viernes, 23 de diciembre de 2011

Navidades del 2011

Mamá…

¡Transcurre aún el tiempo, vieja, por aquí! Llueve ahora más seguido, y ya no son de mayo las orquídeas ni los mangos que tanto te gustaban. Todo es un poquitico más feo y hostil que cuando partiste. Se extingue la naturaleza en nombre de un progreso que todavía no llega a disminuir la enorme brecha entre los seres humanos. Y el hombre, preso del placer y las ansias de existir para el consumo, insiste en colocar sobre sí mismo y sobre los hombros de su progenie, la misma pesada roca con que los dioses griegos castigaron a Sísifo.

Ahora todo eso creo que está claro a tu comprensión maravillosa, vieja, porque dejaste atrás el tiempo como eterno cancerbero de tus pasos, y miras estos espacios con perspectiva plena de conciencia. Sé bien que esa fabulosa habilidad te pertenece porque así te sueño siempre que me permites penetrar subrepticiamente en esa nueva forma de vida que adquiriste.

“La casa es uno mismo, la casa es uno mismo…” ¿Te acuerdas? Yo nunca lo olvido. Viajo siempre con esa maravillosa sensación de unidad que sólo surge de la experiencia de caminos recorridos y del balance vital bajo la sombra de muchos árboles y el rumor de muchos ríos de cauces aún inaccesibles para la codicia humana.

Jose: Cumplimos aquí un ritual siniestro en donde todos quieren existir, pero en donde nadie vive, porque el aire cada día se nos enrarece más, las lluvias o el sol inclemente se ensañan contra los más vulnerables, mientras cotidianamente vagamos asustados temiendo que otros nos quiten el aliento o los objetos que creemos haber obtenido para nuestra felicidad. Y asidos a una vida pesada y gris cuyo único señuelo -en el mejor de los casos- es el trabajo para la superación personal o familiar, seguimos cumpliendo años y celebrando cada once meses, las mismas navidades…

Las navidades. También ellas se hicieron -al menos para nosotros, los tuyos, los que dejaste en este inmenso laberinto existencial- cada vez menos festivas… Se fue también contigo la pequeña alegría de la navidad, alimentada de tus habilidades culinarias, tus afectos y tu avidez por los encuentros familiares. Todo cambió irremediablemente, viejita linda, sin ti.

Sin embargo, siempre, y en especial en las navidades, afortunadamente todos – ¡o casi todos!- te recordamos con un solo sentimiento que espero rebase las distancias y las diferencias que siempre surgen entre tus hijos, hermanos, nietos y sobrinos… para que pueda ese afecto purísimo e incomparable irradiar a todos armonía y la necesaria sabiduría para hacerse, en cada una de sus pequeñas familias, tan amados como una vez lo fuiste tú en vida…

Enorme privilegio ese del amor incondicional. Tú me lo inspiraste siempre, vieja. Rebasé distancias y dificultades para llegar hasta ti, para cuidar tu último tránsito y para beberme completica tu mirada y tus palabras sabias antes de la despedida. Sabía que en ella se jugaba también la mía. Moría yo también, y eran mis hijos los que ahora me lloraban. Y yo, como tú, inmensa, fabulosa… entraba en sus cuerpos con dulzura, paciencia y constancia. Y me hacia eterna.

Y sé que este tiempo enfermo cesará, y que así como tú entraré en ese espacio maravilloso en donde no hay instantes sino recuerdos.

Gracias a ti hoy tengo la oportunidad de abrazar a mi gente: a los consanguíneos y a la familia causal que me regala la vida; pero mañana, al final del camino, sé que también gracias a ti, viviré en ellos, y podré mirar a través de sus ojos y hablar a través de su verbo.

Por eso me ovillo en navidad y vuelvo a tu vientre. Guardo silencio y escucho la vieja palabra de los abuelos.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Las ciudades interiores y los espacios de la melancolía en Teresa de la Parra

Bajo la escritura limpia y precisa de Fernando Guzmán, Teresa de La Parra vuelve a hablarnos desde aquel espacio-tiempo que ella reconstruyó para re significar su realidad y la de los suyos, vuelve a manifestar su insatisfacción por las convenciones sociales, a sufrir la vitalidad perdida, a aislarse de lo profano en un sanatorio para tuberculosos y a diluir su dolor en el acto creador. Ahora bajo la mirada de un crítico que se afana en percibir regularidades, y que categoriza la expresión verbal de la escritora para describir un espacio vital, que en el caso de la producción artística, trasciende lo individual para convertirse en auténticamente humano.

Cualquier reconstrucción artística de la realidad hecha a partir de la percepción de mundos psíquicos o “ciudades interiores”, sugiere intenciones que configuran aspectos clave en la vida del escritor, ya que la naturaleza del hecho literario es social, y surge de la tendencia innata de los seres humanos para conferirle sentido a su realidad y a la realidad de sus congéneres, con un propósito consciente o inconsciente de cohesión grupal.

Por ello hurgar en el génesis del discurso literario es siempre una exploración fascinante que nos devuelve un poco de nosotros mismos. Tal y como lo señala Searle, la forma más simple de un acontecimiento social revela formas también simples de conductas colectivas, las cuales son indiscutiblemente biológicas y actúan siempre como mecanismo de adaptación.

Las ciudades interiores y los espacios de la melancolía en Teresa de la Parra  nos sumerge en un ámbito pocas veces visitado por los críticos, y cuya referencia sólo se formula como anecdotario para aludir aspectos autobiográficos inherentes en las obras literarias.  El ensayo de Fernando Guzmán nos hace cruzar el umbral de lo aparentemente obvio para encontrar hallazgos lingüísticos que no sólo son recurrentes en la producción

artística de la joven escritora venezolana, sino que suelen enseñorearse en los escritos de todos los seres humanos sujetos a una de “las cuatro contingencias descritas por Buda” y referida por el autor de la obra: la enfermedad.

En esta nueva lectura el autor no sólo explora las producciones literarias de Teresa de La Parra, particularmente Ifigenia y Memorias de Mamá Blanca, sino que avanza meticuloso auscultando el diario y las cartas de la escritora para acompañar  y constatar la función epistemológica de la escritura, que en la autora venezolana actúa más que en ningún otro artista de la palabra, como un ritual de adaptación, en virtud de la proximidad de la muerte. Una vez más la literatura, como hecho social intencional, tiende su poder cohesivo, en la medida en que puede convertirse en vehículo de una actitud vital gestada a partir de la persistencia de ciertas condiciones objetivas que estructuran la conciencia.

