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sábado, 18 de agosto de 2012

Humillar al maestro



Ninguna excusa puede esgrimir el actual gobierno para seguir manteniendo al gremio de los educadores venezolanos en condiciones humillantes: una retribución económica precaria, un ambiente laboral depauperado en el plano material y ético, una formación universitaria descontextualizada y sin fundamentos científico-pedagógicos, una actividad administrativa inoperante y torpe que violenta el marco jurídico vigente, una ausencia casi total de asistencia médico-hospitalaria, y por si fuese poco, un permanente incumplimiento de los pírricos convenios contractuales alcanzados por sindicatos patronales.

Lastima leer la angustia y desesperación con las que nuestros colegas manifiestan en las páginas digitales, su molestia por la tardanza en la cancelación del bono vacacional, al tiempo que claman por el regreso de Aristóbulo Istúriz a la cartera ministerial de educación como posible salida exitosa al maltrato con que posteriores funcionarios públicos han atribulado al gremio docente.

¿Es posible que una persona pueda coadyuvar en la formación de un pensamiento integral, si ella misma carece de procesos cognitivos que identifiquen cabalmente el origen de los diversos factores que promueven la ocurrencia de un fenómeno?

Es indudable que esto no es posible. Nadie puede mediar la formación de esquemas eficientes y efectivos de pensamiento, si ella misma se encuentra desprovista de ellos. Creer, por ejemplo, que un individuo al frente de un cargo público puede garantizarnos el respeto que merecemos como trabajadores al servicio de la formación humana e intelectual del pueblo venezolano, no es más que sostener peligrosamente un pensamiento anecdótico que evade la racionalización objetiva del conflicto e ignora la existencia y manifestaciones de un sistema económico al servicio de la producción de mano de obra barata para el mercado.

Nada es casual dentro del sistema capitalista en el cual vivimos. Nada es casual ni inocente. Y pareciera que no sólo a los gobiernos cuartorrepublicanos les interesa poseer un gremio docente acrítico, sino que también la llamada quinta república apuesta por la permanencia de este tipo de males dentro de las personas destinadas a impulsar la producción de conocimientos dentro de los colectivos sociales.

Mientras declarativamente se anuncia una educación “emancipadora” y con “autonomía cognitiva”, el Estado sigue permitiendo que las instituciones formadoras de maestros -incluyendo las que abanderan las misiones educativas bolivarianas- egresen docentes con graves deficiencias cognitivas y con elevados niveles de enajenación socio-cultural. Pregúntele usted a un maestro recién egresado de la UPEL o del Programa Nacional de Formación de Educadores de la Misión Sucre - por nombrar dos tendencias de formación emblemáticas- por la naturaleza de su praxis educativa y su fundamentación pedagógica en el actual escenario histórico venezolano, y comprenderá perfectamente a qué me refiero.

Mientras declarativamente se celebra el advenimiento de una educación bolivariana, en la práctica se siguen consolidando hábitos administrativos y actividades educativas castradoras y enajenantes, las cuales hacen posible la existencia de funcionarios de dudosa calidad profesional en todos los niveles del subsistema educativo, violentando no sólo el marco jurídico que aún rige en el sector, sino también los principios más elementales de justicia y equidad que todo ser humano debe asumir en la toma de decisiones.
Mientras declarativamente el gobierno anuncia la firma de contratos colectivos justos para los maestros, los gremios patronales que aún nos “representan”, entregan sin el más mínimo rubor las pocas reivindicaciones que hasta ahora se habían alcanzado. El ingreso a un cargo se encuentra actualmente supeditado al antojo de los funcionarios de turno, mientras que el cumplimiento de convenios de larga data, en los actuales momentos se encuentran a merced de las “supuestas posibilidades presupuestarias del ministerio”.

¿Qué ciudadanos pueden surgir de un sistema educativo plagado de males?

La respuesta, al parecer la tiene inequívocamente el Estado, necesitado siempre de rebaños que garanticen la permanencia de reproductores del mismo sistema y de una u otra tendencia partidista, clientelista y/o nepotista dentro de los distintos organismos gubernamentales. Por eso disfrutan viendo de rodillas al maestro clamando por el pago del salario, amordazado por el logro de una supuesta estabilidad laboral o atado de manos por el  agobiante ejercicio educativo que le impide organizarse y asumir dignamente la resistencia ante los atropellos que recibe.

No le queda a uno más que desear que llegue al fin la insurrección, que el maestro descubra su rostro indio, campesino y obrero, que el maestro se sienta pueblo y se una abiertamente a sus causas por una sociedad sin jerarquías ni trampas mentales, una sociedad que definitivamente renuncie a explotar al hombre y los recursos naturales de la tierra para dejar de ser cada día menos abyecta y miserable.

viernes, 18 de mayo de 2012

Sabino Romero y la lucha por la tierra

Da vergüenza escuchar que en pleno siglo XXI y a más de doce años de un gobierno pretendidamente socialista, todavía nuestros pueblos originarios sigan siendo víctimas de un pensamiento colonizador que no se nos asfixió en los genes durante los procesos independentistas, ni mucho menos en los procesos de mestizaje ocurridos en las sucesivas repúblicas.

