jueves, 13 de abril de 2017

El plomo al hampa del socialismo del siglo veintiuno venezolano


Por Gladys Emilia Guevara

Quizás muchos de quienes me leen en este instante son empáticos con la idea de que frente al fenómeno de la delincuencia, se justifica las actuaciones represivas del Estado. No los condeno por pensar así. Sólo que debo advertirles que el pensar así, con el tiempo, de seguro los condenará a sufrir los embates del autoritarismo o los hará cómplices de injusticias de dimensiones incalculables. Así que es mejor plantearnos una reflexión más o menos seria sobre el asunto, a ver si aprendemos algo de los rápidos sucesos vividos por el pueblo venezolano en por lo menos estas dos últimas décadas signadas por aparentes cambios gubernamentales.

Por eso me resulta imprescindible entrar primero en el campo de las definiciones y las caracterizaciones de lo que hasta ahora se ha entendido en estos pueblos colonizados por delincuencia y por “control del Estado”.

Si hiciéramos una encuesta en la cual quisiéramos detectar cuáles son las representaciones mentales de los ciudadanos en torno a qué es y cuáles son las características de un delincuente, nos encontraríamos con un cúmulo de asociaciones de carácter clasista y racista. Un delincuente es un “malandro”, un “vago”, un “pandillero”. Y si les ofreciéramos imágenes que complementaran el concepto que cada uno tiene de “delincuente”, lo más probable es que relacionaran el término con personas pertenecientes a las clases pobres, y en consecuencia, mayoritariamente gente mestiza, integrante de etnias indígenas o simplemente de piel negra.

Esta situación se repite a lo largo y ancho de cualquier sociedad colonizada y neocolonizada. El dominador (¡delincuente de algo rango!) impone su lengua y sus modos de pensar al dominado, hasta el punto en que este se convierte en reproductor del sistema. Sobre el dominado pesa un cúmulo de traumas sociales que lo hacen subestimar su propia cultura, su fisonomía, el color de su piel, la textura de sus cabellos… Y sueña con ser otro, otro muy parecido a su dominador. O al menos, cercano a los hábitos, gustos y disfrutes del “amo”.

La escuela es la encargada de “sembrar civilismo”, y quien no se adecúe a ritmos de trabajo, formas de presentación personal, horarios, enfoques únicos de pensamiento, etc., se convierte en un desadaptado. Hay que obtener un cartón que te acredite como persona “apta” para el trabajo, el cual también sigue el mismo compás “civilizatorio” del resto de las actividades humanas: cumplimiento y control. Considérese afortunado si tiene trabajo y cuídese mucho de perderlo, así esté en juego su propia dignidad humana. Lo importante es la subsistencia. Prohibido decir lo que piensa, so pena de ser execrado del “proceso”.


¿El gran fenómeno comunicacional que encarnó el fallecido presidente, revirtió en forma real la mentalidad neocolonizada del venezolano?

A pesar de que todas estas situaciones eran conversadas por el desaparecido presidente Chávez, sus “agudas observaciones” dirigidas en este sentido, se convertían en puras prédicas declarativas, mecanismos de “catarsis” para que todo siguiera igual, porque la realidad del entorno en el cual él mismo se desenvolvía era extremadamente ficticia y edulcorada para el espectador incauto.  Aquella popular Lina Ron, por ejemplo, quien se batía frontalmente contra opositores al gobierno, fue blanco de miles de desprecios clasistas por parte del equipo presidencial y de sus acólitos, quienes siempre la vieron como un instrumento para “lanzarla” en contra de los enemigos, sin importarle su condición humana. Después de todo, sólo ellos y sus hijos debían sobrevivir; los pobres sólo son carne de cañón contra el enemigo. Luego podrían rendirles homenajes o indemnizar a sus familiares, para dar muestra de  “revolución”, “unidad en la lucha” y de “justicia social”. Y en el caso de Lina Ron, hasta una orden de captura formulada mediáticamente por el mismo jefe de Estado, en la cual clamaba sobre ella “todo el peso de la ley”.  Lógico. La “defensa del Estado” exige obediencia absoluta… ¿qué es eso de pensar y actuar con cabeza propia? La “participación” también está regulada por el Estado seudo socialista. Él sólo te puede indicar cuándo “saltarte” las leyes. Él sólo puede garantizarte impunidad, si te decides a delinquir.

