada. Un estamento de la clase media que reúne a los obreros del Ministerio de Ambiente y les dice: “Antes los adecos y los copeyanos los llamaban a una celebración de fin de año y tomaban sólo ellos whisky 18 años. Ahora este gobierno dice: ¡Wihsky 18 años para todos! La flamante Jacqueline Farías debe saber que me refiero a ella.


La camarada Baleryns López se preguntaba en su reciente escrito a Aporrea :


Cuánto no luchamos todos los que trabajamos en la cultura en contra del regueton y sus derivados, cuánto no luchamos para que los niños, niñas y adolescentes piensen en otra cosa que no sea el sexo, la violencia, el silicón y las drogas que nos vende la caja ideologizadora, cuántos no luchamos por mantener nuestra cultura en pie como para que vengan algunos farsantes dizque revolucionarios a promover este tipo de bajezas, que además paguen unas cantidades exorbitantes de dinero por ello mientras a los cultores venezolanos los tienen a pan y agua con una charla barata del “trabajo solidario”, de que no hay presupuesto, del “que cual es nuestro aporte solidario” no joda y nuestros viejos cultores siguen pariendo para comprar las medicinas y para tener asistencia medica oportuna y de calidad, cuántos de nuestros viejos se siguen muriendo en la miseria y en el abandono?



Tengo una lista de ejemplos para ilustrar todo cuanto dice la camarada, comenzando con el caso de mi propia hermana, una artesana que viene realizando labores de organización social desde hace más de tres décadas, y ahora es “utilizada” politiqueramente por funcionarios de escritorio que nada saben de los sacrificios y penurias del pueblo.


¡Y pensar que no hace sino unos pocos meses aprobamos una ley de educación que establece en su artículo 10 prohibición de divulgación de mensajes “que inciten al odio, la violencia, la inseguridad, la intolerancia, la deformación del lenguaje; que atenten contra los valores, la paz, la moral, la ética, las buenas costumbres…”


Me gustaría saber qué opina el Ministro de Educación del Concierto. Ministro Navarro: ¿Se ha detenido a escuchar los mensajes de casi todas las canciones de estos grupos reguetoneros? Reflexione que en ese acto había un número considerable de niños, adolescentes y jóvenes., y que los medios de comunicación oficiales se dieron a la tarea de divulgarlo… ¿Cómo condenaremos después lo mismo que nosotros promovemos?


Pero… Es obvio. ¡Si aún ni siquiera contamos con un Ministerio de Educación que coordine una revisión seria de los libros de texto que emplean nuestros niños, niñas y adolescentes y prohíba el empleo de los venenosos libros de la editorial Santillana!


No sé si Calle 13, las garotas o Molotov constituyan formas irreverentes contra el status quo de sus pueblos – creo más bien que son expresiones de los sistemas económicos que oprimen a estas naciones - pero de lo que sí estoy segura es que un Estado que se dice camina hacia el socialismo y aspira refundar una nación desfigurada por la peste capitalista, no puede darse el lujo de promover estos desaciertos.


Finalmente me dirijo a estos cantores que acompañaron y conocieron a Alí - y a quienes él les encomendó que no dejaran morir su canto – así como a todos aquellos cantores que sin conocerle, se nutrieron de él y son hoy portavoces de los pueblos; les pido, les ruego, se pronuncien. No guarden silencio ante estas deformaciones del proceso. Si lo hacen, serán cómplices de toda esta debacle ética que corroe un sistema enmarcado aún por el consumismo destructor. Organicen un acto en desagravio al cantor. Sería un gesto libre y soberano de dignidad.


Y a todos los humildes cultores que a lo largo y ancho siguen trabajando por promover la verdadera identidad de nuestros pueblos mestizos, así como los valores éticos de una sociedad que aspira realmente el socialismo, también les pido que no desfallezcan. Alcen sus voces y pidan rectificación a los líderes.


(Mi mayor respeto por los artistas venezolanos que se presentaron en el evento)



jueves, 8 de octubre de 2009

CEGUERA MENTAL

Una aproximación a los espacios de la irracionalidad
Aparejados con el desarrollo y el auge tecnológico, los problemas comunicacionales irrumpen en el escenario social de comienzos de siglo con una profusión cada vez más creciente. Respiran y conviven hasta en los más ingenuos mensajes de texto que enviamos y recibimos por nuestros celulares.

Se trata de un fenómeno cognitivo de vieja data, pero que se expande y redimensiona a través de los llamados medios de información y las nuevas técnicas de comunicación.

Ya Morris - lúcido filósofo estadounidense - lo había advertido en sus extraordinarios estudios de semiótica. No obstante el sistema político capitalista no sólo apoyó sus raíces en una concepción de mercado, sino que clavó sus fauces en los procesos cognitivos de los seres humanos y entronizó su poderío ideológico.

Pero desde mi particular punto de vista, lo más crítico del problema es su carácter epidémico y la imposibilidad del “enfermo” de percibirlo. Se trata de una suerte de ceguera mental a partir de la cual, por ejemplo, un académico – o por mejor decir, academicista – habla de investigación o pensamiento científico, pero en sus prácticas cotidianas, en su día a día, padece de problemas de centración o posee un enfoque episódico de la realidad.

Por ello es frecuente experimentar desconcierto antes ciertas respuestas que algunas personas ofrecen en el abordaje de fenómenos de índole cultural, religioso y político.

En nuestras universidades – espacios en los cuales se debería rendir culto a lo académico – casi es imposible que se produzcan discusiones o debates con algún nivel de aportaciones intelectuales. Al parecer sólo coexisten “clanes” que defienden su territorialidad, y a los cuales les es vedado el ejercicio de la inteligencia. Sus respuestas ante cualquier crítica siempre se enseñorean en el ámbito de la irracionalidad: parten de falacias, se apoyan en argumentaciones emotivas o se cobijan en perspectivas construidas por matrices ideológicas promovidas por medios de información y publicidades, y a las cuales ellos recurren sintiéndolas parte de un pensamiento original.

Hace escasos días leí en Aporrea un escrito brillante, como lo son por lo general los escritos del agudo intelectual que es Roberto Hernández Montoya. Se trataba del artículo “No comprenden nada”, el cual incursionaba sobre el tema de las fotos del joven opositor Julio Rivas.

Después de su lectura, como casi siempre me ocurre cuando leo a Hernández Montoya, celebré la agudeza intelectual del escritor, el manejo lingüístico, y sobre todo, el uso de la lógica discursiva en su argumentación. Consideré que me encontraba ante un texto digno de ser discutido en una clase de análisis del discurso, y quise compartirlo con algunos de mis compañeros de estudios universitarios.

Error garrafal. Como error garrafal es también disentir de las posturas institucionalistas de tus profesores. La “universidad” que supuestamente es un espacio para el debate de todas las ideologías, activa sus mecanismos represivos para castigar al “resentido social”, “infeliz”, “defensor a sueldo del régimen”. El libre ejercicio de la crítica es satanizado por las mentes enajenadas – incluso - de algunos de tus propios compañeros, en un intento irracional por seguir perpetuando el orden social, el cual consideran natural, casi perfecto. En nuestras universidades tradicionales se arrincona la crítica, y con ella, la posibilidad de nuevas aportaciones en materia del conocimiento y en el ámbito administrativo.

Y por supuesto, para los academicistas, es mejor no pensar. Es mejor ser “tibios”, y como dice una triste aspirante a Magíster en Lectura y escritura del Instituto Pedagógico de Caracas… “ es mejor no discutir sobre política, ponerle corazón a la vida y pintarse de colores”.

Hipocresía elemental, añadiría Hernández Montoya. Definitivamente no comprenden nada.

Pero… ¿será sólo su responsabilidad esa de no comprender? ¿No corresponde al Estado velar por la salud pública de sus conciudadanos? ¿Qué está haciendo nuestro proceso revolucionario para que cada vez una mayor cantidad de personas comprendan – al decir de Charles Morris – por qué algunos signos se hacen inflexibles al intelecto humano y cuáles son los mecanismos que impiden que un individuo descubra en sí mismo las connotaciones de tales signos?

Ojalá que un grupo significativo de los que nos hayamos comprometidos con las causas colectivistas, podamos encontrar el antídoto, y evitar a tiempo que el pensamiento superficial rompa filas también entre los jóvenes de nuestro pueblo, futuros dirigentes de una Venezuela condenada definitivamente por la historia para la emancipación.

sábado, 26 de septiembre de 2009

Los funcionarios "matavotos" del Saime

Si algún neologismo me ha parecido afortunado en el escenario político, ha sido precisamente el adjetivo introducido en sus escritos por Luis Brito García con relación a la conducta asumida por algunos funcionarios públicos diseminados a lo largo y ancho del territorio nacional. Se trata del vocablo “matavotos”, atribuido por el conocido escritor a ciertos comportamientos funestos cuya persistencia amenaza con impactar significativamente en las inclinaciones electorales del ciudadano promedio venezolano.