También corrobora Guzmán en su empresa, el poco alcance de la perspectiva literaria que clasifica tendencias o movimientos artísticos cuando el resorte vital del acto creador entre otros “detonantes” se encuentra fundamentalmente impactado por la enfermedad.

Y he aquí uno de los mayores méritos de la obra Las ciudades interiores y los espacios de la melancolía en Teresa de la Parra de Fernando Guzmán: las implicaciones que este estudio tiene en la asignación de funciones que nuestra sociedad ha venido otorgándole al discurso literario, y que pudiera estar condicionando la forma en que actualmente hacemos mediación de los discursos literarios, y en consecuencia, producimos el acercamiento o distanciamiento de los colectivos sociales al sistema institucional que se ha erigido en torno a la comunicación literaria.

Y precisamente en el marco de la comunicación literaria, quizás la visita que Guzmán hace a una escritora tan afamada y de quien tanto se ha dicho y se ha escrito, tiene mucho de hazaña y osadía. Hablar de su escritura bajo el prisma de la enfermedad, no es otra cosa que rescatar la intencionalidad colectiva intrínseca de la que la nos habla Searle en una de sus  última obras, La construcción de la realidad social, y la cual constituye según el filósofo y lingüista norteamericano, una de las principales condiciones para que un hecho social logre institucionalizarse.

Rescatar la literatura como acto de habla ritual que lleva inmerso un sentido de adaptación y de cohesión y reinstalar una lógica comunicativa de carácter literario, en donde la obra literaria sea expresión de lo universalmente humano bajo el uso diverso de los símbolos socio-culturales y las metáforas que somos capaces de construir, son tareas en las cuales la crítica y la teoría literaria tienen mucho que explorar y mucho que decir aún. Por eso, la obra que hoy nos entrega Fernando Guzmán constituye no sólo un acierto retórico de carácter argumentativo, sino también una contribución fresca y auténtica que permite una aproximación seria a los vínculos entre los procesos orgánicos patológicos de los seres humanos y el acto creador.

Queda aún abierto el sendero para que desempolvemos los viejos catalejos y comencemos a acercarnos a ese espacio aún no revelado de la interioridad humana que constituye la creación literaria. Y quizás haga falta hacerlo con esas herramientas primarias que la humanidad construyó, alejados del aparataje tecnológico que nos ha vendido el progreso contemporáneo, porque el origen del acto verbal creativo y esencial, es quizás una de las acciones más sencillas de las que todos los seres humanos podemos ser portadores.

Fernando Guzmán nos lo demuestra en esta sencilla pero profunda aproximación a los procesos de producción escritural de nuestra Teresa de La Parra.


LOS POSTULADOS MARXISTAS EN LA EXPLICACIÓN DEL DESARROLLO DE LA SOCIEDAD VENEZOLANA

La teoría marxista -como sistema de proposiciones lógicas que explica el desarrollo de la sociedad capitalista, y es capaz de predecir y ejercer control sobre los fenómenos que identifica- debe indiscutiblemente ofrecer los fundamentos para que una vez asimilados plenamente sus postulados, pueda suministrar los elementos suficientes y necesarios para que los colectivos sociales podamos ser capaces de contextualizarlos en el escenario geopolítico de la Venezuela actual.

Para ello es incuestionable la necesidad de aguzar la observación de los hechos que conforman nuestro pasado y nuestro presente histórico, y de reflexionar y discutir en colectivo todas las implicaciones que estas leyes científicas poseen en el devenir histórico de nuestro pueblo. De esta mirada y esta reflexión en colectivo -libre del mal emergente de una retórica postmodernista- pudieran emerger distintos sistemas de aplicaciones prácticas para la superación de muchas de las situaciones que enfrenta nuestra nación.

La lectura, por ejemplo, de un libro como Bolívar. Acción y utopía del hombre de las dificultades de Miguel Acosta Saignes debería ser lectura sugerida para cualquier discusión con sesgo en los procesos de lucha de clases que se han venido generando en tierras venezolanas, en la medida en que contribuye con la importante tarea de ofrecer una visión en perspectiva, lejana a la desfragmentación anecdótica que padecimos en las cátedras de historia de Venezuela ofrecidas a través de las instituciones escolares.

No se trata de revisitar la historia con afanes románticos ni patrioteros; la tarea es explicarnos cómo tuvo lugar la lucha de clases que libró la sociedad colonial de finales del siglo dieciocho y principios del diecinueve, y de evaluar qué otras formas de opresión se erigieron a partir de entonces. De allí la importancia de este tipo de investigaciones, las cuales bajo perspectivas marxistas se desprenden de lo puramente histórico y encuentran apoyo en la antropología y la teoría económica.

Acercarse hoy al marxismo en aras de su reactualización, es un deber de todas aquellas personas que conspiran auténticamente por la sobrevivencia de la humanidad, en momentos en que ésta pareciera estar condenada al exterminio como consecuencia de la práctica de un sistema fundamentado en la opresión y la injusticia social.

Y en este punto tiene especial cabida la afirmación de Popper (1996) en el sentido de que el conocimiento consiste en la búsqueda de la verdad y no de la certeza. Buscar la verdad  bajo la premisa de que todo conocimiento humano es falible, susceptible a error, configura una perspectiva intersubjetiva de la realidad, y por ende, un concepto de permanente estudio, de trabajo en equipo y de búsqueda sostenida de teorías explicativas que no sólo den razón de la forma en que se establecen y funcionan ciertas relaciones, sino que también contribuyan predictivamente en la superación de situaciones problemáticas.

Para realizar esta ingente tarea de reconstrucción de un conocimiento indiscutiblemente científico, es necesario sin embargo redefinir los términos en los que hemos venido comprendiendo la ciencia, los desarrollos teóricos y las perspectivas de investigación desde las cuales se han venido formulando. Ello nos lleva, en consecuencia, a evaluar el nivel de eficiencia con que algunas aportaciones han pretendido dar respuesta a los fenómenos sociales del mundo, y más específicamente, al sinnúmero de escenarios que han emergido de la realidad de Nuestra América.

