viernes, 9 de noviembre de 2007

"Tus manos en mis manos" y el hallazgo de nuestra propia geografía

Volver a la poesía de Armando Hernández después de deambular por los anchos espacios de la prosa y columpiarse por las intrincadas redes de la academia, resulta, a fin de cuentas, un ejercicio de regreso. La poesía siempre es retorno, siempre origen.

"Tus manos en mis manos" es el más reciente ejercicio poético de Armando, y en él, el poeta comparte con nosotros las sensaciones de un viaje por una geografía humana y natural que lo sacude desde sus más íntimos cimientos: la nostalgia del padre y de la tierra, y la contundencia de una realidad social sórdida y avasalladora.

Es así como el libro nos entrega inicialmente tres versiones de un poema que da el título a la obra, y nos introduce en el afanoso trabajo del poeta: podar la sintaxis, suprimir la idea, sugerir sensaciones, habitar los espacios del encuentro entre el lector y el poeta...

Las dos primeras versiones se pueblan de detalles, revelaciones íntimas de una identificación mítica con la figura paterna, pedestal de una sensibilidad que arropa al hijo "con su manta de algodón". Pero de improviso, el poeta nos muestra el hallazgo: el poema decantado, destilando vida, palpitante...

"Epifanio se fue
Ni las cabras, ni las viñas, ni yo
hemos tenido noticias de su
paradero

La manta de algodón
con la que nos abrigaba
llora por falta de lluvia
colgada del perchero

Sus ojos
Sus bellos ojos
verdes como las hayas
también marcharon

Y ahora
sus hermosas manos, grandes y
callosas,
no acarician mi cara envejecida"

Igual ejercicio nos lo proporciona el poeta en su segunda entrega literaria cuando nos ofrece -cruel y crudamente- un recorrido dramático por los espacios sórdidos de nuestra realidad social, para luego reconciliarse y reconciliarnos en una concreción breve cargada de sugerencias intimistas.

"El mundo virtual es la amapola
que nos seduce y tranquiliza
que nos permite huir hacia delante
mientras pedimos protección
a unos dioses que no nos reconocen
en este desierto
de agua, árboles, pájaros
de finitos cantos y colores"

Sólo una corta pausa poética lo acerca a América y se cristaliza en una semblanza a la memoria de Atilano Pacheco, una mirada al mar chileno, una visita feliz a un lugar pleno de naturaleza...

"En los Nísperos, el oro puntea
de soles las verdes laderas.
Los niños lo recogen, llenan sus puños
y lo disfrutan
Hay tanto que se lo regalan
a los visitantes"

La metáfora se erige desafiando la referencia gramatical y devolviéndonos la esencia primigenia del verso: la fruta, como referente tácito en el poema.

Y en este mismo recorrido se pasea por los signos ancestrales "que hermanan a los hombres / en un tiempo / en que la sangre se borra desmemoriada" para planear luego, con exactitud geográfica, hacia el alma citadina de Buenos Aires.

A partir del cuarto diálogo poético, Armando Hernández irrumpe con un lenguaje invadido de naturaleza y de nostalgia. Es el Armando Hernández que conocimos en Cantos Alisios y que derrama su corazón aún herido por la añoranza de una parte de sí mismo que todavía habita Las Islas Canarias.

"Los árboles de mi pueblo son extraños
desprenden aromas capaces de vencer las aguas.
En la mañana frente al vaso de leche
percibo el olor áspero y amargo de las higueras"

Hundido en la introspección, el poeta construye espacios que lo definen y lo nombran para finalmente hundirse en las "etéreas alas del amor", en donde como él mismo afirma, siempre triunfa lo cotidiano.

En "Tus manos en mis manos" persiste el alma fragmentada de un poeta trashumante, un observador sensible de seres y de objetos que cobran vida a través de su evocación y que le permiten reconstruirse en la placidez del ejercicio poético. Trozos de su interioridad corresponden a los universales humanos impregnados de la experiencia del emigrante, preso perpetuo de múltiples geografías que concurren en sus recuerdos, pero dueño feliz de un verbo que lo restituye y sitúa al lado de la bondad estética de la palabra.

"El agua cae, cae
y se la lleva por barrancos

El mar la lame, la bate, la muerde
y la achica

Pero en mi corazón
La isla se agranda cada día"

No hay comentarios:

Publicar un comentario