¿Quién que no haya realizado un trámite administrativo cualquiera o haya sido premiado con alguna disfunción del “sistema”, no se ha hecho acreedor de conocerlo?

La última anécdota de mi repertorio personal se inició un día que empleé un módulo itinerante para obtener la identificación de mi hija, quien para entonces contaba con diez años de edad. Después de una larga y penosa espera en las oficinas del para entonces Ministerio de Planificación y Desarrollo, a la niña le fue entregada una cédula con problemas de nitidez. Durante el trámite, por supuesto fuimos testigos del trato preferencial que poseían ciertos ciudadanos por sobre nosotros en la tramitación del codiciado documento, el cual - dicho sea de paso - es solicitado por ciudadanos que se regodean de poseer tres o más cédulas… (Valdría la pena que nuestros psicólogos y sociólogos nos explicaran a qué obedece esa “manía” de algunos a coleccionar cédulas de identidad y sufrir el maltrato que esta actividad genera)

Lo cierto es que allí no iban a terminar mis penurias ni vicisitudes. Al intentar obtener nuevamente el documento, el cual era rechazado en innumerables ocasiones en virtud de la escasa visibilidad que poseía, y después de aventurarme en largas colas en las cuales volvía a repetirse el fenómeno del amiguismo, el compadrazgo y la filiación sanguínea; obtuve diversas respuestas: “No, señora, ese número aún no ha sido registrado, debe esperar un poco más e intentar sacarla en otra oportunidad”, “Esa cédula es “chimba”, “Esa número de cédula no existe”…. Fue entonces cuando adquirí la conciencia de que me había ganado la lotería en las disfunciones del sistema nacional de identificación.

Se trataba de la tercera parte del calvario, porque todo el que ha vivido este tipo de percance debe convenir conmigo que siempre se despliega en trayectos y episodios. Sin embargo obviaré las precisiones e intentaré describir a grosso modo la forma en que algunos empleados públicos “todopoderosos” disfrutan haciéndonos esperar, dirigiéndonos un trato irrespetuoso y agresivo y recitando apresuradamente un cúmulo de requisitos que usted debe cumplir para enmendar el mal que la institución misma le propició. Entre otros requisitos, me exigían la presentación de la partida de nacimiento original de la parroquia y del registro principal. La primera, afortunadamente logré obtenerla en forma más o menos rápida; no obstante, la del registro principal fue la ocasión para otro calvario con proporciones similares.

Para la fecha en que volví a las oficinas del servicio de identificación, ya los requisitos solicitados habían cambiado. Ahora se exigía la presentación de una exposición de motivos por parte de la niña – ahora adolescente – “premiada” y cuatro soportes de actuaciones administrativas en las cuales hubiese empleado su cédula. Lo más curioso de todo, es la actitud perversa de algunos funcionarios de taquilla. Parecen disfrutar descubriendo que usted no tiene los recaudos completos y que pueden deshacerse del usuario de la forma más rápida posible. Ante cualquier queja, usted recibirá la misma respuesta… “Que pase el siguiente”. Pocos le mirarán al rostro y podrán explicarle el por qué cuando usted gana la lotería de las disfunciones administrativas del servicio público, debe incomodarse con más exigencias institucionales.

Lo cierto es que hace escasos días tuve la oportunidad de abandonar mis labores y desincorporar a mi joven hija de su institución educativa, y con la convicción de que ahora sí podría corregir la situación de identidad, acudí a la oficina principal. Casi no creí lo que veían mis ojos: no había colas, todo lucía despejado en las instalaciones, y ante equívocos de los vigilantes y porteros, los usuarios recibíamos cordiales excusas. Un joven gerente había asumido las riendas del sistema de identificación, y sus actuaciones – por lo que percibían mis ojos – ya estaban dando los resultados esperados. Pero mi percepción no era del todo cierta. Tenía que vivir el cuarto trayecto de esta odisea: los documentos fueron recibidos a regañadientes por una de las empleadas de taquilla, cuya decepción al revisar que se hallaban completos, era demasiado evidente. Se nos solicitó esperar, y al cabo de un lapso no muy extenso, se nos entregó una reseña y se nos conminó a seguir esperando los oficios de un técnico. Lejos estábamos de imaginar que seríamos víctimas de diferencias internas entre empleados que nos mantuvieron en las oficinas durante cuatro calurosas horas.

Creo, que por el bien de la gestión del camarada Dante Rivas, debo mencionar el nombre del funcionario generador del maltrato: un técnico de apellido Durán, quien empleó el caso de mi hija, para dirimir sus diferencias con una joven empleada de la Sala Técnica de esta institución. Ante la constatación del hecho acudí ante un funcionario de Atención al Ciudadano, quien me expresó que todo eso era totalmente normal porque los empleados de esa institución se encontraban sometidos a muchísima presión.

Luego, la quinta parte de la historia: “Véngase dentro de dos meses porque estamos dando curso y prioridad a los casos de años anteriores”. ¿Consecuencias? Ya no podré obtener el pasaporte de mi hija, ni viajar con ella – como tenía planificado – a Bogotá.

Pero es indudable que dentro de un análisis integral de este tipo de fenómeno, tal como sostiene Luis Britto García en sus admonitorios escritos referidos a estos temas, hay otras consecuencias más patéticas y de impacto colectivo.

Ningún proyecto de transformación es posible, mientras persista la cultura que se ha entronizado dentro de la función pública. Invito al camarada Dante Rivas a monitorear las actuaciones de su personal y a buscar mecanismos efectivos para frenar la inmensa cantidad de implicaturas que el usuario promedio hace de su gestión, una vez que es víctima de uno de estos empleados “matavotos” que hacen vida en las oficinas del Saime.

Cada vez que oigo a nuestro Presidente decir: “No volverán”, siento una opresión inmensa en el pecho. Para volver tendrían que haberse ido en alguna oportunidad, y a juzgar por los hechos, creo que nunca han terminado de irse definitivamente.

sábado, 29 de agosto de 2009

En relación con el asesinato de los trabajadores de la Mitsubischi

PUEBLO MANSO… Y MONTARAZ

Por Gladys Emilia Guevara

Quisiera en primer lugar agradecer la cobertura que Aporrea le dio a la muerte de los trabajadores de la Mitsubischi. A pesar del clima pre electoral, algo tan dolorosamente indignante no puede ser silenciado, ni podemos considerar “estratégicamente inconveniente” expresar nuestras ideas sobre este aspecto.

En alguna parte leí una vez sobre la contradicción flagrante de algunos funcionarios de gobierno que proclaman a los cuatro vientos las banderas de la revolución y golpean fuertemente la organización de los trabajadores, fuerza fundamental sobre la que se adelanta cualquier proceso que se precie siquiera de catalogarse como de vanguardia. En el caso de los trabajadores de la educación, dentro de los cuales me cuento, los maltratos, manipulaciones y humillaciones durante este gobierno, son innumerables.

Todas estas vejaciones la hemos venido sufriendo y soportando, en la seguridad de que la consolidación de unas nuevas estructuras pudieran ir mermando paulatinamente estos “errores”, y convencidos de que desde los distintos lugares en donde existan fuerzas de cambio, éstas deben ir desplazando este conjunto de funcionarios deshonestos e incompetentes que hoy en día pueblan casi todas las oficinas públicas de nuestro país. Pero la realidad, lejos de ir dando muestras de leves indicadores de transformaciones positivas, insurge dramáticamente desoladora: no sólo estamos convencidos de la incapacidad y de la falta de voluntad de un grupo significativo de gobernadores, ministros, alcaldes, diputados y concejales chavistas - por nombrar las figuras políticas más comprometidas - sino que ahora debemos arrostrar la vergüenza de contar con compañeros trabajadores asesinados bajo la más absoluta impunidad durante este gobierno “revolucionario”.

Hace escasos días, compartiendo con un camarada todas estas inquietudes que generan las actuaciones de las personas que dicen estar “con el proceso”, él afirmaba que de estas contradicciones surgirían las crisis que resolverían las inequidades. Y aunque no dudo de esa premisa dialéctica, creo que los gerentes de nuestro país han tenido la mayor oportunidad del mundo, para dar muestras de coherencia discursiva siendo eficientes en la implementación de planes, proyectos y programas; pero son también - al igual que adecos y copeyanos - los que peor han sabido aprovechar esas circunstancias. De allí que sea imperdonable que teniendo las riendas del poder político, no se resuelvan dificultades mínimas que crecen como bolas de nieve y amenazan con dar al traste con todos los beneficios alcanzados en materia de servicios básicos, así como al apoyo que las mayorías dan a la figura misma del Presidente Chávez.
La dinámica oportunista, nepotista, y clientelista que aún padecemos, se afana en catapultar las esperanzas de un pueblo “manso” y “bueno”, como lo es el pueblo venezolano; pero la historia - como poéticamente cantó Alí - ha dado muestras inequívocas del espíritu de lucha de las mayorías cuando sienten que “hieren su susceptibilidad”, conculcándole sus derechos fundamentales. Es entonces cuando asume la rebeldía y se hace montaraz. Y son precisamente estas crisis las que hábilmente ha sabido aprovechar las oligarquías latinoamericanas para insurgir nuevamente, ahora con fuerzas redobladas, para sumirnos nuevamente en la enajenación y la miseria del sistema capitalista.