En este sentido, y como producto de mis prácticas como educadora durante las últimas tres décadas, en los subsistemas de educación básica, media general y universitaria, he encontrado siempre la presencia de una limitante. He podido constatar no sólo el eficiente y enajenante papel que cumplen las instituciones en la formación del ciudadano promedio venezolano, sino también el deliberado propósito de la educación informal o de la mal llamada “sociedad educadora” por consolidar disfunciones cognitivas en los individuos para evitar que ejerzan la más sagrada e importante función que todo ser humano debe realizar: la función de pensar.

Víctimas del cada vez más exitoso progreso tecnológico en materia de medios de comunicación, la humanidad aún no ha encontrado suficientes herramientas para combatir el permanente bombardeo mediático, en aras de la “formación de esquemas mentales idóneos” para el progreso de la cultura capitalista. De allí que el ciudadano promedio asuma actitudes superfluas, hipnotizado en mayor o menor grado por el placer y el confort de esa sociedad todopoderosa y de consumo, que lo inhabilita en la mayoría de los casos para pensar con un mínimo de sentido común, o le inhibe en la práctica de actitudes solidarias o cooperativistas, haciéndolo instrumento de reproducción de estos males en futuras generaciones.

Resulta certera la afirmación de Gunn (2006) al expresar que el marxismo ha sido víctima del fenómeno de la transposición didáctica, a través del cual el objeto del saber se transforma para convertirse en objeto a enseñar. Este hecho, por supuesto, no es casual ni inocente. Subrepticiamente se nos ha vendido como una información escolar y escolarizante proveniente de las ciencias sociales, y no como un conocimiento crítico sobre la teoría social y la filosofía tradicionalista, con abiertas repercusiones prácticas. Por ello su desarrollo se ha circunscrito al plano de la retórica, y en no menos ocasiones, las aportaciones teóricas de muchos autores que se consideran marxistas, asumen un discurso declarativo que invita a la  desesperanza, la inacción y  la pasividad.

De estos últimos trabajos destacan también los de caracteres revisionistas. Y en ellos sitúo, en nuestro país, aquellos que se ubicaron mediáticamente bajo el nombre de “socialismo del siglo XXI”, nacidos bajo la sombra de un grupo de “intelectuales” de “nueva era”, los cuales venían acompañados de un lenguaje vago, ambiguo y vacío… Estos escritos pretendieron arrebatarle a los postulados marxistas su carácter problematizador como teoría de lucha de clases, y en consecuencia, sirvieron como un instrumento más para la dominación ideológica de la cual unos somos más o menos  sobrevivientes que otros.
No obstante lo antes expresado, Venezuela proporciona actualmente unas excelentes condiciones para que sus ciudadanos puedan identificar las características de las distintas luchas de clases que se libran en su seno, y traten  en consecuencia, de imaginar y construir nuevas formas de organización que no reproduzcan los males del capitalismo.

Esto ha sido posible, sin lugar a dudas, gracias a la llegada al poder de un líder aliado con las luchas populares, cuyas acciones si bien aún se mueve bajo esquemas capitalistas, han venido desarrollando políticas de avanzada que permiten un mayor número de oportunidades de acceso de los colectivos dentro del proceso de formación de una consciencia política necesaria para la observación y explicación integral de su realidad histórica.

Por ello y en este mismo orden de ideas es necesario destacar el hecho de que el marxismo, como teoría científica, constituya el mayor aporte que la humanidad ha hecho en pro de su posible redención. Leer a Marx, describir su teoría tal y como fue concebida en el espacio-tiempo que le correspondió vivir, interpretar sus postulados como parte de las condiciones objetivas en las que transita el capitalismo; pero sobre todo, identificar –en colectivo- las características de las actuales y diversas formas de lucha de clases, es una empresa digna de la mayor consideración, y para la cual debemos convocar a cada vez mayor número de venezolanos, sin etiquetas elitescas ni requisitos institucionales.

Por ello y porque nuestra sociedad no ha sido formada para el ejercicio del análisis marxista, considero contraproducente colocar trabas para que un grueso número de ciudadanos podamos acceder a talleres de discusión en torno a lo que se considera teoría marxista, y en consecuencia, en la construcción de diversas aplicaciones de este importante conocimiento en una sociedad sujeta a cambios y decidida mayoritariamente a apoyar políticas colectivistas que contribuyan a devolverle su verdadero rostro, y su justa capacidad de reflexión al ciudadano promedio venezolano.

Referencias
Popper, K. (1996). El conocimiento y la configuración de la realidad. En: En busca de un mundo mejor. Barcelona. Paidós. Pp 17-49.
Gunn, R. (2006). En contra del materialismo histórico: el marxismo como un discurso de primer orden. En: Marxismo abierto. Una visión europea y latinoamericana. Caracas: Monte Ávila Editores Latinoamericana C.A. Pp. 105-158 

Reseña al libro Nuevas miradas en torno a Drácula


Cuando como lectores enamorados de la experiencia literaria tenemos la privilegiada ocasión de observar las diversas perspectivas con que se aborda un texto literario de la trascendencia de Drácula de Bram Stoker, pareciera que estamos en la ocasión de ganarles un palmo a los críticos en el afán de reconstruir el entramado orgánico con que una obra literaria palpita y se niega a morir a pesar del tiempo, y lucha silenciosa para no contradecir una verdad intertextual que flota imperceptible frente a otras creaciones literarias pertenecientes a otras culturas y otras cosmogonías.

Tal fue la fibra poderosísima con que el libro Nuevas Miradas en torno a Drácula tejió su urdimbre maravillosa para señalar no sólo un ritual de lectura occidental –tal y como certeramente lo indica el presentador del texto- sino también una invitación espontánea hacia la naturaleza universal de lo literario como mecanismo de aproximación a la complejidad psicológica del ser humano, que es fundamentalmente  desde mi óptica particular, la única razón de resguardo y protección que merece el ejercicio literario hoy en día.

Desde esta dimensión, los diversos abordajes emprendidos por estos lectores críticos de la obra de Stoker, las distintas puertas que abren y dejan entreabiertas provocadoramente, en manifiesta incitación a nuevas lecturas, pertenecen indiscutiblemente al advenimiento de una novedosa y necesaria forma de entender la literatura, y de impedir – a tiempo- su muerte definitiva merced al desarrollo creciente de una humanidad intencionalmente encaminada hacia la pérdida de su capacidad de reflexionar sobre sí misma.