Un cúmulo inmenso de eslóganes y frases hechas formaba parte de las declaraciones  de los funcionarios públicos y de las “opiniones” de los venezolanos. El pensamiento fue sustituido por la fórmula. La canción de Alí Primera, fiera y rebelde contra el sistema, ahora era el “perfume de la mierda” de los actos públicos, en los cuales siempre existía una élite privilegiada que observaba los actos cómodamente, y una comparsa de pobres incautos que se sentían hermanados con el poder por el solo hecho de estar detrás de la línea de seguridad que siempre los mantuvo a raya… “por si acaso”.


¿Qué intención perseguía el Estado venezolano pretendidamente socialista cuando privilegiaba la adquisición de bienes materiales como fórmula de felicidad?

Así también se hizo común y frecuente entre los funcionarios públicos y sus allegados, la cirugía estética. Y el mismo fallecido presidente, clamaba por la protección a estas “damas” que tenían todo el derecho de “mejorar” su aspecto físico. Reinas de belleza, actrices y actores hollywoodenses desfilaban por Miraflores, mientras un líder del pueblo yukpa, de nombre Sabino Romero, quien creyó su deber hacer realidad el mandato constitucional de reintegración de tierras a sus etnias ancestrales, recorría distancias entre la Sierra de Perijá y Caracas para hacerse escuchar por funcionarios que se volvieron inaccesibles, y por unos medios al servicio del gobierno, que vetaron su palabra hermana hasta casi el final de sus días. No importa, después permitirían que las salas de cine exhibieran un documental: ¡Sabino vive! Para enmendar la plana. “El muerto al hoyo y el vivo al bollo”, como bien apunta la sabiduría popular.

Y así como “todos” tenían “derecho” a las “cirugías estéticas”, también tenían derecho sobre bienes muebles e inmuebles: una mejor calidad de vida, clamaban. “La mayor suma de felicidad posible”, parafraseaban la infeliz y frustrada frase del Libertador. Y la felicidad tenía nombre de cargos públicos, viviendas regaladas, línea blanca, artefactos electrodomésticos, “vergatarios”, “canaimitas”, tablets, antenas de televisión con la misma o parecida plancha de programación basura que tanto criticaron a una supuesta “iv república”… Todo esto adquirido con créditos chinos, rusos. ¡Qué viva la Venezuela rentista!, mientras el jefe de Estado clamaba independencia económica y alertaba sobre el peligro de las “oligarquías apátridas”, que si bien constituían un peligro real, ya no tenían la facilidad de actuación de otrora, y se limitaban a torpes incursiones guarimberas, que sólo reforzaron tiempo después, la actuación represora y criminalizadora que asumió el Estado contra cualquier protesta pública, por justa que esta fuese.

¿Quién es, pues, el mal llamado “bachaquero” venezolano, sino el producto del cacareado “socialismo del siglo veintiuno”, cuya “premisa teórica” era el “amor” y el “buen vivir”, y el cual quedó consagrado en un patético corazón que sirvió de vacua publicidad en las últimas elecciones presidenciales del “Comandante Eterno”? El socialismo del siglo veintiuno daba para todo y más.
¿Por qué llaman delincuente ahora a quienes se dedican a “mejorar sus condiciones de vida” revendiendo productos de la cesta básica, si la lógica que opera en sus actuaciones fue la misma que motorizó la idea de que la felicidad viene con la asunción de las tecnologías y la adquisición de bienes materiales sin el menor esfuerzo?


¿Qué son las OLP y por qué muchos venezolanos justifican sus actuaciones?

La organización político-territorial de nuestros pueblos responde a una concepción subestimadora del poder de una mayoría pensante. Según esta concepción, los pueblos no son aptos para gobernarse y debe existir una élite privilegiada que lo haga. Representativa o participativamente, las democracias republicanas son formas en las cuales las mayorías ceden el “poder” a los supuestamente “más aptos”. La sanción institucional, el autoritarismo frontal o el macabro poder del burocratismo, las redes familiares, el clientelismo y el compadrazgo, son manifestaciones consustanciales con la formación del Estado y el desarrollo del capitalismo en este lado del mundo. La gente las cree “natural”, y no entiende que son producto de unas formas particulares de relaciones históricas entre los seres humanos.