Levanto mi voz de protesta y mi grito de indignación ante el atropello que están siendo víctimas los trabajadores de Mitsubishi y me solidarizo con sus luchas. Al igual que todos los venezolanos que respetamos el concepto de “revolución”, exigimos castigo a TODOS los responsables por la muerte de estos trabajadores; y sobre todo, en honor a los caídos de hoy y de siempre, exigimos al Gobierno Nacional, rectificación. Presidente: dé muestras de credibilidad, comience por sanear su entorno de acólitos e incondicionales incompetentes. Castigue severamente a todo aquel que incumpla con las tareas que el pueblo y usted les asignan. Vuelva a ser, para todos los que le apoyamos, un ariete contra la corrupción y la incompetencia. De lo contrario, ya creo yo que estallarán las contradicciones, pero temo que nuestra poca conciencia política, dará paso nuevamente al opresor. Ese que aún habita en nosotros y que no hemos podido exorcizar porque sólo nos hemos llenado de eslóganes, colores y canciones…

Un abrazo hermano a los familiares de estos nuevos mártires. Sepan que no están solos.

El diablo se esconde en los detalles

La ideología de clase

Gladys Emilia Guevara

Realmente ilustrativa y paradójica la situación puesta en evidencia precisamente el día en que un grupo de intelectuales alineados bajo la ideología de izquierda decidieron reunirse en los espacios del Celarg para departir sobre la crisis del capitalismo. Esa misma tarde pudimos leer en Aporrea un escrito profundamente visceral de la periodista María Alcira Matute acusando a un “camarada” presente en el evento de haberse aprovechado de la ocasión “sagrada” en la cual ella compartía palco con otros connotados intelectuales, y haberle robado su laptop. Lo grave del escrito de Matute está no sólo en su grado de visceralidad, sino también en su pensamiento apresurado evidenciado en el cúmulo de implicaturas que elabora y enuncia como ciertas: quien le robó es una persona con pensamiento de izquierda y para estar en aquel “sublime recinto” debía contar con la consideración de sus camaradas, el “delincuente” lee Aporrea y de seguro recibiría ese mismo día el calificativo de “miserable” y la excomunión del grupo de izquierda y de intelectuales, en los cuales la profesional de la comunicación se siente inmersa.

La lectura del escrito – lo confieso – me movió a risa. La actitud de Matute me pareció de una profunda inmadurez e infantilismo, reveladora además de la estrecha perspectiva con que la clase media analiza la realidad.

Cuando después pude leer el artículo de Rothe, me sentí totalmente identificada con la lección que este camarada le dio a la mencionada periodista, ya que considero que es absolutamente necesario que las desviaciones de nuestro pensamiento – producto de nuestra formación en una sociedad capitalista – sean advertidas por nuestros camaradas. Creo que si María Alcira respeta el ejercicio de la inteligencia, entenderá que la crítica va dirigida a que evalúe sus procesos de pensamiento y el hábito dañino de expresar las ideas bajo la impronta de la emotividad.

De allí que me parezcan inapropiadas las observaciones hechas por el señor Sergio Alvear, en las cuales señala de personalistas las críticas constructivas formuladas por Rothe. Las adhesiones emotivas suelen estar guiadas por sentimientos compartidos y por representaciones sociales comunes en un determinado grupo. Por eso es totalmente comprensible que las personas allegadas a los “ambientes culturales” e “intelectuales” no puedan identificar los desenfoques de sus propias ideas. Se trata de la ideología capitalista, que indudablemente no está en crisis, sino en su máximo apogeo. El capitalismo - decía un intelectual orgánico que nunca ha llegado a obtener el título de bachiller – se nos metió en los huesos, y es difícil leer nuestras propias radiografías.

Y en este sentido viene a lugar que nos sentemos a meditar el significado del término intelectual – muy bien delineado por Gramsci – ya que su caracterización evitaría el que constantemente tengamos que ensalzar o sobrevalorar aspectos superficiales e individuales de ciertas “personalidades”, en detrimento de las manifestaciones intelectuales nacidas de la verdadera pulsión social y colectiva. Me permito citar los argumentos de José Padrón, al cual ustedes pueden acceder a través de la siguiente dirección: http://padron.entretemas.com/notas/index.html

Estaba viendo esta noche el Aló Presidente con los llamados "intelectuales de izquierda" y me llamó la atención algo que Chávez planteaba en términos de paradoja: se asombraba de cómo el mismo autor de algo tan fantástico como "La Casa Verde" sea el mismo que ahora sostiene que el desarrollo de las sociedades se debe al sistema capitalista y que los países más desarrollados son los más capitalistas.

Pero no es ninguna paradoja: alguien puede ser un excelente artista y un pésimo pensador. Y, al revés, alguien puede ser un excelente pensador y un pésimo artista (aunque, históricamente, hasta donde yo sé, esto último es menos frecuente: en general los grandes pensadores han sido también buenos artistas, pero no al revés; un caso excepcionalmente balanceado fue Leonardo Da Vinci, como ya sabemos).

Hasta donde yo sé, Vargas Llosa no es un pensador sobresaliente, ni mucho menos. Será todo lo que ustedes quieran, pero no un pensador cuyas IDEAS ameriten pasar al registro del progreso humano.

No estoy negando que sea un pensador elemental, básico, porque supongo que al menos alguna vez en su vida habrá pensado en ir al baño, por ejemplo.
Lo que niego es que sea un pensador sobresaliente, de esos cuyas ideas han resuelto problemas humanos, como Darwin, Einstein, Mendeleiev, Parsons, Bolívar..., y hasta Napoleón o Lenin.

Vargas Llosa ha escrito excelentes relatos y bastantes ensayos sobre arte y literatura, pero es muy específicamente un artista, un literato, un creador y crítico literario. Lo subrayo: LITERARIO, no nada más allá de eso.

Y sabemos que el arte corresponde más a la esfera afectivo-emocional o volitiva que a la esfera cognitivo-intelectual, lo cual explica por qué un insigne artista puede crear la obra más BELLA de un época y, al mismo tiempo, puede decir públicamente que dos más dos es igual a veinte o que los burros son lentos porque rebuznan en lugar de rugir o que las sociedades más desarrolladas son las sociedades capitalistas (conste que no hay mayores diferencias de complejidad cognitiva entre estos tres ejemplos).

No entiendo por qué consideran a Vargas Llosa un “intelectual”. Para mí un intelectual es alguien que produce ideas relevantes, que incidan en el desarrollo del PENSAMIENTO de la humanidad, aunque esta incidencia ocurra mucho tiempo después de la muerte de sus autores (Peirce y Rieman son ejemplos emblemáticos). Pero un artista es alguien que produce bellezas, que genera sensaciones positivas, que impacta en las capacidades perceptivas y en el ánimo de quienes contemplan su obra.

Un artista es tan importante como un pensador (intelectual), pero ambas cosas son totalmente diferentes. No estoy diciendo que un pensador sea más importante que un artista, sino que ambas cosas tienen estructuras y funciones totalmente diferentes.
Vargas Llosa es un artista, pero no un intelectual. Es por eso por lo que ha producido muchas novelas y ensayos de crítica artística, pero jamás ninguna idea ni siquiera escasamente importante. De hecho, el único ensayo de tema no artístico de Vargas Llosa es sobre política y, si ustedes lo revisan, verán que es totalmente incapaz de relacionar más de una idea en secuencia. No sabe razonar, no argumenta, ni tiene la más mínima idea de lo que es un argumento.


Definitivamente, debemos revisar nuestras representaciones sociales y nuestro discurso, porque sólo así nuestras actuaciones pueden ser coherentes. Agradezcamos a Eduardo Rothe su inmensa capacidad de “desnudar” nuestras inocentes manifestaciones de indignación. Agradezcamos a Eduardo Rothe la lectura de nuestras radiografías, porque es innegable que el diablo se esconde en los más pequeños detalles…

Mensaje al Ministro Navarro


SOBRE FUNCIONARIOS PÚBLICOS Y PUEBLO ORGANIZADO

Una profunda tristeza e indignación me produjo ayer el Programa Contragolpe del día 12/06/09, dirigido por la periodista Vanessa Davies, en el cual tenía como invitado al Ministro del Poder Popular para la Educación, Héctor Navarro.