En mi lectura de Nuevas miradas en torno a Drácula, huyo de la anécdota y de la de la fantasía para rescatar el ejercicio crítico que sobre la literatura siempre descansa en la concepción mítica del hombre. Por ello reclamo en la aventura de su lectura, la razón de ser y la funcionalidad del hecho literario.

La literatura ha constituido desde su origen una construcción simbólica surgida de la interiorización y transformación de la realidad,  reflejando en cada época o período de la historia humana, su  particular y determinado espacio-tiempo perceptivo, lo que la ha hecho portadora de una habilidad particular para intuir, revelar –y hasta predecir- los espacios más recónditos de nuestra naturaleza biológica y social. En consecuencia, su lectura opera como un sistema de mediación cultural de impresiones cognoscitivas en las cuales se establece una dependencia funcional entre el pensamiento relacional y el pensamiento simbólico sugerido por un texto literario.

De allí que el acercamiento de los seres humanos a la literatura, no sea otra cosa que un mecanismo eminentemente social que permite trazar rastros fisiológicos en la memoria a largo plazo y substratos estables de memoria inmediata en los individuos receptores, los cuales lo capacitan para percibir propiedades inherentes al texto literario, y en forma progresiva, una visión integral de los fenómenos socio-culturales de su época y de otras épocas reflejados en las obras artísticas.

En la medida en que ejercitamos esa habilidad de lectura integradora de nuestra consciencia histórica a través de la literatura, pareciera que exploramos con mayor grado de agudeza y pericia nuestro propio mundo interior, rescatando esas verdades universales que borran etnias y nacionalidades, y nos devuelven nuestra única y maravillosa condición humana.

Nuevas miradas en torno a Drácula vuelve a escanciar la odre de aquel texto literario, dejando fluir el significado mítico de su trama de finales del siglo diecinueve, en el transcurrir histórico de algo más de una centuria, y constituyéndose en fuente reveladora de grandes temas universales que exploran desde las diversas y divergentes fuentes del conocimiento humano, el papel evolutivo de la mujer en las manifestaciones literarias, el erotismo como expresión de la tensión entre discontinuidad y continuidad humana, el carácter lúdico de la lectura en la reconstrucción de su estructura, la psiquis humana en su dimensión patológica y racional, hasta la exploración de las relaciones entre lo verbal y lo icónico en la producción de Drácula en adaptaciones de historietas.

Maravillosa fermentación. Extraordinaria hazaña de lectura que postula la verdadera funcionalidad del fenómeno literario.

lunes, 11 de julio de 2011

A tus 18 años y a las lágrimas que en el umbral de ellos derramaste

Creo que nada hay más importante en este mundo, cuando de crecimiento humano se trata, como el mirar atrás y observar el camino recorrido. Es maravilloso poder hacerlo cuando se dispone de las herramientas suficientes para ello, y cuando el camino -como siempre ocurre en la mayoría de los seres humanos- te ha brindado coherentes y sucesivos mensajes que has logrado descifrar a tiempo.

Confieso que nadie me ha enseñado tanto en los escabrosos senderos de mi vida como lo han hecho mis hijos y mis amigos. No hay maestros más eficaces que ellos, porque unos y otros acompañan toda tarea que emprendes: los hijos, como jueces silentes de tus decisiones, y en consecuencia, en condición de compromiso parental ineludible que te lleva a calibrar concienzudamente todo paso que das; y los amigos, en esa mágica y celestial manera de escuchar y decir la palabra necesaria que siempre te salva, que siempre te devuelve la vida…

Los padres pueden llegar a ser sólo eso, o convertirse adicionalmente en tus amigos. Entonces la experiencia es aún más hermosa, y el recorrido, infinitamente más productivo desde el punto de vista de la trascendencia humana. La armonía con los padres es la mejor señal de crecimiento evolutivo.

Mariana: yo los he amado con igual intensidad y de una forma infinitamente particular a cada uno de ustedes. Y digo que en forma diferenciada, porque las circunstancias en que pude desplegar mi acción filial, fue diversa. Quizás uno de ustedes, con sus características particulares y sus choques con la vida, ha hecho posible que mi instinto de protección florezca con mayor profusión que en otros que no lo han requerido, o que yo haya exagerado mis regaños en la formación de otro.

De todo eso me doy cuenta – de manera integral- cuando miro atrás y evalúo mi actuación. Pero como humanos y como padres, no nos está dado por ahora ese pensamiento inteligente que nos permitiría avizorar todas y cada una de las consecuencias de nuestras actuaciones en los frágiles espíritus de nuestros hijos. Menos aún a mí, Nana querida, que he tenido que lidiar duro y sola en la difícil tarea de formarlos.

Sé además que esas debilidades que me han llevado a dar la impresión en alguno de ustedes que quiero más o menos a uno u a otro, es una astilla que llevan clavada en el corazón, y que a veces -y ante el más leve movimiento- sangra.

¡Cómo quisiera disipar ese y cualquier sentimiento doloroso que yo pueda haberles ocasionado! Pero sé que sólo será posible cuando ustedes tengan ocasión de echar la vista atrás y calibrar sus propios recorridos. Entonces quizás las lágrimas de ayer en el umbral de tus dieciocho años, te hagan sonreír, y pensar en la infinita felicidad que nuestra familia, pese a naturales percances y vicisitudes, alcanzó a construir.

Sé que buena parte de tus lágrimas tienen asidero allí… Y la otra porción, en tu miedo a vivir. Por eso quise hoy escribirte y contarte un poco cómo la coherencia vital de nuestras acciones, puede arrojar ese saldo positivo que te permita sonreír cuando evalúes cada tramo de tus recorridos.

En ellos verás infinidades de errores, y en el que los percibas estará precisamente la magia del crecimiento. Decisiones extemporáneas, malas selecciones, falta de previsión, equívocos circunstanciales, ruidos comunicacionales… Y quién sabe qué cúmulo inmenso de enredos en los que los seres humanos solemos estancar nuestros pasos y aferrarnos absurdamente sin permitirnos una explicación racional y objetiva de cada suceso, la cual haga posible que no exista problema alguno y que continuemos la marcha.