Y la vergüenza se apareja con la rabia. Una rabia contra uno mismo por permitir que aún ocurra esto. Por guardar ese silencio estúpido que siempre se nos pide con cada evento electoral y con cada coyuntura política.

Desde hace algunos días, Caracas, territorio ancestral de muchos guerreros muertos, recibió nuevamente la visita de Sabino Romero y de su familia. Vienen desde Machiques a encontrarse con nosotros y a mirarnos directo a la conciencia. “Si vamos a ser revolucionarios, clama el cacique Romero, vamos a serlo desde el corazón. Yo estoy luchando por la demarcación del territorio de la Sierra de Perijá y por eso me llaman malandro, matón, ladrón de ganado… ¡Tirofijo!”.

Y es que Sabino heredó las luchas de sus padres, de sus abuelos y de todos sus ancestros por el territorio que les pertenece por razones históricas, pero el cual aún se constituye en blanco de la codicia occidental del mestizo, voracidad insaciable que lo lleva siempre a hurgar en el vientre mismo de la tierra para arrebatarle, sin miramientos de ningún tipo, sus minerales…

En una tarde extrañamente serena en Caracas se alzan las voces dolidas de los yukpas nombrando a sus muertos, a todos los caídos por manos de terrófagos, ganaderos y militares… Y duele hondo percibir cómo el pecho de Guillermina Romero se agita cuando su padre nombra a su esposo y relata la forma en que recientemente fue asesinado. Guillermina está embarazada y tiene tres hijos más que han quedado sin padre. “Yo digo al Presidente Chávez que nos apoye. Yo digo a Caracas que nos apoye. En Caracas estamos diciendo la verdad. No estamos echando mentiras”.

No existen hasta la fecha pesquisas policiales que den con los responsables de la muerte del esposo de Guillermina y la del otro compañero yukpa. Pero las armas con las que los masacraron sólo pueden encontrarse en manos de ganaderos y militares. Y aparejada a la ausencia de investigaciones, los funcionarios del Estado venezolano criminalizan y asedian a Sabino Romero y a quienes lo apoyan.

Pero Caracas no se ha quedado sorda. No puede hacerlo. También por razones históricas Caracas nació rebelde, y muchos de sus hijos mestizos y urbanos han ido a la Sierra de Perijá para ver de cerca la verdad de Sabino. Uno a uno toma la palabra para reencontrar en el relato de Sabino y de sus hijas, su propia tragedia cotidiana. Unos compañeros milicianos que vienen también del Zulia a buscar apoyo para sus luchas reivindicativas, escuchan al hermano y renuncian a hablar de sí mismos para solidarizarse con su lucha. Una mujer de voz suave pero de temple de acero nos habla de los males que minan los ministerios y su funcionariado. Otra nos advierte sobre los desatinos de la llamada Ley de Desarme o Antiterrorista, de acuerdo con la línea internacionalista pro capitalista. Leonardo, el catire, con verbo sencillo pero auténtico, nos da fe del debate sostenido por un colectivo de hombres y mujeres caraqueños en torno a la farsa auspiciada a través del documento de demarcación en el cual se le conceden derechos a “terceros” dentro del territorio yukpa. Un luchador humilde del Frente de Inquilinos de Caracas se levanta solo para extender su mano a Sabino…

Así es Caracas. Un territorio en esencia solidario y amigo.

Pero… ¿Qué pasa en el seno de la institucionalidad de nuestro gobierno? ¿Por qué algunos funcionarios de Agrovenezuela atacan a Sabino y a su familia? ¿Cuáles son las razones para que se les ofrezcan prebendas a algunos indígenas para que actúen bajo instrucciones de funcionarios públicos? ¿Quién es realmente Nicia Maldonado y en función de qué intereses se mueve esta compañera indígena?

Uno presiente las respuestas. Y quisiera mirar a Sabino Romero y a su familia sin sentir vergüenza por todo lo que le quitamos y que aún no hemos sabido retribuirle… Porque ciertamente algo nos dice que para que exista una verdadera revolución, para que no se nos vaya de nuevo de las manos una posibilidad de salvación humana, es necesario poder mirar a los ojos de nuestros indígenas sin sentir esta vergüenza.

¡No! ¡Que no se nos vaya la revolución!

Y ella sólo se irá si nos acostumbramos a guardar silencio y a ignorar la verdad que viven nuestros hermanos. Entonces sí, más temprano que tarde, por nuestras omisiones también nos haremos cómplices de otro proceso traicionado, de otra derrota histórica en contra de las luchas populares.

¡Qué viva Sabino Romero! ¡Que no logren jamás acabar con la dignidad del pueblo indígena yukpa que él encarna! ¡Que en el vientre de todas las mujeres de todos los pueblos indígenas y en el nuestro propio, haya germinado la voz de rebeldía ancestral de aquellos primeros hombres que poblaron este inmenso y vasto territorio hecho sólo para la libertad.

No conocemos otro camino. ¡Siempre libres!