En consecuencia, la mentalidad de las mayorías se proyecta una única percepción de la realidad: la que han conocido hasta ahora. No se piensan sin autoridad y sin gobierno. “El caos”, sostienen. “Eso no puede ser”. Debe haber quien administre y controle. Quién premie y sancione.

¿De qué modo distinto al represivo un Estado minado de desigualdades sociales e inoperante en lo relacionado con la generación de las condiciones básicas de estabilidad nacional, puede pretender “ejercer el control” de cualquier fenómeno disfuncional que se presente en la estructura socio económica de la nación?

Pero… ¿si han repartido casas, alimentos, electrodomésticos, artefactos tecnológicos, agotando con ello “todas las medidas posibles para evitar la represión, por qué los pueblos insisten en ser “delincuentes”? Si todas esas “prebendas” no han podido sostenerse en el tiempo, es por culpa de la “guerra económica”, afirman. Así que exigimos “lealtad absoluta”. Probablemente el pueblo, lo que esté pidiendo es “mano dura”, aunque el “puño de hierro” contra la corrupción y la ineptitud gerencial que ofreciera el otrora presidente Chávez en la antesala de su muerte, sea hoy en día un finísimo guante de seda con el cual se “negocia” en las “altas esferas”. En su lugar se proyecta un “mazo” exhibido por uno de los mayores trogloditas de la política chavecista venezolana, allá en donde prolifera la verdadera delincuencia generadora de todos los males sociales: la corrupción y la venalidad de los funcionarios públicos.

Sin embargo, es necesario edulcorar la píldora. Y allí están los medios y los “miedos” para aligerar el trabajo de manipulación.

Es así como sin aún quitarse la careta de “socialistas” (aunque cada día la exhiben menos, llegando a sustituirla por la expresión de “territorios para la paz”, eufemismo alusivo directamente a la premeditada operación de exterminio de grupos que están fuera del “control del Estado”, que comenzó con la masacre de Quinta Crespo en la cual cayó ajusticiado impunemente Odreman y sus compañeros) el actual gobierno chavecista del presidente Maduro proclama su última panacea para resolver la situación de inseguridad que se vive en el país (porque ahora resulta que se convencieron que no era un asunto de “percepción de la realidad” auspiciado por los opositores, sino que era real. Antes tuvieron que tirotearles y coserles a puñaladas a sus propios peones del tablero politiquero, para que entraran en razón).

Se trata de las OLP (Operación Libertad y Protección del Pueblo), mecanismo represivo del Estado seudo socialista para suspender las garantías constitucionales en las zonas más vulnerables del territorio venezolano, sin causar mayor impacto mediático, en el ámbito nacional, pero sobre todo, internacional. La mentalidad de los dominados, por supuesto, celebra estas incursiones, casi con tanto fervor como las personas de pensamiento de derecha, para quienes la existencia de los pobres siempre será una amenaza potencial para sus privilegios.

Mediáticamente, estas operaciones son todo un “éxito”. Han logrado capturar a los prófugos más antiguos del crimen organizado, y han llevado “la paz y la tranquilidad” a sectores populares que estaban atemorizados, según cuentan, por el hampa común y el crimen organizado.
Lo cierto del caso es que los medios nacionales y la prensa en general no están reseñando lo que realmente está ocurriendo en estos operativos. Sólo nosotros, los de abajo, conocemos la otra cara de la historia oficialista.

En los Operativos de las OLP, todos nosotros somos sospechosos de ser “bachaqueros” y/o delincuentes. Todo depende del lugar donde vivamos o transitemos. Todo depende de nuestra clase social y todo lo que ella lleva implícito: forma de vestir, actuar, pensar… Todo depende de nuestro color de piel y del grado de redes familiares y/o amistosas que tengamos con el poder. Todo depende de que un mal día no nos demos de narices con el poder y la autoridad de un policía, un guardia nacional o un funcionario del Sebin de mal talante. Todo depende.

Quedan suspendidos los derechos humanos en las barriadas populares, con la tenaz asunción de las OLP, mecanismo idóneo del socialismo del siglo veintiuno para darle tranquilidad al “pueblo venezolano”. Y uno se pregunta: ¿Es que alguna vez existieron los derechos humanos en las barriadas populares o en las zonas rurales? No, pero ya no puedes dar el tradicional grito del cerdo, camino al matadero. Allí está el poeta Tarek William Saab para asegurarse de ello, e ir por el mundo entero proclamando nuestra democracia a prueba de guarimbas y guerras económicas. Y quien diga lo contrario, es sospechoso de traición.