Comencemos por la tristeza, la cual sólo experimenté por la comunicadora social que invita al Ministro para debatir un tema de agenda de una intrascendencia inusitada en el contexto de una sociedad venezolana minada de profundas contradicciones sociales, y cuyas escuelas y liceos no son más que semilleros de individuos enajenados, en donde la violencia se ha entronizado y un sentimiento de inopia y desaliento socava las actuaciones de maestros, profesores y personal obrero y administrativo.

¿Qué queda de aquella periodista que se atrevió a ir más allá de la verdad “oficial” y desentrañó los tentáculos represivos de los organismos policiales y de la guardia nacional durante los sucesos del deslave de Vargas?

La indignación sólo me la produjo el discurso del Ministro, el cual no se diferencia mucho del resto de las actuaciones del gabinete ministerial. Gris e inactivo. Ajeno totalmente a la calle, al problema cotidiano que se respira en cada rincón de nuestras escuelas, distritos escolares, zonas educativas, universidades formadoras de educadores… El gerente principal de un Ministerio que tiene una alcabala conformada por no menos de treinta trabajadores que malencarados y prepotentes nos piden la cédula y nos entregan y solicitan unos carnets de visitantes, para accesar a unas estructuras inoperantes que perdieron hace mucho tiempo su razón de existir.

Indigna sentir que mientras se aprueba un V Contrato Colectivo en detrimento de los educadores, cuyo contenido nunca fue conocido por la gran mayoría de los interesados y mientras las condiciones pedagógicas en las cuales se forman los venezolanos cada día cobran un saldo mayor de individuos analfabetos funcionales y sin ninguna conciencia histórica ni social sobre su papel en el escenario local, regional o nacional; nuestro tradicional gerente de la cartera educativa – “inferior” y “superior” – se dedica a hablar del “Síndrome de Peter Pan”. (Y que me perdone, Fidel, que sé que él lo sufrió en carne propia en su pequeña pero inmensa isla; pero resulta que ese no es el principal problema que vive hoy en día nuestra sociedad. Y es verdaderamente lamentable que un Ministro ocupe un espacio televisivo para explicarnos cómo opera el “Síndrome de Peter Pan” en su segunda reedición, en la República Bolivariana de Venezuela)

La promoción inusitada de ese tema en el momento actual por el que atraviesa la crisis educativa en Venezuela sólo se justifica en la mentalidad pequeña burguesa de una dirigencia de oficina e Internet, una dirigencia que respira la atmósfera banal y superficial de una clase media idiotizada, que no sólo puede repetir informaciones desprovistas del más mínimo sentido común, como aquella que sostiene que el Estado va a separar a los niños mayores de tres años de sus padres, sino que dedica su tiempo a “clarificarle” a ese sector minoritario de la población que “no se dejen manipular” porque nada de eso ocurrirá.

Camaradas: si la clase media disociada de nuestro país decide enviar a sus pequeños retoños fuera… que así sea. Allá ellos. Estarían enviando a sus hijos a enfrentar la dura tarea de “abrirse paso” en una nación extranjera que siempre los verá como advenedizos y en la cual tendrá que actuar como un depredador para alcanzar algún escaño de comodidad y confort. No sé cuál pueda ser el desajuste que sufra una nación cuya población joven e infantil repunta cada día más.

Pero no menos banales resultaron los argumentos esgrimidos por el Ministro en torno a la falsedad de estas afirmaciones, que según él mismo revela, se las hicieron llegar sus allegados y que ellos las obtuvieron vía internet. El Ministro recurrió a los argumentos sentimentales…” Los que me conocen saben que yo no soy capaz de hacer algo así” “Los que conocen al Presidente saben que él sería incapaz de actuar de tal o cual manera…” ¡Caramba, Ministro, los que creíamos conocerlo pensábamos que usted tenía una formación académica que lo habilitaba para ofrecer argumentos de mayor relevancia!

Siempre he creído que la mejor manera para combatir la disociación es alimentando sus excesos. Me refiero a incrementar la dosis de irracionalidad construyéndoles nuevos episodios que permitan al disociado tomar una breve conciencia de su estupidez.

Pero indudablemente esa no debería ser nuestra agenda de discusión, Ministro. Lo que sí es un tema impostergable es el debate sobre nuestra Ley de Educación y sobre nuestra Ley de Universidades… ¿Cuál es el perfil que debe exhibir un educador que asume la responsabilidad en estos principios del siglo XXI de mediar el conocimiento a los niños, adolescentes y jóvenes de una República que busca nuevas alternativas de desarrollo? ¿Qué aspectos deben ser normados en nuestras leyes y reglamentos educativos, a una década de aprobada nuestra constitución?

¡Qué importante sería ver a nuestro Ministro a la cabeza de este debate y generando estrategias metodológicas que permitan la discusión en todos los escenarios educativos!

Salvo honrosas excepciones, entre las que ubico al Ministro Tarek El Aissami y al Ministro Eduardo Samán, Héctor Soto… los funcionarios que acompañan la gestión presidencial son víctimas de la ideología de la clase social que representan. Por eso difícilmente podrán impulsar desde el marco de esta institucionalidad desvencijada y torcida que todavía sufrimos, procesos realmente transformadores.

Y así como aquella jovencita hermosa del barrio Gramovén tomó la palabra en el Aló, Presidente del jueves 28 de mayo del año en curso para devolvernos la esperanza a todos los que soñamos con los verdaderos cambios sociales; sueño y lucho porque un día los maestros venezolanos construyamos organizaciones sólidas y críticas que no sólo rescaten las justas reivindicaciones salariales de un gremio de importancia trascendental en el proceso de desarrollo de una nación, sino que se conviertan en almácigo de una nueva intelectualidad que genere ideas útiles y creativas para resolver los urgentes problemas de nuestra sociedad.

Mientras los líderes comunitarios que encabezan los Comités de Tierra Urbana nos dan señales claras de que el pueblo anda por allí creciéndose en las circunstancias, la “clase media socialista”, “chavista”, pero cómodamente instalada en el confort y el ambiente elitesco de sus entornos sociales, transpira el mismo olor a moho de todas las clases medias que en los momentos coyunturales de la historia de los pueblos nunca están a la altura de las circunstancias.

Definitivamente, esta lucha sólo es del pueblo; y todos los que en él se escuden para vegetar de él, serán catapultados por la historia.

Bufonadas de la derecha latinoamericana

BUFONADAS DE LA DERECHA LATINOAMERICANA

Gladys Emilia Guevara

De los últimos acontecimientos ocurridos en la hermana nación centroamericana de Honduras, pareciera surgir un perfil de las actuaciones de la derecha latinoamericana. Y aunque el rol y las funciones de este sector apátrida de nuestras sufridas naciones, ha sido siempre el de “facilitadores” de la labor imperialista de EEUU, el contexto socio histórico de finales del siglo XX y principios del siglo XXI nos revela la presencia de una élite mecanizada y enceguecida, incapaz de pensamientos autónomos que le permitan implementar estrategias lógicas para el logro de sus objetivos.

Comencemos primero por alegrarnos un poco del fenómeno, porque de no ser así tendríamos todo el caribe, el continente centro y suramericano plagado de gobiernos títeres, desfalcando aún más nuestras riquezas naturales y enajenando en mayor medida a unas poblaciones aún ingenuas y llenas de sueños americanos.

Sin embargo, es necesario observar minuciosamente el fenómeno sin subestimarlo, porque amén de no mover a risa sus actuaciones, en virtud de las duras secuelas que siempre ocasionan en los sectores más vulnerables de la población; obedecen a un proceso de crisis interna en el que ellos mismos se mueven, y sobre el cual, desde mi modesta perspectiva, los que abrazamos las causas colectivas debemos actuar.

Se trata del conjunto de representaciones sociales que este grupo social posee y de los resortes que lo mueven: presos todos en un afán de lucro y de bienestar individual, se tornan incapaces de asumir perspectivas reales de los contextos sociales de los pueblos y de los contextos mundiales en los que actúan, revelando un pensamiento episódico y estrecho, urgido de aplausos y celebraciones efímeras que terminan por catapultarlos siempre en el más absoluto fracaso.

No obstante, si bien estas últimas incursiones “bufonescas” de la derecha no han alcanzado los objetivos planteados, las respuestas institucionales que se han planteado a este tipo de actuaciones - signadas la mayoría de ellas por la ilegalidad - ha sido siempre la impunidad: no hay castigo para golpistas, terroristas y delincuentes de cuello blanco.

Y es allí, precisamente, en donde nos hace falta fuerza, y en donde nuestro poco impacto pudiera estar creando el retorno de escenarios sangrientos y crueles que socaven el camino andado y legitimen el pensamiento único de la derecha.

Somos débiles en las sanciones al oponente que actúa delincuencialmente. Buscamos “conciliar” posturas con una especie (in)humana que no escatimará la menor oportunidad para eliminarnos del camino cuando se le presenten las circunstancias.