A veces, hija, me ha tocado reconocer que algo me duele, sólo porque afecta mi ego. Darme cuenta de eso no ha sido fácil. Construyo mil argumentos en mi defensa, pero mi conciencia inexorablemente me señala la verdad de mi condición humana, en ocasiones egoísta… ¡Ah! Pero entonces es cuando más me conozco, más converso conmigo misma y más trato de darme ocasión de observar la situación desde una perspectiva distinta a la mía. Por eso puedo acercarme a las personas, zanjar disputas, reconocer errores… y seguir la marcha.

Al final, Mariana, y a mis casi cinco décadas de vida, he comprendido que libramos una batalla desaforada por llegar a conocernos, y cuando apenas lo estamos logrando, aún tenemos abierta una batalla no menos hercúlea en la convivencia con el resto de los seres humanos, y en consecuencia, con los compromisos asumidos con y desde el colectivo. Nuestro trabajo, nuestras convicciones ideológicas…

Pero es maravilloso vivir y poder dar cuenta de ello. Es maravilloso tener hijos y sentirlos tus amigos.

Ustedes tres han sido el mejor regalo que la vida haya podido darme como instrumento de crecimiento personal. Yo he logrado conocerme gracias a ustedes, y gracias a todos esos amigos que a veces han estado dentro de mis propios consanguíneos, pero que en la mayor parte de las ocasiones los he hallado en el huracán imponente del destino, ofreciéndome siempre un hombro, una mirada, o tan solo una palabra de aliento.

Que la vida te depare siempre amigos, que por ellos siempre sea hermosa tu existencia, y que alguna vez cuando yo ya no esté físicamente a tu lado, puedas detenerte, mirar hacia atrás, observar el camino que hicimos juntas, y sonreír satisfecha sintiendo que tuviste en tu madre la mejor amiga del mundo.

Yo siempre te miraré feliz y orgullosa de quién eres y de quién seas… Feliz cumpleaños, hija.

10 de julio de 2011

martes, 21 de junio de 2011

¿Por qué los maestros, por muchos, no han sido los luchadores sociales más consecuentes en Venezuela?

Leer al camarada Echeverría relatar las décadas de luchas de los educadores mexicanos en favor de las causas populares, me produce -cuando menos- una cierta dosis de vergüenza, pues si bien jamás he sido una educadora neocolonizada, como muy bien caracterizó Luis Bigott este tipo de actitud y tendencia educativa enajenante, y siempre he tratado de unirme a las luchas de los sectores más desfavorecidos, jamás pude activar ningún tipo de iniciativa de carácter colectivista y revolucionaria con el concurso de mis colegas. 

Creo pertenecer, al igual que la mayoría de los educadores de este país, a lo que los expertos llaman el estrato social bajo o medio bajo de la población venezolana. Mis padres, al  igual que muchos de los padres de mis colegas, eran personas humildes que emigraron de zonas rurales para trabajar, y luego criaron a sus hijos en la región central del país en un intento por darles “un mayor margen de posibilidades socio-educativas”. Lo cierto es que mi generación fue bombardeada por aquel Mago de la Cara de Vidrio que inmortalizó Eduardo Liendo en su relato.  MI generación fijó en sus conexiones neuronales la cultura del show que para entonces era exclusividad de Venevisión y RCTV. 

Así que, camarada Echeverría, parafraseando en forma angustiosa su escrito, y a modo de autocrítica, podría afirmar lo siguiente:

·         En Venezuela, como en todos los países hay sectores que se han distinguido por sus luchas sociales, pero jamás el gremio educativo venezolano, en forma cohesionada y contundente, ha asumido las banderas de las luchas populares. Muy al contrario, muchos de ellos creen pertenecer a la “clase media”, en virtud de que ya no egresan de la Escuela Normal, como era costumbre en las últimas décadas del siglo pasado, sino que ahora lo “forman” o “deforman” en la universidad, y adquieren títulos de pre y postgrado obtenidos -dicho sea de paso- en formas cada vez más cuestionables, a juzgar por la calidad de los docentes que egresan, del terrible desempeño de los docentes formadores y de los diseños academicistas y castrantes de las instituciones pedagógicas de nuestro país.

Si alguna vez los gremios educativos han levantado la voz, ha sido en favor de sus muy particulares intereses, disfrazados la mayor de las veces, de una “falsa preocupación” por el estudiantado. Y esta actitud del gremio no ha sido revertida jamás por la bases magisterial, la cual no ha encontrado siquiera un grado de organicidad que le permita sentar una postura clara frente a uno u otro hecho de la realidad política, social o económica de nuestro país, y actuar en consonancia. La mayoría de los docentes venezolanos no conoce la historia de su país, mucho menos de su región o de su comunidad, y si usted le formula algunas preguntas en las cuales deba emplear conocimientos socio-históricos, eludirá el tema diciéndole que a él o a ella no le gusta la política.

·         Las escuelas normales venezolanas desaparecieron en los años setenta, y si bien ellas nunca tuvieron -como en México- un carácter nacionalista y contextual, adecuado a los rasgos políticos, sociales, económicos y culturales de la población a la cual atendían, tenían como principal premisa educativa la formación de “ciudadanos” para la nación. Indudablemente que ese “ciudadano” era el ciudadano “cumplidor de normas”, no importa lo injustas o inadecuadas que fuesen; pero el sistema educativo normalista fue concebido para el desarrollo de habilidades de carácter actitudinal y el desarrollo de valores en el escenario pedagógico de entonces. De allí que para los fines y el contexto en que fue concebida, resultase más eficiente que la que ahora tenemos a través de nuestras flamantes instituciones universitarias.

·         Al igual que usted, camarada Echeverría, jamás vi en el ejercicio de la función educadora una actividad laboral bajo un criterio estrictamente remunerativo. Sin embargo la realidad socio económica de mediados del siglo veinte y principios del veintiuno es que se estudia para ingresar al aparato productivo y que los índices académicos de ingreso a una carrera en el área educativa aquí en Venezuela, son unos de los más bajos. De allí que la educación ciertamente sea una profesión para pobres, porque somos nosotros los que sufrimos las mayores disfunciones del sistema social y del sistema educativo, y los que por lo general tenemos las mayores lagunas mentales para el momento de someternos a una “prueba interna” o a una “competencia de índices”. Estudiamos, no lo que queremos, sino lo que podemos. Y por lo general, lo que se puede es ser maestro o profesor. Sufrimos además de alucinaciones sociales: reeditamos la estúpida tradición de los mantuanos y sus títulos nobiliarios, y ahora nos empeñamos en un loco ascenso por títulos universitarios que no nos hacen ni investigadores educativos ni mejores seres humanos. Y que por el contrario, nos impiden mirarnos en los ojos de nuestros niños y jóvenes del barrio o de las comunidades originarias, o en las luchas populares de los más humildes trabajadores.