La próxima vez que celebres una incursión de las OLP en zonas humildes del pueblo venezolano, piensa que en cualquier momento el blanco puedes ser tú,  que habrá quienes celebren el éxito de esta nueva versión del “plomo al hampa” erigida por gobiernos que sólo anuncian socialismo mientras promueven medidas neoliberales. Y que entonces, será bastante tarde para que hables de organización y unidad popular.



Amor de piel sagrada


Gladys Guevara
Abril 2017

Amor de piel sagrada

Yo habito un territorio de piel sagrada,
en donde el amor es conquista.
Dominio y pérdida.
Un lugar de nervios aferentes
de puro goce sensitivo,
múltiple en cada batalla.
Triunfo y rendición.

Yo habito un territorio de piel sagrada,
que se inunda de cántaros de agua:
Semen de ciruelas
Fluidos
Y ya no sé si es su piel o la mía,
La que exuda
La que tiembla.
Se conmueve
Y  se ovilla entre sábanas.
                       
                Biorritmo

Amanecí trenzando dolores viejos
entre mis cabellos encanecidos,
y juntando mis muslos y los tuyos
enfebrecida de labios,
sedienta de tu boca.
Pero tú no estás.
Duermes.
Y ya yo no sé cómo apagarme
Derretirme sola.
Sucumbir
Para dejar que sueñes.
Por fin.
                
                    Mi viejo esqueleto

Húmeda
Hambrienta
resbalo por tus espacios
a puro sabor de ciruelas
Y te veo:
embriagado
extasiado de piel y labios
cantando una canción sobre mi cuerpo.
                                                                                         
                                                                                                       Mi otra piel, de nuevo...

Al borde del deseo,
y nos escuchan.
No gimo.
Inmóvil sobre ti.
Despacio, sí, despacio.
Ya casi llego.
Afuera llueve y la ciudad insomne
enmudece dentro de mí,
en una explosión de caricias.

                 Redimida

No apagues la luz
que quiero verte
hurgando feliz en mis oquedades
Bello y feroz,
contendor del placer,
no te detengas.
Sólo un testimonio de tu piel
Sólo uno no más,
y estoy a salvo.


martes, 25 de agosto de 2015

La «Razón de Estado» en los gobiernos «progresistas»




 Por Gladys E. Guevara


“Sólo el silencio es vergonzoso” Letra de la Balada de Sacco y Vanzetti de Joan Báez.


A lo largo de la historia del ser humano y más específicamente a partir del desarrollo y auge del capitalismo en el mundo, el mayor aliado para su expansión y consolidación ha sido, ciertamente, la aparente confrontación entre adversarios políticos, expresada en conflictos y guerras, las cuales han desangrado a buena parte de la humanidad y han consolidado el actual orden mundial. Pareciera como si el sistema  globalizado de dominantes y dominados que rige al mundo, encontrara en las confrontaciones, y más específicamente en sus eventuales “adversarios” de turno, las mejores piezas del ajedrez para mantener en suspenso un juego, y permitir que el ritual sea practicado por generaciones y generaciones de hombres y mujeres, quienes dicen detestarlo y querer abolirlo, pero terminan actuando, a mediano y largo plazo, con la misma lógica que dicen combatir.

Entrar en el juego, en calidad de aliado o “combatiente del sistema”, asegura el apalancamiento y reimpulso de la cabeza de la Hidra, que no cesa de reproducirse bajo la mirada impávida de la humanidad, que ya la cree natural, inherente al ser humano.

Muchos pensadores del fenómeno afirman con sobrada razón que la fuente del mal subyace en las formas de asociación que ha adquirido la humanidad en su aparente “evolución”, y que hoy conocemos como “Estados”. Ya a finales del siglo diecinueve el apóstol de la independencia cubana, José Martí, reflexionaba esta situación en los siguientes términos:


«Esa futura esclavitud --decía Martí--es el socialismo» Y añadía Martí, profetizando lo que pasaría en un estado socialista: «Todo el poder que iría adquiriendo la casta de funcionarios, ligados por la necesidad de mantenerse en una ocupación privilegiada y pingüe, lo iría perdiendo el pueblo que no tiene las mismas razones de complicidad en esperanza y provechos, para hacer frente a los funcionarios enlazados por intereses comunes. Como todas las necesidades públicas vendrían a ser satisfechas por el estado, adquirirían los funcionarios entonces la influencia enorme que naturalmente viene a los que distribuyen algún derecho o beneficio. El hombre que quiere ahora que el estado cuide de él para no tener que cuidar él de sí, tendría que trabajar entonces en la medida, por el tiempo y en la labor que pudiese el estado asignarle, puesto que a éste, sobre quien caerían todos los deberes, se darían naturalmente todas las facilidades necesarias para recabar los medios de cumplir aquellas. De ser siervo de sí mismo, pasaría el hombre a ser siervo del estado. De ser esclavo de los capitalistas, como se llama ahora, iría a ser esclavo de los funcionarios. Esclavo es todo aquel que trabaja para otro que tiene dominio sobre él, y en ese sistema socialista dominaría la comunidad del hombre, que a la comunidad entregaría todo su trabajo. Y como los funcionarios son seres humanos y por tanto abusadores, soberbios y ambiciosos, y en esa organización tendrían gran poder, apoyadas por todos los que aprovechan o esperaron aprovechar de los abusos, y por aquellas fuerzas viles que siempre compra entre los oprimidos, el terror, prestigio o habilidad de los que mandan, este sistema de distribución oficial del trabajo común llegaría a sufrir en poco tiempo de los quebrantos, violencias, hurtos y tergiversaciones que el espíritu de individualidad, la autoridad y osadía del genio y las astucias del vicio originan pronta y fatalmente en toda organización humana... El funcionario autocrático, abusará de la plebe, cansada y trabajadora. Lamentablemente será, y generará la servidumbre».


Y hago mención de Martí mártir de la independencia cubana, y el menos sospechoso de abrazar ideas a favor del sistema capitalista para recuperar con ello el señalamiento claro de los anarquistas en torno al papel del Estado como problema principal en el devenir social de la humanidad. 

Y no servirá de nada que se le adicione calificativos de progresista, ni que se invente una retórica que diga que avanzamos de una democracia representativa hacia una democracia participativa. La realidad impacta sobre el ardid manipulador de un lenguaje seudo revolucionario. Varios países nuestramericanos caímos en la trampa del socialismo del siglo veintiuno, y creímos en un conjunto de líderes surgidos en distintos puntos de nuestra geografía abanderados por una supuesta “espada bolivariana”. 

No se trata, no, de que el pueblo llano que acompañó estos procesos no esté en lo cierto, que no haya sabido “cumplir con su papel”, que no se entendiera el «legado» de tal o cual mesías político… Volvimos a ser traicionados, porque hemos seguido creyendo en las bondades de los Estados y de los gobiernos «progresistas» o mal llamados «socialistas», los cuales en el fondo sólo proyectan, como bien sostiene el compañero Francisco Sierra Corrales, un social cristianismo retardado. 
Gobernar territorios neocolonizados ofreciendo emancipación, es tarea de malabaristas del lenguaje, quienes tarde o temprano terminan por mostrar sus costuras y sus contradicciones, para arribar a escenarios que sólo pretenden “controlar” con base en mecanismos represivos, los cuales también justifican alegando siempre “razones de Estado”. Y en este sentido, creo que en el caso venezolano, si el Presidente venezolano Hugo Chávez se mantuvo tanto tiempo en el poder, no sólo se debió a que el petróleo siempre disfrutó de una aceptable cotización en el mercado, y que él destinó buena parte de los recursos que ingresaban por este importante rubro, para paliar las profundas carencias del pueblo pobre, sino también a la torpe oposición que hicieron sus detractores políticos, quienes en su errático accionar impidieron que las mayorías pudieran advertir el fraude que significaba la oferta seudo socialista del gobierno chavista, y ahora madurista. En toda aparente contienda de “buenos” y “malos”, que impida el pensamiento crítico y la observación integral de la realidad, el capitalismo saldrá vencedor.