Y en este sentido no se trata, en modo alguno, de actuar como el enemigo; correspondería simplemente la formulación de una política sólida contra la impunidad… ¿Dónde están nuestros juristas, conocedores de la “legalidad burguesa” y capaces de forjar propuestas que permitan la ruptura con el statu quo? ¿Dónde encontramos asambleístas que legislen a favor del verdadero protagonismo colectivo y que dejen de ser “piezas” para alimentar su propia voracidad y la de empresarios y mafiosos?¿Dónde hallamos organismos judiciales que no actúen con venalidad y permitan el “escape” de estas piezas fatídicas que en distintos escenarios de nuestra geografía se juegan las acciones más absurdas, ocasionan la muerte de infinidad de inocentes y terminan “asilados” en embajadas como víctimas o perseguidos políticos?

Si no están en nuestras filas y no los encontramos pronto… ¿qué será de la esperanza de nuestras dolorosas naciones latinoamericanas?

Vaya mi abrazo sincero, solidario y militante al pueblo de Honduras. Creo con Martí que los pueblos de vez en cuando necesitan que se les sacuda para saber que siguen vivos y tienen dignidad. Creo también en la dignidad del pueblo hondureño y en su posibilidad de crecimiento frente a las adversidades.

A ellos les digo: ¡Háganlo ya! ¡Háganlo pronto!
Mensaje de una ciudadana promedio venezolana al Presidente Chávez
HIPERLIDERAZGO O DESENCUENTRO COMUNICACIONAL

Gladys Emilia Guevara

Realmente lamentables me resultaron ayer las declaraciones que el Jefe de Estado formuló en relación con las observaciones hechas por el grupo denominado intelectuales de izquierda.

Aunque el Presidente nos tiene acostumbrados a sus “apasionamientos” e intemperancias, nunca imaginé que iba a desperdiciar una ocasión como la que representó este debate – objetivo e inteligente, en torno al devenir histórico de este proceso que vive nuestra nación - para demostrar una vez más, el carácter tolerante y autocrítico del gobierno venezolano. De allí que no sólo me cause asombro la torpeza con que manejó la situación, sino que experimente la triste sensación del desplome moral de un pueblo que ha venido apoyando una gestión gubernamental ineficiente, pero alentado siempre por la esperanza de que tarde o temprano se llegará al punto de rectificación necesario.

Malas señales envía el líder a su tren ejecutivo, asambleístas, alcaldes y gobernadores afectos, y a la caterva de aduladores que comprendieron desde principios de la década de su mandato, la forma de usufructuar de los placeres del poder, manteniendo un discurso pseudo revolucionario y practicando el populismo. Imagino cómo lloverán ahora condenas hacia Juan Carlos Monedero de aquellos que una vez lo lisonjearon y se sintieron sus “allegados”. ¡Hasta Luis Britto García terminará siendo el blanco de la irracionalidad de alguno que otro descerebrado que lo acuse de “brincar la talanquera”!

Ese es, precisamente, el defecto de este proceso, que en modo alguno puede endilgársele como culpa al Presidente. Su hiperliderazgo genera manifestaciones de “incondicionalidad” que en ocasiones se convierten en una suerte de boleto al infierno para la gran mayoría del pueblo venezolano, el cual sufre múltiples atropellos de parte de una dirigencia de gorra y franela roja, pero de pensamiento y acción adeco-copeyana. Al respecto, el compañero Urdaneta afirma:

“El "hiperliderazgo" de Chávez es un fenómeno que no puede ser aislado de la realidad integral del proceso venezolano. No se le puede achacar a la voluntad del comandante, la contundente verdad de la falta "líderes" tanto en las filas de la oposición como en las filas de la misma revolución de la "talla" de Chávez.” http://www.aporrea.org/ideologia/a79964.html

Disiento sólo del camarada Urdaneta en lo concerniente a la falta de líderes, porque temo que los mejores liderazgos se encuentran en las bases sociales, y a través de mecanismos perversos como los activados en las elecciones del PSUV, se les ha venido negando la participación activa. Pruebas de ello sobran en el Municipio Guaicaipuro del Estado Bolivariano de Miranda, y supongo que a lo largo y ancho de la geografía nacional. Habría, en el caso de nuestro municipio, que poner en el “banquillo” a uno de los intocables del proceso, para que diera cuenta de ello.

Y eso es, precisamente, lo que en la entrevista del día 14/06/09 en Últimas Noticias intentó comunicar Monedero refiriéndose a la expresión hiperliderazgo: lo que en momentos coyunturales, como lo son por ejemplo los procesos electorales nacionales, estadales y municipales constituye una fortaleza; se convierte en una pesada rémora para a la activación de planes, programas y proyectos, porque impide la reorganización de fuerzas de los sectores honestos y trabajadores del proceso bolivariano, y terminan por perpetuarse los que montados en el “porta-aviones Chávez” forman los escuadrones que invaden ministerios y direcciones cada vez que al Presidente se le ocurre realizar sus tristemente célebres “enroques”.

Y si bien no es el jefe de Estado el culpable del impacto de este fenómeno de innegable presencia en la realidad venezolana, las circunstancias lo obligan a actuar de manera responsable. Y lo primero que debería hacer nuestro líder es tomarse tiempo para digerir las críticas que se le formulan a este proceso y comprender que sus opiniones personales generan todo un impacto comunicacional que impide el debate espontáneo y sin presiones. No es lo mismo recibir el disenso de un compañero de Aporrea, a recibir - a través de los medios de información - el látigo de las diferencias conceptuales con el Presidente de la República, el cual no sólo ocupa un cargo jerárquico de importancia, sino que goza del afecto incondicional de las mayorías. Disentir de él se convierte en los actuales momentos, en un acto de traición. Y aunque el Presidente se esmere en afirmar que él alienta la crítica, su discurso y su acción demuestran lo contrario.

A usted, Presidente, por sus dimensiones nacionales e internacionales, la historia le exige y exigirá siempre más, porque en usted va la dignidad no sólo de nuestro pueblo venezolano, sino de nuestramérica entera.

Nadie cuestiona su liderazgo, lo que realmente cuestionan los llamados intelectuales de izquierda y la gente honrada que en forma silenciosa y voluntaria trabaja día a día por este proceso bolivariano, es el impacto nocivo que tienen sus pronunciamientos y decisiones en las mentes acomodaticias y ramplonas de una dirigencia y de unos funcionarios públicos incompetentes, que no tienen urgencias de cambios porque gozan del privilegio del poder.

Cuando usted dedica un tiempo significativo del Aló, Presidente, para responder reactivamente a sólo una de las tantas críticas formuladas por este grupo de personas llamadas intelectuales, no hace más que alimentar la impunidad de otro grupo de incompetentes que “larvan” del Estado venezolano.

Son ellos los que aplauden, Presidente, porque nosotros en nuestros hogares sentimos un terrible sentimiento de decepción.

Otro aspecto interesante de este desencuentro con el Presidente, es su error de valorar un evento a través de una reseña periodística que sobredimensionó un tema en detrimento de otros. Quizás precisamente con el interés de producir el resultado que en efecto se produjo… Yo me pregunto: A más de una década de iniciado el proceso bolivariano… ¿Puede el máximo líder seguir cometiendo el pecado del debate mediático?

Espero que mis reflexiones no me hagan descender los escaños que algunos les tienen adjudicados a los traidores, pero creo que mi deber como venezolana honesta que se siente pueblo y que avanza con él, es manifestar mi opinión en torno a equívocos que a estas alturas, me parecen injustificables.

Sí… Y es bueno que los intelectuales se lancen a la calle a conversar con nosotros; pero más trascendente sería que ministros, diputados, concejales y directores de entes públicos lo hagan. Es mandato constitucional y para eso se les paga.

La ruptura comunicativa y el discurso político en Aporrea

La ruptura comunicativa y el discurso político en Aporrea

Gladys Emilia Guevara

De particular interés me ha resultado siempre, como amante de los fenómenos del discurso, la formación de barreras comunicacionales entre interlocutores. Y en este sentido Grice, un importante filósofo del lenguaje, nos ha legado su aporte, el cual si bien no alcanza a ofrecernos una perspectiva integral del sistema de habla humana, permite abordar diversas realidades más cercanas a nosotros, y en las cuales en ocasiones nos jugamos decisiones trascendentales, no sólo en lo personal, sino con repercusiones en lo colectivo.

Para Grice, la actuación lingüística se enmarca dentro de un principio que él denomina el principio de cooperación y se concreta a través de unas máximas fundamentales que tienen que ver con la cantidad, calidad, relación y manera de la contribución lingüística. En búsqueda de la sencillez en la transmisión de su enfoque, las resumió a través de sentencias: Haz tu contribución lo informativa que sea preciso, sin adicionar aspectos innecesarios; procura que tu contribución sea verdadera, y en este sentido, no digas lo que no conoces suficientemente; sé pertinente, expresando aquello sobre lo que es el tema de conversación y sobre lo que tus interlocutores esperan que hables; y finalmente, sé claro, siendo breve, metódico y evitando lo ambiguo.