·         En Venezuela, el maestro rural fue en un tiempo el líder de sus comunidades. Pero esas hermosas manifestaciones de identidad social del educador con el pueblo del cual forma parte, hace muchos años quedó atrás. O al menos no son noticia del día a día venezolano. La mató la “sociedad educadora” con la anuencia del sistema capitalista expresado en el Estado burgués. Y como consecuencia de ello, hoy en día los maestros venezolanos pueden ser los seres más descontextualizados de su entorno social, ajenos e ignorantes de los problemas de sus propias comunidades, y eficaces promotores del pensamiento mágico o de las perspectivas subjetivistas y ramplonas que alejan a los individuos de una concepción integral del conocimiento científico. Los maestros venezolanos se han convertido en los promotores y coordinadores del show de fin de curso en donde se hace ovación de la cultura del consumo y de los males heredados del capitalismo.

·         Sin embargo hay que decir que en nuestro país algunos soñadores han hecho esfuerzos ingentes por impulsar los cambios. Pero esos soñadores nunca han estado del lado del poder constituido, y cuando han llegado hasta él, las fuerzas poderosas del Estado oligárquico o burgués los han escupido violentamente. Y si no, revisemos las luchas de Simón Rodríguez. Pero sírvame de ejemplo -más o menos reciente- el Programa Nacional de Formación de Educadores, iniciativa revolucionaria ante la cual el poder omnívoro del para entonces vicepresidente de políticas académicas y rector de la UBV, en pleno auge de una política universitaria incluyente y progresista, reaccionó arteramente desincorporando al diseñador, Profesor Luis Eduardo Leal de las funciones que en calidad de voluntario venía ejerciendo dentro del Ministerio de Educación Universitaria, y destruyendo con ello el diseño inicial de la novedosa propuesta.

·         En Venezuela, los trabajadores más humildes han recuperado sus rostros anónimos.  Ahora son noticia. Siguen, por supuesto las organizaciones sindicales descubriendo sus males, pero avanzan las bases de trabajadores más conscientes, en rescate de las verdaderas conquistas sociales: la justicia, la equidad y el trabajo cooperativo. En todos los rincones vemos gente despierta, presta, dispuesta al combate… No ya por sus elementales necesidades individuales, sino por la convicción de avanzar en la construcción de un proyecto de país concertado a través de ideales democráticos. Mientras una dirigencia avanza por milímetros, los colectivos populares marchan en cuadro apretado. Tampoco aquí, camarada, nos acompañan los estudiantes. Alguna responsabilidad de ello descansa también en la funesta labor del maestro, víctima y victimario en estos lances…

·         También creo que la pasta con que nos formamos los educadores es la misma que modeló al resto de los trabajadores, pero a diferencia de lo que usted afirma sobre la capacidad de resistencia de los maestros mexicanos, no creo que el origen humilde de casi todos los maestros y profesores de este país les haya impedido traicionar la clase social de la cual venían. Pienso que la universidad venezolana, nacida como instrumento de socialización de las reglas del capitalismo en América Latina, cumplió su objetivo. Fue efectiva para enajenar a una significativa mayoría que ingenuamente entró en sus fauces. Les hizo creer que se “superaban” porque acumulaban información que ni siquiera era producida por ellos, sino importada de Europa o de EEUU. Les dio títulos y posibilidades de seguir en “ascenso”. Los hizo abandonar las escuelas porque “ya no se sentían cómodos entre tanta gente ignorante”. Los hizo mudarse de Caricuao al este de Caracas, en busca de ascenso social. En cambio, les negó la sensatez y la sabiduría, únicos aditivos con que el ser humano –pobre o rico- puede engrosar las filas del hombre nuevo, es decir, del hombre justo, honesto, creativo, soñador y emprendedor -inconforme eterno- y creyente por siempre en una sociedad cada vez más perfectible…

Camarada  Echeverría: la educación sigue siendo la reproducción de las estructuras injustas de estas sociedades desfalcadas por más de cinco centurias. Lejos de actuar como estrategia revolucionaria,  se constituye en la homogenización de una falsa perspectiva de la realidad. Más aún cuando los educadores no comprendemos que nos falta todo por aprender, y que poco tenemos que enseñar en realidad. Bastaría sólo con ayudar a los demás a reconocer la forma cómo cada quien aprende, y ser respetuoso de lo que cada quien quiere aprender en forma espontánea y armoniosa. Guiar a nuestros discípulos en la difícil tarea de reconocerse a sí mismos y respetar su esencial y sagrada naturaleza, ofreciéndole estrategias para expresar y argumentar sus propios y particulares puntos de vistas, proporcionándoles las herramientas y escenarios para acceder al conocimiento producido hasta ahora por los seres humanos.

Quizás algo de eso sostiene las tres décadas de luchas de los maestros de preescolar, primaria y secundaria de la Coordinadora (CNTE). Mi respeto por ellos. Yo podría decirles a esos camaradas entonces, parafraseando al Presidente Chávez, que allá lo están haciendo muy bien, pero que nosotros aquí no hemos alcanzado los objetivos “por ahora…”

martes, 26 de abril de 2011

El arte de “pecheriar” al Presidente Chávez

Hace escasas semanas el Presidente Chávez – en su real-maravilloso estado de ingenuidad- nos pidió que lo “pecheriáramos” (sujetáramos fuertemente por la pechera en señal de reclamo), y agradeció la oportunidad que habían generado las lluvias, con sus miles de damnificados, como una ocasión afortunada para la resolución de las urgencias del pueblo.

Bonito discurso el de nuestro principal líder político. Lo cierto es que la oportunidad que tenemos los ciudadanos promedio de “pecheriar” al Presidente, tal y como supuestamente lo hizo la encargada de la cocina en Miraflores, es prácticamente nula.