Igual suerte que la venezolana quizás el futuro le depare al pueblo de Ecuador, y quizás también al de Bolivia, aunque en ambos países pareciera haber prevalecido una mayor cordura en el manejo de recursos públicos. ¡Nada que decir de Nicaragua, por supuesto! Tampoco de Uruguay con la gran farsa del presidente-pobre, quien con su “sabiduría mediática” le entregó el país a las trasnacionales de alimentos transgénicos. Ni de Argentina, en donde su Presidenta siempre ofreció impulsar “un capitalismo en serio” y ahora enfrenta naturalmente un peligroso proceso inflacionario, acechado también de escándalos y corruptelas; ni nada que agregar de Chile y los dos períodos de Bachelet; ni sobre  Brasil, en donde Lula Da Silva y Dilma Rousseff (presidente-obrero y presidenta ex guerrillera, ambos identificados como “izquierda”) sólo actuaron como conspicuos gerentes del neoliberalismo, sin cuidarse de guisos dentro de la administración de bienes públicos ni de represiones policiales en sus respectivos gobiernos.

Por ello, repito, cobra natural lucidez el enfoque anarquista de Luis Di Filippo, cuando a principios del siglo veinte publica su ensayo: “El fetichismo del Poder” y afirma: 

“Es que se ha identificado la conquista del Poder con la Revolución como si fuesen la misma cosa. Manera bastante infantil de reducir a términos de simplicidad minúscula un problema de complejidad mayúscula. 

No es el Poder, sino la Sociedad lo que se debe «conquistar» para la revolución; pero si es posible conquistar por asalto el Poder, no es posible conquistar la Sociedad del mismo modo. Al Poder se puede llegar audazmente por un atajo; a la Sociedad solo se le conquista, o transforma o renueva, transitando un largo, paciente, quizá sinuoso camino.

El drama de los revolucionarios que han conquistado el Poder es que para mantenerse en él no pueden prescindir del aparato burocrático centralizado, ni del militar imponente, ni del policial implacable, consiste en que a medida en que el tiempo transcurre se hace más tajante el divorcio entre la Sociedad y el Estado, pues se cristalizan los aparatos provisorios de dominio con destino de perennidad. Lo que equivale a decir que más está en auge el estatismo que el socialismo, términos que tienden a confundirse maliciosamente, pues el dominio del Estado sobre la Sociedad es el imperio de la parte sobre el todo, dominio que por su índole tiene que ser fatalmente violento tanto en sentido moral como físico”.


Leyendo a Luis Di Filippo necesariamente nos preguntamos si no fue estatismo y no “socialismo”, lo que se consagró en Venezuela y en el resto de nuestras tierras nuestramericanas. No podría responder por lo que  ocurre en aquellas tierras hermanas, pero de estas sufridas tierras caribeñas, puedo decir:
Por razones de Estado la prensa oficialista debe vender la matriz de opinión de que la actual situación se debe a una “guerra económica” desatada por el imperio. Por razones de Estado, en Venezuela se desató una oleada sistemática de ajusticiamientos que son presentados ante la opinión pública como enfrentamientos. Por razones de Estado se cierran las fronteras con Colombia, y se castiga a la población más vulnerable que vive en tierras fronterizas. Por razones de Estado, el psuv escoge sus candidatos a dedo, y luego los impone con el ardid mediático de que fueron aclamados por las mayorías. Por razones de Estado, la traición no puede ser televisada, ni difundida en radios alternativas financiadas por el gobierno, ni por impresa en ningún periódico o publicación “revolucionaria”, so pena de quedarse sin papel… (“Por ahora…”, porque a juzgar por el tinte que han venido asumiendo ciertas situaciones, podrían empezar a despojarnos de otras cosas más “esenciales”).

Por razones de Estado, no hay que andar por allí haciendo críticas, no vaya a ser cosa que a algún “patriota” se le ocurra también como deber “nacionalista”, pasar del plano de los insultos y las ofensas enviadas a nuestros correos electrónicos, (caso del señor Jesús García Luengo jesusgarl@gmail.com, a quien le informo que ya no abro sus groseros correos insultándome porque pienso distinto a él, y que se ahorre el tiempo que pasa garapateando ofensas) al plano de la violencia física y las desapariciones forzosas.

Y a quienes critican la crítica cuando no viene acompañada de una solución, les digo: No hay recetario. Los engañaron si alguna vez le dijeron que lo había, y que formaba parte de un “legado”. Nada nuevo y útil será posible dentro de las instituciones del Estado. La única alternativa es la construcción de comunas; pero no las que nos prescribió el chavismo con sus leyes discrecionales y burocratizadas, sino las que surjan de los propios intereses de las personas dispuestas al intercambio y la convivencia en comunidad.  Y eso habrá de ser un día en el cual se redima la inteligencia humana, y esta especie pueda trabajar al fin en función de evitar su inexorable  extinción.