Quizás mueva a risa tratar de hacer transferencia de estos principios en el complejo espacio del discurso político, cuyo propósito escapa de la intención cooperativa de los interlocutores y se remonta al plano de la persuasión.

En este último sentido y sin incursionar en el pantanoso fondo de la publicidad, podríamos admitir que el propósito de persuadir podría llevar inmerso una intención cooperativa, en la medida en que se procura convencer al interlocutor – sobre bases racionalmente convincentes - de la conveniencia de asumir un determinado enfoque de la realidad que resulte conveniente para el logro de unas relaciones sociales justas, respetuosas y enmarcadas dentro de objetivos colectivistas.

En este caso que se describe, es admisible la proyección de un modelo comunicacional respetuoso en el ámbito de la discusión política, y me inclino a afirmar que es imprescindible construirlo si en realidad estamos convencidos de la necesidad de superar nuestra enajenación capitalista y convencer a las mayorías de que el modelo socialista no sólo persigue objetivos distintos al neoliberal, sino que los métodos y prácticas para arribar a él son totalmente diferentes.

Nuestra formación escolar e informal debe recibir el impacto de diseños y programas que contribuyan con un sentido interdisciplinario al logro de este objetivo. En la medida en que nos hagamos conscientes de lo que hacemos cuando decimos algo, comenzarán a surgir verdaderos espacios de reflexión y de autocrítica.

Sin embargo, es la educación informal la que más temprano que tarde, nos lleva a extraer las representaciones cognitivas que prevalecerán a lo largo de nuestra vida social, y es por ello que todos aquellos mecanismos de educación informal, cobran un valor muy particular. En este sentido Aporrea viene apoderándose exitosamente de uno de esos espacios. De allí que resulte particularmente significativo el preguntarnos cuál es nuestro propósito cuando escribimos en Aporrea.

Algunos escriben para cuestionar o elogiar alguna situación del acontecer local, regional o nacional, otros asumen como propósito el revelar un aspecto de la realidad que aparece oculto, una parte significativa de los colaboradores de la página tal vez incentive nuestro interés hacia ciertos temas que desde su punto de vista pueden resultar clave, y una gran cantidad quizás escribe alentado por la esperanza de que funcionarios ubicados en puestos de poder empleen este espacio como un “termómetro” de la opinión política de las personas que decimos abrazar causas colectivistas… También habrá quien embestido del peor síntoma de la enfermedad capitalista, que es el egocentrismo, escriba sólo para alimentar su “ego” personal.

Por lo general, esta última postura puede ser “percibida” en el discurso a través de lo que el mismo Grice llamó implicaturas, y que configuran una red inequívoca de relaciones con el referente temático, el contexto en el cual dialogamos y la perspectiva desde la cual se enfoca el mensaje. Las implicaturas son el conjunto de inferencias que derivan de ciertas afirmaciones o de la tematización o desviación u omisión de información que un interlocutor pueda hacer en su mensaje.

En este sentido, podríamos afirmar que al elaborar las implicaturas de la lectura de un discurso oral o escrito, emergen los bloqueos comunicacionales: Si me enfrasco en hablar sobre un mismo tema sin producir nuevas aportaciones, mis oyentes o receptores se cansan y no me escuchan o dejan de leerme; si no hablo sobre los que mis receptores esperan que yo hable y desvío la atención hacia otros temas que no interesan a los colectivos, también podría provocar un efecto adverso; si para disentir descalifico a mi interlocutor, igualmente produciré un ruido comunicacional, y no lograré mi propósito, que en el mejor de los casos deberían ser el de la persuasión inteligente y respetuosa…

Necesariamente entonces, los que escribimos en Aporrea podemos ser fácilmente clasificados de acuerdo a los propósitos que persiguen nuestras contribuciones lingüísticas. Y de esa clasificación, estoy segura, las aportaciones de personas que buscan la objetividad, persiguen producir impactos positivos en la opinión pública e invitan a la reflexión de ciertos personeros del escenario político, constituyen la mayoría.

Particularmente celebro la consolidación de este escenario, e invito a mis camaradas, y a los que no siendo afines con nuestro sistema de ideas, contribuyen positivamente enviando sus críticas u observaciones a estos espacios; a que mejoren cada día sus escritos, no empleándolos competitivamente. Valoremos a todos los que dedican un tiempo al diálogo, a la reflexión y a la discusión, y no permitamos que “pasiones” o “perspectivas egocéntricas” nos roben el privilegio de aprender de nuestros compañeros, partiendo de aquella premisa de Freire de que nadie enseña a nadie y todos aprendemos y enseñamos mediatizados por nuestro contexto histórico social. Y parafraseando a este mismo pedagogo brasileño podríamos concluir diciendo: nadie puede ser crítico si prohíbe u obstaculiza que otros lo sean.

Preparémonos pues para aprender a discutir sin construir “muros” que luego no podamos derribar sin costos morales para nuestro proceso revolucionario. Aprendamos a respetarnos y a reflexionar sobre los contextos desde los cuales nos hablamos. Ese es el verdadero ejercicio de la inteligencia. Lo otro siempre representará un desgaste innecesario de energía.

Realidades mediáticas y distorsiones perceptivas del siglo XXI

Dificultades en la lectura del escenario hondureño
REALIDADES MEDIÁTICAS Y DISTORSIONES PERCEPTIVAS
DEL SIGLO XXI

Gladys Emilia Guevara

En un mundo en donde las mayorías no saben leer y escribir, y en el cual paradójicamente se han diversificado las tecnologías en materia comunicacional, las actividades cognitivas básicas de observar, identificar, comparar, analizar… podrían constituirse en tareas riesgosas que terminen por hacernos transitar el camino equivocado. En estos tiempos de avances tecnológicos y de perfeccionamiento de estrategias imperialistas, las cosas no son como las percibimos llanamente, sino que tras ellas se esconden un cúmulo de circunstancias – casi todas ignoradas por nosotros – y que terminan siendo la causa y la consecuencia de los males que aquejan al mundo.

Por ello siempre me aferro a aquella premisa de Frei Betto: es mejor equivocarse con las mayorías y no triunfar con las élites. Por ello mi alma está hoy en Honduras y se aferra a aquellos rostros humildes que enfocan las cámaras de los reporteros de Telesur. Pero en contraposición… ¡cómo me cuesta creer en Manuel Zelaya! Su discurso hueco, sus débiles arengas al pueblo hondureño, me engangrenan el alma. Evoco, nítida como si fuese ayer, nuestra esperanza puesta en Panamá cuando otro Manuel, el mal llamado “hombre fuerte de Panamá”, con su actuación aparentemente rebelde y digna, hizo posible la eliminación por parte de fuerzas norteamericanas, de todos los habitantes de barrios adyacentes al aeropuerto de esa nación centroamericana.

El imperio no duerme. Acecha.

De allí que las iniciativas formales y no formales de “desenmascarar” los mensajes ideológicos y de proporcionar estrategias para la lectura de “discursos” y de “imágenes”, cobren hoy en día un papel crucial. En tiempos de nuestro Ministro de Educación Aristóbulo Istúriz comenzaron a activarse en los distritos escolares, talleres de interpretación y elaboración de imágenes, los cuales – lamentablemente – fueron desechados posteriormente por el Ministro Adán Chávez. Y así como esas iniciativas, el Plan Nacional de Lectura que se produjo durante la rectoría ministerial de Istúriz perfilaba – en esencia – estrategias trascendentales para la superación de nuestros graves problemas en el área de la comprensión y producción textual.

¿Cómo hacer la lectura correcta de la situación hondureña, sin temor a omitir esos pequeños detalles tras bastidores que oculta la información mediática? ¿Qué es lo que nos dicen y que evitan decirnos?

Desde el principio, la historia del golpe en Honduras me pareció incongruente, absurda, mal contada. Las imágenes de una casa presidencial ametrallada sin saldo de muertos o heridos, se me antojó irreal, así como la de un presidente secuestrado que volaba en un avión violando el espacio aéreo del país costarricense sin que su Presidente tuviese información sobre ello…

Hará falta distanciarse de la inmediatez de lo noticioso para conocer, a ciencia cierta, qué nueva estrategia de penetración estrenan los gringos, y cuál es el papel de sus títeres latinoamericanos en cada rincón geográfico de Nuestra América.

´Los meritócratas universitarios venezolanos

Sobre la postura institucional del Pedagógico de Caracas en relación con la LOE
LOS MERITÓCRATAS UNIVERSITARIOS VENEZOLANOS

Gladys Emilia Guevara

Hace más de veintiún años abandoné las aulas del Instituto Pedagógico de Caracas para asumir la compleja tarea de mediar el conocimiento e instrumentación del lenguaje y la literatura en educación media, diversificada y universitaria. Mi formación en relación con la enseñanza de la lengua obedecía a criterios estrictamente gramaticalistas, mientras que las didácticas en materia de mediación de la formación literaria se circunscribían a una última y única asignatura que se cursaba al final de la carrera, y que en líneas generales no orientaba sobre ese complejo proceso, no nos documentaba sobre teorías literarias ni sobre las distintas didácticas que cada una de ellas promulgaba.