¿Cómo manifestarle al Presidente nuestra indignación y rechazo absoluto ante la súbita deportación del camarada Joaquín Pérez Becerra? ¿Cómo solicitarle una explicación ante una medida de tal naturaleza? ¿Cómo levantar nuestra voz de indignación ante el silencio que las instituciones del Estado han guardado por este hecho? ¿Cómo rechazar el trato irrespetuoso que el Presidente demuestra hacia el Partido Comunista de Venezuela y sus principales líderes, cuando no somete a consulta una acción de tanta envergadura y trascendencia? ¿De qué alianza patriótica estaríamos hablando? ¿De esa que se urde como maquinaria electorera, esa misma que se denuncia en las cinco Líneas Políticas que se nos dieron para la discusión?

Ciertamente que no es ese el giro que los militantes de izquierda escogimos seguir y respaldar. No son esos los mecanismos ni las estrategias de lucha revolucionaria y antimperialista. Y lo más grave es que este hecho no es aislado, este nuevo evento forma parte de un conjunto de acciones equivocadas que en esta materia viene realizando el Gobierno venezolano, las cuales se expresaron por ejemplo en la deportación de los camaradas vascos, la debilidad frente al secuestro en nuestro propio territorio de Granda, y hasta las falacias jurídicas urdidas contra nuestros propios líderes indígenas en lucha contra militares y ganaderos terrófagos.

Hasta ahora he tragado entero y digerido con paciencia estos sucesos pensando que la revolución reclama tiempo y madurez política. Asimismo he soportado personalmente el sostenido maltrato que los pseudo dirigentes regionales del PSUV y los funcionarios públicos supuestamente “chavistas” me han propinado en los distintos escenarios en donde he intentado impulsar acciones de lucha revolucionaria: en el plano laboral al frente de mi labor como educadora, en la organización comunitaria y en la militancia misma del PSUV.

La conclusión que tengo en torno a la participación, es que somos invisibles para el partido, y nos hacemos visibles sólo para engrosar una marcha o abarrotar los centros electorales. Y para los funcionarios públicos, somos poco menos que marionetas que ellos pretenden mover a su antojo, so pena de endilgarte el calificativo de “saltalanquera” o “contrarrevolucionario” si osas discutir la legalidad o sentido de justicia de sus procederes.

Mis derechos laborales en la Zona Educativa de Miranda, por ejemplo, han sido vulnerados por un Jefe de Personal sin formación política ni humana, que ha convertido la Torre Británica que le sirve de sede en Altamira a esta dependencia del Ministerio del Poder Popular para la Educación, en lo que la gran mayoría de los educadores nombramos como la Torre Satánica, en virtud de los abusos y humillaciones constantes a las que somos sometidos.

Pero frente a todo esto me consolaba diciendo que teníamos un gobierno digno en cuanto a postura internacional antiimperialista, un gobierno incapaz de establecer alianzas por encima de la dignidad de los seres humanos, y por encima del sentido revolucionario de cualquier ciudadano.

Alguien decía irónicamente -vía twitter- que si el Che viviera en estos tiempos, y se le ocurriera venir a Venezuela, el gobierno “bolivariano” de seguro lo entregaría al imperio por terrorista. Resulta doloroso oír eso, pero los hechos de hoy, no contradicen esa afirmación.

Sinceramente me avergüenzo de pertenecer a un partido que no levanta la voz para diferir del Presidente y exigirle una explicación clara y pública de estos hechos. Todavía espero escuchar un pronunciamiento. De lo contrario, solicitaré me informen el modo de salir de sus filas, como una manifestación de protesta ante su falta de autonomía y su falta de capacidad crítica. Tal y como dijo el mismo Presidente, lo parafraseo: “Con un partido así, yo no voy para ninguna parte”. Mucho menos Venezuela.

domingo, 27 de marzo de 2011

Ahman, la casa verdadera

A dos años de tu vuelo.

Otra vez aquí, mamá, contando los días exactos en que alejaste tu cuerpo de estos espacios terrenales en donde marzo ya no es sol ni araguaneyes, sino lluvia y unos cuantos bucares y acacias en flor.

Sin embargo, también este marzo singular -alimentado de fuertes vientos y lluvias- atiza la nostalgia y ese deseo de volver a verte aquí, junto a nosotros, presintiendo cosechas de mango entre las tupidas ramas de los árboles de tu casa.

Tu casa. Mi vieja… ¡cómo añoraste poder volver a tu casa! No a esa en donde nunca hallaste felicidad y que te envolvió en miles de compromisos enojosos, sino a la casa llena de armonía y encantos que tú soñaste para ti y para tus seres amados. La casa en donde acudirían tus hijos y los hijos de tus hijos, centro de amor y sabiduría materna. La casa llena de plantas de hojas y flores hermosas que tú exhibirías llena de orgullo. La casa.

De camino al cementerio, la voz de tu Ana, tu hermana queridísima, me devuelve tus sueños. Junto a ella viviste los momentos más hermosos de tu vida. Lo sé. Y sé además que me reclamas que la cuide y vea por ella por siempre. Y sabes bien – porque me conoces- que así será. Traigo a Ana junto a mí como tu mejor regalo, hoy a los dos años de tu partida.

Y allí, en aquella tierra feroz que te envuelve, en el seno de aquella geografía mirandina que amenaza calores, te digo: Descansa, madre, en paz. Descansa plácida en una casa infinita llena de todo cuanto reclamaba tu alma campesina. Habita todos los espacios amados, sin límite ni tiempo. Plenamente.

Yo te abro mi ser para que fundas toda tu fuerza en mí. Tu amor. Tus principios. Tu sabiduría ancestral que presentía escollos y abismos… Guía, viejita linda, mis pasos hasta el momento en que pueda llegar hasta ti, también a compartir ese descanso. Y encuentre también como tú, mi casa.

Mientras, el tránsito sigue, el trajín cotidiano dispersa a todos los que conociste en sus propios recorridos mundanos. Armónicos unos, borrascosos otros. En todo caso, necesarios. Tú lo sabes.

A todos sé que los observas. Sé lo que piensas de todos los que acompañamos tu existencia, porque para tus hijas nunca hubo secretos... Menos aún en los momentos finales, en donde los misterios de la muerte se hicieron claros para ti. Entonces ya no deseabas ni añorabas nada. Sólo observabas, cómo lo haces ahora, con infinita sabiduría. Y tus ojos, madre, en esos días previos a la muerte, se bañaban de ternura cuando te reafirmábamos nuestro amor.