Paradójicamente, las últimas décadas del siglo XX fueron escenario de intensos y avanzados progresos en el desarrollo de la lingüística y de las ciencias sociales, los cuales nunca fueron mediados por los profesores y profesoras que entonces dictaban cátedra en esa casa de estudio. Sin embargo, sus currículos académicos crecían y su fama como académicos connotados se difuminaba por todo el escenario nacional. Se les premiaba por acumular información, aunque esa información no nos sirviera para nada a nosotros, en el momento de intentar facilitar el conocimiento a los niños de la escuela de Los Canjilones de La Vega, lugar en donde por primera vez me enfrenté a la labor educativa formal.

Las clases magistrales de mis profesores de literatura fueron mi modelo de mediación del hecho literario, mientras que la fijación de la atención sobre los elementos más irrelevantes de la lengua, la premisa de enseñanza –aprendizaje en materia de formación lingüística.

Transcurridos algunos años, el escenario educativo del Pedagógico de Caracas fue cambiando con una lentitud pasmosa y vergonzosa para todo aquel educador que pudiera preciarse de investigador y generador de conocimientos de impacto social. El currículo sufrió algunas tímidas modificaciones, y poco a poco algunos docentes de aula fueron incorporando contenidos novedosos en materia de enseñanza de la lengua y la literatura. Sin embargo, la mediación de estas informaciones seguía adoleciendo de una perspectiva integral del fenómeno lingüístico y literario, y el resultado era la formación del mismo docente descontextualizado del entorno socio cultural de sus estudiantes y desprovisto de estrategias eficientes para la mediación del aprendizaje de sus discípulos.

No obstante, el currículo de los académicos seguía en ascenso: mientras la realidad de la enseñanza de la lengua y literatura se constituían en un perfecto fracaso.

Cabría entonces preguntarse si la lógica que operó y sigue operando en uno de los departamentos más connotados del Instituto Pedagógico de Caracas, como lo es el Departamento de Castellano, Literatura y Latín; no es la misma lógica que se activó en el resto de los departamentos, y si realmente esta “primera institución de formación docente del país” ha reunido los méritos éticos suficientes como para erigirse en instancia crítica de la nueva Ley Orgánica de Educación.

En este sentido, es necesario considerar que una gran mayoría de los profesores y profesoras que dictan cátedra en esta institución universitaria, ha perdido todo contacto con el escenario educativo de la educación inicial, media y diversificada de nuestro país; y cuando algunos profesores investigadores se aproximan a esos espacios, intentan hacerlo en instituciones privadas que le garanticen el olvido de su verdadera extracción social. Tengo en mi memoria, por supuesto, honrosas excepciones.

(Si alguien pone en duda la descontextualización del educador universitario con el escenario educativo público, revise tan sólo sobre qué temas versan sus papeles de trabajo, sus trabajos de ascensos, sus trabajos de grado y de doctorado)

Pero ahora, y en nombre de la institución, ellos se “sorprenden” por la incorporación de ciertas expresiones que según sus expertas miradas “dejan mucho que desear como en materia en sí de ley… (sic)”, deploran la falta de adecuación de la “arquitectónica jurídica”, se rasgan las vestiduras por la ausencia de una “exposición de motivos” que explique los “reales motivos educativos, sociales, políticos, culturales y de desarrollo científico-tecnológico” que dan sustento al texto legal, protestan la incorporación de términos ambiguos como “corresponsabilidad” y la no inserción del concepto de “proceso educativo”… Y para completar el análisis inquisitivo del texto, contratan los oficios de una docente de aula que se dedica a elaborar un cuadro con todas las inadecuaciones sintácticas presentes en la redacción de la ley.

¿No sigue el Instituto Pedagógico de Caracas anclado en los aspectos más irrelevantes de la realidad socio política de nuestro país, en los albores del siglo XXI?

El docente responsable de esta “Contribución del Instituto Pedagógico de Caracas al estudio de la Ley Orgánica de Educación…” a través de su escrito “mira la paja en el ojo ajeno”, porque su producción textual también adolece de problemas sintácticos que comprometen su tan cacareada formación académica. Para muestra, cito textualmente la redacción de las conclusiones a las que llega el académico:


“El desarrollo del análisis expuesto habla por sí mismo y no amerita simplificaciones de ningún tipo, por cuanto, el resultado brota por sí solo y es firme y concluyente: En su aspecto marco y arquitectónico, incluso composicional, esta Ley Orgánica está conceptualmente incompleta, inacabada y defectuosa en su redacción, tal como se evidencia en el Anexo empírico que se presenta al final en este análisis,(¿,?) por lo cual, constitutivamente, es en lo estructural y gramatical deficiente. En consecuencia, es necesario e imprescindible corregirla y reformular muchas de sus partes, tanto en lo conceptual como en las omisiones de contenido que posee el texto”. (Resaltado y observaciones mías)



¡A sesudas conclusiones llega el docente! Son ellos mismos las que se erigen en jueces mordaces de nuestras actividades de investigación en los posgrados universitarios. Ellos, los que destierran a Noam Chomsky y los aportes de la gramática generativa porque les huele a Chávez. Ellos, los que asedian académicamente a los estudiantes de izquierda porque no comulgan con la ideología que profesan. Ellos, los que hablan de autonomía académica, de objetividad investigativa y de “calidad y excelencia pedagógica”.

Por favor… Entiéndalo de una vez por todas: Venezuela atraviesa un proceso histórico social inmerso en contradicciones, y muchos de los que adelantamos estos cambios no somos más que víctimas de los propios procesos de “malformación” de los recintos universitarios que ustedes han dirigido. Es probable que tengamos compromisos ortográficos o escribamos con errores sintácticos (¿ustedes están exentos de ello?), pero tenemos muy claro el proyecto de país que queremos. ¡Queremos una sociedad verdaderamente justa, participativa y democrática! ¡Queremos una sociedad en la cual los ciudadanos no seamos domesticados pasivamente por un aparato educativo y unos medios de educación enajenantes!

Es probable que la “arquitectura jurídica” de la Ley Orgánica de Educación de los años sesenta les agrade más, y haya tenido más aciertos lingüísticos; pero lo cierto es que su instrumentación no socializó equilibradamente el saber, ni nos hizo más críticos, ni autónomos en nuestras ideas. Esta nueva Ley abre ese camino. Ojalá ustedes puedan vencer sus concepciones academicistas y estar algún día a la altura de las circunstancias.

Más les valdría, profesores, ocuparse para que el flamante director que ustedes eligieron para administrar los recursos del Instituto Pedagógico de Caracas, logre erradicar el fuerte olor a heces fecales y basura que inunda los espacios del edificio de aulas de esta casa de estudios.

Mensaje a los lectores de la nueva Ley Orgánica de Educación

Cómo leer sin prejuicios
MENSAJE A LOS LECTORES DE LA LEY ORGÁNICA DE EDUCACIÓN

Gladys Emilia Guevara

Debo comenzar diciendo que el primer acercamiento que hice del Proyecto de Ley Orgánica de Educación, fue una lectura signada por los prejuicios en contra de los asambleístas; no sólo por la tardanza de estos funcionarios en la producción de un nuevo marco jurídico en el ámbito educativo, sino también por el poco impacto que la comisión educativa de la Asamblea Nacional ha tenido en la promoción del debate en el escenario venezolano actual. Entonces – debo admitirlo – ausculté cada artículo con una frialdad inquisitiva: En el artículo primero de la ley, objeté una coma por la necesidad de un punto y coma para que la redacción fuese coherente… En el artículo tercero me mofé del contagio de un grupo significativo de individuos, con el discurso soso y bobalicón al que ahora nos tienen acostumbrados los llamados “postmodernistas”, cuando el texto del entonces proyecto, se enuncia entre los principios rectores un concepto tan impreciso, vago y manipulable como el amor.

No obstante, habiendo salvado estos obstáculos – gramatical uno, e ideológico el otro – comencé a advertir que el texto poseía una estructuración novedosa y agradable: inmediatamente de la declaración del Estado Docente, el Proyecto – ya hora afortunadamente Ley – daba espacio a las competencias del Estado esgrimidas desde las garantías, regulaciones, supervisiones, controles, planificaciones, ejecuciones y coordinaciones de políticas públicas, hasta el carácter promotor e integrador en el marco de una nación cuya carta magna proclamó hace ya más de una década, la necesidad de una sociedad democrática, protagónica y participativa. En este punto de la lectura, los prejuicios iban diluyéndose en el interés por el fondo de la Ley, y una enorme satisfacción comenzaba a ganar espacio en mi lectura.

Me paseé impávida pero satisfecha por la declaración del carácter laico del hecho educativo, y celebré el artículo ocho, el cual incluye dentro del currículo educativo en sus distintos subsistemas, la formación para el conocimiento y comprensión de medios de comunicación. Evoqué la imagen del profesor César Villegas y sus extraordinarias disertaciones en el Seminario de Educación y Sociedad, en torno a la necesidad de que los educadores impactáramos en ese significativo espacio que ocupa el mayor tiempo de nuestros educandos.

Impecables me parecieron la sucesión de artículos que postulan los fines de la educación venezolana y establecen un vínculo coherente con nuestro marco constitucional.

Ya al arribar al segundo capítulo, mis temores habían desaparecido por completo. Formulé en voz alta un elogio a los asambleístas, y continué la lectura… Obviamente, la ley establece en su contenido la necesidad de incorporar a las familias y a las organizaciones comunitarias en la gestión escolar, y determina la obligatoriedad de las empresas públicas y privadas en la contribución en la formación de sus trabajadores y en el hecho educativo de su entorno geográfico.

En el capítulo tercero la Ley unifica el sistema otorgándole el carácter continuo y vital del hecho educativo y desiste del odioso concepto de educación superior atribuido a la educación universitaria. Amén de esta buena nueva, la ley establece la creación de mecanismos de coordinación necesarios entre la Educación Básica y la Educación Universitaria.

En lo concerniente con las normativas universitarias, al parecer, hace mucho ruido a los académicos el artículo 33, el cual en el parágrafo 3 regula la elección y nombramiento de autoridades universitarias. Creo que el texto es claro: los centros universitarios gozan de autonomía para elegir sus autoridades, pero ello debe hacerse con apego al marco constitucional. Esto quiere decir que no puede existir el desequilibrio electoral que existía cuando el voto del estudiante poseía un peso irrisorio o cuando se ignoraba el voto de administrativos, obreros y docentes contratados. Quiere decir además que el mandato de las autoridades es revocable… ¿Quién que sea honesto, eficiente y buen gerente podría tenerle miedo a este artículo? Ya el Proyecto de Reforma de nuestra constitución intentaba corregir ese desafuero de la desproporcionalidad, el cual ahora regula definitivamente la presente ley.

En relación con la reglamentación de la educación universitaria, creo que cada casa de estudio debería abrir internamente el debate y establecer el diálogo con todos y cada uno de los actores del escenario educativo. Pienso que no sólo los estudiantes tienen mucho que enseñarles, sino que el personal obrero y administrativo conforman un puntal inexpugnable para el logro de transformaciones en este ámbito educacional. Ábranse al cambio, de seguro esto les reportará un ambiente laboral más respetuoso y eficiente.

¡Invaluable el artículo 49 sobre la inversión prioritaria y de crecimiento progresivo anual del PIB en la educación!

Lúcido y necesario el parágrafo doce del artículo 50 que tanto chillan los medios de comunicación y sus acólitos trabajadores comunicacionales. Correspondería en la reglamentación, el fomento de la conformación de las comisiones de medios de comunicación e información que auspició la Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión, sobre la cual todavía estamos en deuda.

Definitivamente, señores de la oposición… Quédense tranquilos. No activen referendos que sólo les demostrarán la poca credibilidad que en ustedes tiene el pueblo venezolano. Vuelvan a leer la ley. Háganlo sin prejuicios. Abran el intelecto y abandonen la visceralidad. El tiempo y las circunstancias les han demostrado a ustedes que después de defenestrar en torno a las leyes promovidas por el Presidente Chávez, ustedes terminan defendiéndolas y amparándose en ellas para seguir larvando en el proceso político venezolano.

Se negaron a la Constituyente que reformaría la constitución, se negaron al proyecto de constitución producido por los integrantes de esa comisión, gritaron enardecidos contra la Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión…

¡Señores, los cambios llegaron para articular nuevos modos de relaciones humanas, que si bien aún no se consolidan en un país con una cultura consumista e individualista, se materializan en marcos jurídicos que todos y cada uno de nosotros debemos dar vida y justa aplicabilidad!

Mi reconocimiento a los asambleístas, en especial, a la diputada María Queipo. Como educadora y estudiante universitaria, celebro la redacción y aprobación de esta nueva Ley Orgánica de Educación.

In memoriam

Daniel Oliver Rugeles y el concepto de autenticidad humana

Gladys Emilia Guevara

A Daniel Oliver Rugeles lo conocí una mañana del mes de marzo de mil novecientos setenta y seis, cuando en procura de ayuda para resolver unos dichosos teoremas que nuestro profesor de matemática había asignado como parte de la evaluación final de lapso en el área; toqué la puerta de su humilde apartamento, ubicado en aquel pueblecito amable y campesino que era entonces San Pedro de Los Altos.

Jamás olvidaré su voz: grave, firme, hermosa. Su saludo cordial y afectuoso. Su entrega incondicional y desinteresada a la tarea educativa. Y sobre todo, su capacidad para el diálogo respetuoso e inteligente, el cual siempre estaba ambientado por una selección particularísima de música clásica o de las más excelentes óperas producidas por la humanidad.

A mis quince años de edad, y enamorada como estaba de la poesía y del ideal revolucionario de la izquierda latinoamericana, en especial de la figura cimera de José Martí, la formación intelectual de aquel educador extraordinario que fue el profesor Oliver Rugeles, me cautivó. De sus labios oí declamar versos de García Lorca, Neruda y de Manuel Felipe Rugeles… De sus labios oí la lectura de los más hermosos pasajes de Ricardo III, Macbeth o El rey Lear… Y también a través de sus labios conocí la magia de la enseñanza significativa, porque aquel gigante gentil que me abrió las puertas de su paraíso familiar - en donde moraban una esposa dulce y dos niñitos traviesos - me enseñó a asumir la tarea educativa con la pasión necesaria de un apostolado.

Daniel Oliver Rugeles era el modelo de un educador integral. Tan fácil hablaba de procedimientos lógicos dictados por la matemática, como abordaba el análisis de hechos históricos, relataba perspicaces anécdotas referida a personajes de la historia venezolana o comentaba inteligentemente una obra artística, un discurso literario o un texto filosófico…

Y así, durante muchos años, pude disfrutar de su amistad y vanagloriarme de ser una de sus amigas más selectas. Fue a él a quien por primera vez le confesé que estaba enamorada del que después fue el padre de mis tres hijos. Fue en él en quien me refugié, cuando henchida de dolor por la muerte de mi padre, ya casi no me quedaban afectos sobre los cuales aferrarme.

Un día – lo recuerdo con claridad – me explicó la razón de nuestra conexión afectiva:
- ¡Carajita, – me dijo, porque así solía nombrarme cada vez que se dirigía a mí – lo que pasa es que uno descubre la autenticidad de los seres humanos…! Se es auténtico, cuando se es honesto.

Y de eso, sí que sabía el profesor Oliver. De honestidad. Todo el que tuvo el privilegio de ser su amigo, conocía que aquel ser excepcional jamás fue tentado por la codicia ni por el deseo de lucro personal. Tenía sólo lo necesario para vivir en paz.

Un día, aquel amigo mágico y extraordinario, tomó de la mano a los suyos y se fue a vivir a Los Andes. Allá fue castigado duramente por los academicistas de siempre. Ellos no soportaban la enseñanza de la matemática que promovía el maestro; no soportaban que el aprendizaje llegase amablemente hasta sus discípulos. Y por supuesto, la mezquindad y la mediocridad de las autoridades de ayer y de siempre de la Universidad de Los Andes, le mostraron su peor rostro.

Creo que ese fue un golpe mortal y definitivo para su corazón impetuoso y apasionado. Cuando regresó de San Cristóbal, ya su espíritu había comenzado a entristecerse, y la muerte comenzaba a asediar su corazón lastimado.

Presentimos juntos ese desenlace, y recuerdo que una tarde lluviosa en el Hospital Clínico Universitario, nos abrazamos y lloramos en silencio.

No pude despedirme de él cuando voló a Cuba buscando su salud. No pude estar a su lado cuando su corazón se detuvo y se desprendió definitivamente de este mundo; pero lo vi llegar escoltado por su dulce “pioja”, “su china”… hermoso, gallardo, como un príncipe, impecablemente vestido y con una dulce boina de poeta dentro de su ataúd.

Todos los días de mi vida recuerdo a Daniel Oliver Rugeles. Pero cuando observo en lo que se han convertido los docentes universitarios en este país - ciegos perseguidores de puntajes para ascender a la categoría de PPI - recuerdo más intensamente la honestidad de este ser humano que apenas tuvo tiempo de observar los inicios del proceso revolucionario venezolano; pero que en su infinita inteligencia identificó las señales inequívocas del trascendente liderazgo del Presidente Chávez.

Con esta revolución, querido maestro, avanzamos todos los que te amamos. Y en ella hemos consagrado tu recuerdo inmortal. Siempre venceremos, camarada y amigo, porque siempre hemos sido auténticos.