Yo sonreía – feliz – cuando oía a Yely decirte: “Jose… ¿usted sabe que la quiero, verdad? Y a ella responderle: -Sí, hija, sí… Sonreía porque yo no me cansaba de decírtelo, no me cansaba de tocar tu piel y mirarla una y mil veces para no olvidarla jamás. Por allí, viejita, desfilamos todos los que no sólo te amábamos sinceramente, sino que fuimos fieles a ti en los momentos más difíciles de tu existencia.

Por eso cuando te sueño, te acercas a mí desde el contacto, desde la piel, desde el roce de las manos y el calor entrañable de tu cuerpo. Vienes envuelta en olores indescriptibles a talcos y perfumes que se aferraron a los tejidos de tu ropa. Vienes desde el silencio, rodeada de sensaciones táctiles y de perfumes.

Eso también vengo hoy a agradecerte: vengo a agradecerte, vieja que no te hayas ido de mi casa. Allí habitas aún, cada vez que quieres, y en mi casa – que tampoco es el pequeño espacio en donde vivo- me hablas desde el sueño para susurrarme mensajes que me devuelven la calma.

A tu casa, mamá, a ese lugar sagrado que no tiene lugar ni tiempo, llegan hoy astromelias, calas, rosas y claveles… Y seguirán llegando, mientras haya seres que te recordemos y una memoria genética que nombre eternamente el amor de madre y amiga que tú supiste prodigar a mares.

Hasta siempre, viejita linda… Hasta siempre.

Marzo, 2011

PD. Cesó la lluvia, vieja… Tiempo de siembra, de afanoso cultivo. Vendrán otros meses en presurosa carrera, y volverá a renacer otro mes de marzo. Y tú volverás a dibujar tu silueta en cualquier pocito de agua del camino. Siempre fuiste así: firme, constante… eterna.

sábado, 12 de marzo de 2011

La lucha de la diversidad sexual y el camino de la Revolución

Intitulo este escrito con una idea que arranqué de un escrito de Gervasio Artigas, y que por su enorme poder simbólico –también ha sido utilizado en los dogmas religiosos la imagen del camino hacia un ideal- ofrece una maravillosa ocasión para el debate de ideas, el cual sólo ha sido posible en estos actuales procesos de cambios, y bajo el liderazgo crítico – sin que por ello también se encuentre plagado de prejuicios, como el de la mayoría de los mortales- del Presidente Chávez.

Lo cierto es que la reciente cobertura mediática que se realizó a una lucha de vieja data de los grupos organizados en la RED LGBTI, ha venido a interrogarnos colectivamente en torno a nuestras prácticas socio-culturales, y a revisar el conjunto de creencias y representaciones sociales que nos fueron “inoculadas” por la familia y las instituciones al servicio de determinada ideología.

Necesario es decir que la cobertura realizada por el camarada Mario Silva fue – a todas luces- inadecuada. Y tendríamos que dedicar un tiempo y un espacio para discutir también la pertinencia de este programa, que si bien significó un poderoso alfil en el tablero histórico de la Venezuela de la primera década del siglo XXI, ahora pareciera haber caído en un desgaste francamente insoportable, en la medida en que funciona -en no pocas oportunidades- como un mecanismo para crear discordia innecesaria y contraproducente entre nosotros. De ello fue fiel ejemplo la compañera Lina Ron, a quien la gran mayoría de los medios afectos al proceso, y sus otrora “camaradas” (muchos tuvieron el “descaro” de escribir en Aporrea cómo fue que Lina trató de contactarlos en estos últimos meses, y ellos le escurrieron el bulto), la “invisibilizaron” por una absurda polémica a la que el camarada Silva dedicó un significativo espacio de sus programas.

En forma inmediata al “comentario” formulado por Silva en su programa del 09/03/2011, leí en Aporrea - ¡Gracias a Dios existe Aporrea!- un escrito de la compañera María Gabriela Blanco, quien no sólo demostró (prueba en mano) a través de unos videos, que este camarada Mario Silva mentía descaradamente mostrando de manera tergiversada unos sucesos, sino además que la sola inclusión de estas referencias en su programa, constituía el ventajismo típico de los medios de comunicación en manos ahora de “nuevos grupos de poder”.

Indudablemente, camarada Gervasio, ese sí que no es el camino de la Revolución. No podemos sofocar una polémica esgrimiendo nuestros miedos ancestrales. No podemos actuar arteramente ante grupos organizados, aunque tengamos diferencias con sus puntos de vista. Eso no es ningún camino, camarada, esa es la típica celada del pensamiento “cuartorrepublicano”, y contra él debemos reaccionar desde lo más profundo de nuestro ser socialista.

Quizás sea difícil hoy conceptualizar eso de “ser socialista”, en la medida en que forma parte de un proceso inédito que intentamos o soñamos construir, pero lo que sí queda absolutamente claro es lo que no es “ser socialista”. Y manipular arteramente una información para sacar ventajas en quien creemos nuestro oponente, definitivamente no lo es.

Particularmente me declaro en las mismas condiciones del camarada Héctor Colina: Reconozco en mí una formación machista, pero estoy dispuesta a aprender. Más aún cuando pude advertir –contrariamente a los esquemas que nos hacemos sobre estos grupos- la organización seria y responsable de un significativo número de ciudadanos, quienes por el solo hecho de luchar contra una injusticia, merecen todo mi respeto. Así que allí estaré en La Estancia, el día 14 de marzo a las cinco post meridiem, siendo partícipe del logro de dos principales objetivos: el reconocimiento del otro, el reconocimiento de la diferencia y la exigencia de los colectivos de discutir “normas” diseñadas por élites institucionalizadas.

Elogio además la acertada inclusión que el compañero Colina hace de las recientes declaraciones de Fidel Castro en torno al tema de la discriminación, y suscribo sus respetuosas y sugerentes preguntas: “…será que tenemos suficiente cultura para entender este tema?¿Será que existe discriminación? ¿Será que asumiremos nuestras responsabilidades históricas en la materia?”

El camino es largo y necesitamos –como dice, y no se cansa de decir, el Maestro Luis Eduardo Leal- paciencia, constancia y permanente reflexión de nuestras prácticas. Sobre todo de aquellas que hemos creído “normales”, “cotidianas”… y que la fuerza de la realidad nos hace ver que no nos han servido para vivir en armonía.

Vamos pues a escucharnos y a aprender los unos de los otros. Siempre saldrá ganando ese ideal de bienestar colectivo que llamamos socialismo, y esa sed de justicia que llamamos revolución.